María Corina Machado y Donald Trump: cara a cara para ajustar los planes de Venezuela
¿Qué puede salir de esta reunión? La líder de la oposición acude con su círculo de confianza más estrecho. Magalli Meda (ex jefa de campaña y asilada un año en la embajada de Argentina en Caracas), Pedro Urruchurtu (director de relaciones Internacional de Vente Venezuela) y la periodista Claudia Macedo
María Corina machado y Donald Trump en el despacho Oval
Venezuela y el mundo giran alrededor de Donald Trump. El presidente de Estados Unidos ha recuperado la figura de gendarme del planeta para sí mismo. Se siente cómodo con estos ropajes y parece disfrutar de proyectar un poder sin límites.
Trump sí responde a aquella expresión que el ministro Oscar Puente atribuyó a Pedro Sánchez: «Es el p... amo». El republicano decide quien gobierna y cómo lo hace en Venezuela, con quién se puede hacer negocios y con quién no, las multinacionales que podrán –por voluntad propia o por temor a represalias– invertir bajo el viejo y nuevo régimen bolivariano que, por ahora, entiende que sus deseos son órdenes y las cumple en buena medida.
De Groenlandia a Irán sin olvidar Bruselas y de lejos Pekín y Moscú, la sombra de la inmensa figura de Trump se alarga en diferentes formas políticas y económicas. Sus simpatías y decisiones pueden ser contradictorias y variables en un abrir y cerrar de ojos. El factor personal es decisivo en sus intervenciones. Lo vimos con Volodimir Zelenski en el despacho Oval y con aquel comentario ofensivo que hizo sobre María Corina Machado tras la extracción de Nicolás Maduro y de Cilia Flores.
Aquellas palabras en las que se refería a la líder de la oposición venezolana como «una mujer muy agradable, pero sin respaldo ni apoyo suficiente de los venezolanos», cayeron como un valde de cubos de hielo en la oposición. La humillación, injusta, por sorpresa e innecesaria, dejó helada a la flamante premio Nobel de la Paz que hoy se reúne con el hombre al que le dedicó el galardón y al que, en un gesto que ruboriza, ofreció compartirlo.
María Corina Machado tenía previsto reunirse con Donald Trump en enero antes de que se ejecutara la operación Resolución absoluta. Las fases para derrocar al régimen que creyó tener acordadas con Washington no se cumplieron y sacudieron el tablero político y sus previsiones. Aunque tardó en reaccionar, hoy intentará a toda costa arreglar lo que se rompió. Ese es el objetivo de esta visita que, sólo por el hecho de celebrarse, supone una victoria frente a Delcy Rodríguez.
Machado ha logrado ser recibida antes que la sucesora y exmano derecha de Maduro. Eso no es una buena señal para la mujer que, como su antecesor, ocupa ilegítimamente la Presidencia de Venezuela. Delcy sabe que esa posición –como Donald Trump– no será eterna y su duración, así como su destino judicial, depende, al menos por ahora, de su capacidad de tener contento al presidente de Estados Unidos. Pero no es lo mismo hablar con el secretario de Estado, Marco Rubio, que sentarse frente a frente con el presidente de Estados Unidos como hará hoy María Corina.
¿Qué puede salir de esta reunión? Machado acude a la Casa Blanca con su círculo de confianza más estrecho. Magalli Meda (ex jefa de campaña y asilada un año en la embajada de Argentina en Caracas), Pedro Urruchurtu (director de relaciones Internacional de Vente Venezuela) y la periodista Claudia Macedo, forman la «mesa chica» de María Corina. No estará a su lado Edmundo González Urrutia, el legítimo presidente que ganó las elecciones en julio de 2024 por más del 67 % según las actas presentadas y custodiadas en Oslo.
González Urrutia Permanece en Madrid y sigue sin tener noticias de Rafael Tudares, su yerno, detenido por la dictadura bolivariana. Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y hermano de Delcy, ocupa el mismo puesto que ocupaba con Maduro y asegura que el régimen que trata de reinventarse y ganar tiempo, ha liberado a más de 400 presos políticos, pero la realidad se impone y las familias y organizaciones no le dan la razón.
María Corina Machado, presumiblemente, intentará conmover el corazón de oro y petróleo de Trump. La mujer que mueve las masas en Venezuela –de dónde si no hubiera salido quizás otro sería el escenario–, intentara seducir al hombre más poderoso del planeta y convencerle de que él y no ella, tiene un plan mucho mejor con el que coincide. Escarmentada, sin mano en la cúpula de unas Fuerzas Armadas que no han movido un dedo para recuperar la democracia, la líder de Vente Venezuela tiene la oportunidad de mostrarle a Trump que ella es mejor que Delcy y puede hacer una transición verdadera sin que corran ríos de sangre en Venezuela.