Álvaro Gil-Robles
Álvaro Gil-Robles: «Probablemente Putin sea un criminal de guerra, pero lo tendrá que determinar un tribunal»
Quien tratara al líder ruso como comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa narra aquellos años en El Debate y avisa sobre la deriva de Moscú
Álvaro Gil-Robles, Defensor del Pueblo en España entre 1988 y 1993 fue también el primer español que ocupó el cargo de Comisario Europeo de Derechos Humanos del Consejo de Europa entre 1999 y 2006, años en los que empezaba a despuntar Vladimir Putin en plenas guerras de Chechenia. Plasma sus recuerdos de esa época en «Un comisario en el Consejo».
Conoció, pues, al que algunos llaman el «Putin bueno», es decir, el anterior a la anexión de Crimea y la Guerra se Ucrania. «Bueno», matiza, «conocí al presidente Putin, que llegó al poder el año 1999 justo cuando yo asumí mis funciones como comisario y tuve que afrontar el primer gran conflicto, que fue la guerra que se declaró en Chechenia. Entonces, Putin no era todavía presidente, era primer ministro. Después de las elecciones [de 2000] sería presidente Y efectivamente, el Putin que yo he conocido y con el que he tratado cuestiones alguna vez delicadas en torno a la guerra y la defensa de los derechos humanos en Chechenia era un personaje».
–¿Qué tipo de personaje?
–Yo lo digo muchas veces: por ejemplo, escuchaba muy atentamente. Que efectivamente estaba abierto a negociar determinadas cuestiones siempre que él que eran aceptables para su posición y, que cuando daba su palabra de que algo se iba a hacer, lo hacía. Y cuando tenía que decirte algo, lo decía desde el primer momento.
–En febrero del 2000, por ejemplo, sin conocerle aún. Acababa de tomar posesión como presidente de Rusia. Usted dice que le puso facilidades para la primera visita a Chechenia, entonces en plena guerra.
–Sorprendentemente, él fue el quién decidió abrir la puerta al Comisario del Consejo de Europa a que fuese sobre el terreno. Es decir, mientras estaba desarrollándose la guerra en Chechenia, los bombardeos, los combates, al mismo tiempo que los negaba a otras organizaciones: la Osce, Naciones Unidas, Unión Europea, Cruz Roja. A todos éstos les dijo que no todo y abrió la puerta al Comisario del Consejo de Europa. Creo que en gran parte porque Rusia era miembro del Consejo de Europa. Además, el ministro de Asuntos Exteriores, que entonces era Igor Ivanov, conocía muy bien el Consejo de Europa y yo lo conocía a él también personalmente.
–Había sido embajador en España.
–Claro. Es un hispanófilo conocido, además habla muy bien castellano. Entre él y el presidente decidieron abrir la puerta al comisario. Lo cual era una responsabilidad grande porque era la primera institución internacional que, como tal, en territorio en guerra en la Federación de Rusia.
–En un momento del libro se muestra algo comprensivo para con la posición rusa en Chechenia. Escribe «sobre la falta de inteligencia de Occidente al enfocar esta guerra, no tanto desde la falta de respeto a los derechos humanos como en la carencia de cultura histórica».
–Fue criticable la forma de llevar la guerra por parte del Ejército ruso, que, evidentemente cometió todo tipo de excesos y todo tipo de violaciones de derechos humanos, porque fue una represión muy dura, al margen de toda la garantía del Estado de Derecho. Eso es cierto. Pero lo que yo intento recordar a Occidente, es que el origen de la guerra de Chechenia no está en Rusia, no está en la voluntad del presidente Putin. Fueron los chechenos, llevados por el grupo más radical de Jatab, y los yihadistas que venían de Afganistán, entonces en torno a Bin Laden, los que iniciaron el ataque a la República vecina de Daguestán, cercana a China y a Chechenia, al grito de «vamos a hacer el gran Califato del Cáucaso», entre Daguestán, Chechenia, Ingusetia del Norte y del Sur e incluso Georgia. Es decir, constituir, si ganaban, un gran Estado Islámico. Y eso, sin duda ninguna, hubiese sido una enorme catástrofe.
–¿Una amenaza directa a Rusia?
