La familia de Mehdi Kessaci durante la manifestación del sábado en Marsella
El narcotráfico ya afecta a la paz civil en la convivencia en Francia
Más de 6.000 personas y cargos electos de todo el espectro político se congregaron el sábado en Marsella en el lugar del asesinato del joven Mehdi Kassaci acaecido el pasado 13 de noviembre en las temibles barriadas del norte, los quartiers nord. Aquel día, Mehdi fue abatido por ser el hermano menor de Amine Kassaci, activista muy comprometido en la lucha contra el narcotráfico en la principal urbe del sur de Francia. Precisamente, Amine se comprometió antes a no permanecer en silencio ante el narcotráfico.
El asesinato ha conmocionado a la opinión pública francesa hasta el punto de que el presidente de la República, Emmanuel Macron, convocó una reunión de urgencia a última hora de la tarde del 13 de noviembre, a la que asistieron los titulares de las carteras de Interior, Laurent Núñez, y de la de Justicia, Gérald Darmanin. Una necesaria operación de comunicación gubernamental ampliada por la visita de Núñez y Darmanin a Marsella el jueves pasado. En cuanto a la presencia de Macron, está anunciada para mediados de diciembre.
De aquí a entonces es posible que se haya producido una primera tanda de anuncios por parte del Gobierno: resulta difícil contemplar un viaje del jefe del Estado a Marsella sin un mensaje contundente. Lo único seguro hasta el momento es el inicio, en enero, de la actividad de la fiscalía nacional contra la Criminalidad Organizada, cuya creación fue aprobada por ley el 14 de junio.
La opinión pública está cada vez más ansiosa por el asunto: según una reciente encuesta publicada por Le Journal du Dimanche, el 72 % de los franceses cree que su país está en vía de «mexicanización» en lo tocante al narcotráfico. El arsenal legislativo ha sido completado por una ley antinarcóticos promulgada el verano pasado, impulsada por el exministro del Interior Bruno Retailleau. El nuevo texto refuerza las técnicas de investigación y ampliado el programa de «arrepentidos» para quienes participan en delitos violentos. Ahora pueden beneficiarse de penas reducidas a cambio de su cooperación. El sistema italiano, que ha inspirado a Retailleau, va mucho más allá. Incluso contempla la exfiltración al extranjero de testigos cooperantes y sus familias para su protección, a cambio de su testimonio y de la información valiosa que aporten.
Es urgente que tanto la nueva fiscalía como la ley antinarcóticos surtan efecto lo antes posible, pues Francia se enfrenta a unas estadísticas escalofriantes en la materia. Por ejemplo, en el primer semestre de 2025, las incautaciones de cocaína alcanzaron un récord , con 37,5 toneladas incautadas, en comparación con las 25,8 toneladas del primer semestre de 2024, lo que representa un aumento del 45 %. En su reciente informe, la Oficina Antinarcóticos francesa alerta y describe un panorama preocupante del narcotráfico y sus consecuencias. Una frase resume la amenaza: la de la violencia elevada a «contracultura», según policías especializados, que «margina» a los ciudadanos atrapados en territorios controlados por los traficantes.
Vigilancia antiterrorista en las calles de París
Siempre en 2024, se registraron en Francia 367 asesinatos o intentos de asesinato, principalmente relacionados con el narcotráfico, y estos delitos afectaron a 173 localidades, incluyendo pequeñas ciudades como Florange, municipio de la zona lorena del Mosela. «La apropiación de territorios incrementa la criminalización de la vida cotidiana, eleva la violencia y los beneficios del delito a una contracultura, socavando gravemente las políticas urbanas y la integración social», según se desprende del informe.
Una situación que se agrava con los métodos de los narcotraficantes. El uso de sicarios es cada vez más común, señala la Oficina Francesa Antinarcóticos (OFAST), que describe a los traficantes que «se apoderan de los espacios públicos» y, en algunos casos, «ejercen un verdadero poder social». El OFAST cita el increíble ejemplo de un barrio de Bagnols-sur-Cèze, en la provincia de Gard –capital: Nîmes–, donde los residentes se sorprendieron al encontrar cartas en sus buzones ofreciendo diversas formas de ayuda (compras, trabajos esporádicos), a cambio de las molestias causadas por el tráfico de drogas en la zona.
Los autores del informe dicen claramennte que los narcotraficantes «amenazan el orden republicano», con el deseo de «desestabilizar las instituciones», como lo ilustra la reciente ola de ataques de esta primavera contra prisiones francesas y domicilios de funcionarios de prisiones. O los métodos del clan marsellés de la Mafia DZ, que el año pasado publicó un video en redes sociales (pasamontañas, sábanas blancas, armas apuntando al cielo) que recuerda los mejores momentos de los movimientos nacionalistas corsos.