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El presidente de Chipre, Nikos Christodoulides, durante la presentación de la presidencia de su país de la Unión Europea

El presidente de Chipre, Nikos Christodoulides, durante la presentación de la presidencia de su país de la Unión EuropeaEFE

Chipre asume la presidencia de la UE con la construcción de una Defensa europea contra Rusia como principal reto

Este 1 de enero, la pequeña isla de Chipre ocupará la presidencia rotatoria de la Unión Europea. De hecho, ni tan siquiera llega a ser una isla puesto que este territorio está dividido en dos países. Aunque geográficamente pertenece al continente asiático, el único país asiático de la Unión Europea, la parte norte de Chipre es la que va a presidir una de las organizaciones políticas más importantes del planeta.

Con una extensión incluso más pequeña que la Comunidad Foral de Navarra, Chipre será la encargada de dirigir la Unión Europea en un momento trascendental para la historia de esta comunidad política y económica ya que tendrá que afrontar la construcción de una Defensa europea que haga frente a la sempiterna amenaza de Rusia, afianzada después de su intento de invasión de Ucrania.

El propio presidente de Chipre, de la parte grecochipriota de esta isla, Nikos Christodoulides, confirmó la construcción de esta defensa el pasado día 21 de diciembre en la presentación de los objetivos de su presidencia europea que tendrá el significativo lema de 'una Unión autónoma, abierta al mundo'.

Tras la llegada del presidente Trump a la Casa Blanca, los norteamericanos han reforzado, si algún vez no la dominaban, el control de la OTAN, ninguneando a los países europeos, que conforman la mayoría de los Estados integrados en esta organización de Defensa.

No hay más que ver el escaso papel que Europa está asumiendo en las negociaciones sobre el plan de paz para Ucrania. Así pues, especialmente en los últimos meses, la Unión Europea trata de adquirir un papel más relevante en la resolución de este conflicto. Y será Chipre quien deba afrontar este reforzamiento del papel, tanto defensivo con la creación de una fuerza internacional para Ucrania, como político que ha comenzado Dinamarca, si antecesora al frente de la UE. Un papel, por cierto, donde ni está ni se le espera al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, más ninguneado que nunca tras ser el único país que de comienzos se ha negado a elevar la inversión en Defensa hasta el 5 % del PIB.

«El apoyo a Ucrania seguirá siendo una prioridad absoluta», señaló el presidente chipriota, recordando que Chipre «conoce de primera mano lo que significan la invasión y la ocupación», a raíz de la invasión de Turquía en 1974 de la parte de la isla que se ha quedado fuera de la UE.

La presidencia impulsará la aplicación del Libro Blanco sobre el futuro de la defensa europea y el fortalecimiento de la cooperación con socios como la OTAN, sin que ello contradiga la autonomía del bloque.

Pero Chipre también deberá afrontar otros retos más allá de los militares. El propio lema de su presidencia lo dice, «abierta al mundo». Más allá de ese papel defensivo por su proximidad a Rusia, la Unión Europea deberá reforzar su presencia política y diplomática en un mundo, igual que España, cada vez más polarizado y donde Estados Unidos también está asumiendo un papel protagonista.

Además, en este aspecto, la Unión Europea deberá superar el desprestigio que le ha generado el último caso de corrupción conocido en su seno, el de la ex Alta Representante de la Política Exterior de la Unión Europea, Federica Mogherini, que fue detenida por un presunto delito de fraude en la concesión de fondos europeos de la secretaría de Acción Exterior de la Unión Europea.

Pero Chipre también deberá encauzar el proceso de integración de otros países o, al menos, analizar la continuación de los procesos de integración con Ucrania y Moldavia que pretenden entrar para defenderse precisamente de Rusia pero también de otros territorios como los Balcanes y la siempre candidata Turquía. Territorios que encuentran muchas pegas a la hora de entrar a formar parte de la Unión, en parte por su situación económica.

Porque la parte económica sería la tercera pata de la silla de la presidencia chipriota. Tras el anuncio de la suspensión de toda compra energética a Rusia a partir de 2027, Chipre deberá impulsar una nueva economía para los 27 que les conceda más autonomía en todos los sentidos, energéticos pero también mercantiles tras las constantes amenazas de Estados Unidos de aumentar los aranceles.

De ahí que bajo la presidencia de Chipre, la Unión Europea deberá buscar en este próximo semestre la forma de aumentar su tejido industrial que le haga menos dependiente de los mercados internacionales y, al mismo tiempo, reforzar sus alianzas comerciales con otros territorios. Y en este aspecto resulta primordial cerrar el acuerdo comercial con Mercosur que es rechazado por emblemas europeos como Francia e Italia y, sobre todo, por los agricultores de toda Europa.

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