–Una amenaza directa a todo Occidente. Entonces, lo que Occidente no comprendió es lo que estaba en juego ahí si ganaban los que habían iniciado la guerra, Rusia quedaría desestabilizada porque pierde la segunda guerra, hipotéticamente. Sin olvidar los efectos interiores que hubiera tenido, con el propio ejército que estaba entonces ya había perdido varias guerras y encima con el nuevo presidente que acababa de llegar. Hubiese sido una desesperación interna enorme de Rusia, con lo que eso supone de peligro para Occidente, siendo como era una potencia atómica. Y, al mismo tiempo, establecer el germen de algo que no sabíamos lo que podía haber sido después como peligro total para Occidente. De hecho, muy poco tiempo después hubo el terrible atentado de las Torres Gemelas.
–En todo caso, a raíz de su primer encuentro con el presidente Putin, en mayo de 2004, su misión recibe apoyo por parte del Gobierno ruso.
–Estábamos ya en la fase prácticamente de reconstrucción de Chechenia y de búsqueda de creación, junto con todo el Consejo de Europa de una estructura jurídica. Reconstitución del poder Judicial, de una constitución de reconocimiento de los derechos fundamentales. Se creó incluso una especie de defensor del Pueblo regional allí atípico de guerra, pero que funcionó durante un tiempo para limitar y para aceptar todas las denuncias de violación de derechos humanos.
El presidente ruso Vladimir Putin y el jefe de la administración chechena Akhmad Kadyrov discutiendo un plan de acción para reconstruir Chechenia
–Ve por última vez a Putin en mayo de 2005, y le da cuenta de graves violaciones de derechos humanos que ha visto por parte de tropas rusas en Chechenia. Le contesta «Por desgracia, sólo tengo ese ejército». Cínico.
–Totalmente. Es una persona enormemente fría, enormemente clara en las cosas. Eso lo dijo al margen de los de los micrófonos oficiales. Esa entrevista era para darle cuenta de la visita general a Rusia y presentar el Informe General de Derechos Humanos en Rusia. Él le quiso dar mucha pompa. Y en un momento determinado yo le dije «mire usted, es que lo que está pasando allí es que el Ejército está cometiendo atrocidades y barbaridades, porque cada vez que matan a un soldadito, la reacción de estos señores es bombardear el pueblo de donde dicen que venían los autores materiales del crimen. No, y eso no puede ser, porque eso es una barbaridad». Fue cuando me dijo esa frase.
–Pero acto seguido…
–Me dijo “si usted está de acuerdo y guardamos un gentlemen agreement, yo en un mes retiro al Ejército de la primera línea y a los que están cometiendo esto y pongo una policía civil, con lo cual quito ese factor de brutalidad hacia el resto de la población.
–¿Sirvió de algo?
–No todo lo que hubiésemos deseado, pero sí terminó con esos bombardeos masivos de los pueblos.
–Chechenia pudo ser un preludio de lo que Putin era capaz de hacer e hizo en Ucrania 15 años más tarde.
–No sabría contestarle. Yo, cuando terminé mi mandato, ya empezaba la deriva autoritaria de Putin. En aquella época, cada vez, por ejemplo, que yo volvía de Chechenia, hablaba en la televisión, en los medios, en Radio Moscú. Me reunía con todas las Ong y las Ong hablaban públicamente. Es decir, había un estado de libertad de opinión que hoy ha desaparecido absolutamente por completo. Esa era la época que yo conocí y donde había una tolerancia de libertad de expresión y de manifestación grande en ese momento. De hecho, había partidos de oposición. Pero a partir de ahí empezó ya una obsesión a reaccionar frente a lo que él consideraba un acoso de Occidente a Rusia, porque querían debilitar a Rusia y querían hacer de Rusia que no volviese a una época de ser una potencia que contase en el mundo.
–Esa doctrina sigue imperando.
–Yo creo que sí. A partir de ahí, lo que él ha hecho es dar una deriva, camino ya de una dictadura, que es lo que hay hoy: una dictadura.
–Ya no reconoce a Putin, escribe.
–No. Es otro personaje completamente distinto. Ha vuelto a ser, digamos, un abanderado del imperialismo tradicional ruso desde la época de los zares: el intentar ser el dueño de una influencia muy grande en una zona o región. El volver a mantener la tesis de que Rusia no la va a hundir nadie. Porque una tentación de Occidente cuando cayó el imperio soviético fue «bueno, vamos a hacer que Rusia no vuelva a levantar la cabeza nunca. Grave error de Occidente.
–¿Es un criminal de guerra?
–Pues probablemente en algunos casos lo haya sido por las barbaridades que se han cometido. Pero eso tendría que decirlo un tribunal. Yo lo que sí sé es que es responsable de haber permitido excesos muy graves del Ejército y de su policía. Hay desapariciones que no se explican. Hay detenciones que son absolutamente arbitrarias. No hay un Estado de derecho en Rusia.