Frédéric Masquelier
Un alcalde francés rinde homenaje por primera vez a las víctimas del comunismo con un monumento
«La memoria no debe ser selectiva y todas las víctimas del totalitarismo merecen nuestro homenaje», proclama el francés Frédéric Masquelier
Los monumentos, memoriales y homenajes a las víctimas de los crímenes del nazismo se repiten por toda Europa. Pero ¿qué ocurre con las del comunismo? ¿También son recordadas y homenajeadas? Las muestras son inexistentes o raras de ver.
Frédéric Masquelier, alcalde del pueblo francés Saint-Raphaël, ha decidido poner fin a esta desigualdad y este sábado inauguró el primer monumento nacional en homenaje a las más de 100 millones de víctimas del comunismo. «La memoria no debe ser selectiva y todas las víctimas del totalitarismo merecen nuestro homenaje. Saint-Raphaël inscribirá su nombre en la historia conmemorativa francesa al inaugurar la primera estela del país en su homenaje», señaló.
Una iniciativa, casi sin precedentes en Europa Occidental, concebida como un homenaje a los millones de víctimas de purgas, deportaciones, hambrunas y represión política ocurridos bajo diversos regímenes comunistas, desde Europa del Este hasta Asia y que el francés ha querido enmarcar en el Día Europeo en Recuerdo de las Víctimas de los Regímenes Totalitarios que se celebra cada 23 de agosto
El monumento, una escultura hecha en metal de una persona, pretende mostrar la frialdad y el horror de los gulags descritos por el escritor Alexander Solzhenitsyn.
«Les guste o no, este memorial es un espejo. Un espejo que refleja los crímenes del comunismo y que les conmueve porque rompe la comodidad de la negación», resaltó Masquelier en su discurso de inauguración. El alcalde opina que a los crímenes del comunismo no se les ha valorado de la misma manera a lo largo de la historia que a los de otros totalitarismos porque «no fueron juzgados, condenados y desacreditados como los de los nazis». Asegura que los comunistas fueron «minimizados», e incluso a veces hasta «excusados».
Por eso, considera que ha llegado el momento de poner las cartas sobre la mesa y equilibrar la balanza. «El comunismo no es una utopía abortada: es, en sí mismo, un presagio del totalitarismo. Por eso es necesario reequilibrar nuestra memoria», ha explicado en una entrevista.