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A Donald Trump se le atraganta la fiscal general: Pam Bondi pierde el favor del presidente de EE.UU.

La fiscal general lleva tiempo ausente de actos públicos en los que su departamento está directamente involucrado, el presidente de Estados Unidos no entiende por qué no le ofrece soluciones rápidas y definitivas a sus problemas

Pam Bondi, Steve Witkoff y Donald Trump

Pam Bondi, Steve Witkoff y Donald TrumpGTRES

¿Dónde está la fiscal general Pam Bondi? La pregunta tiene diferentes respuestas y para el diario The Wall Street Journal, parece que todas apuntan en la misma dirección: lejos de Donald Trump.

Al presidente de Estados Unidos le atribuyen críticas severas contra su ex abogada. El republicano la tendría entre ceja y ceja porque esperaba de ella soluciones rápidas y definitivas a sus problemas.

¿Qué problemas? Los personales y los propios del ejercicio del cargo (anterior y actual), pero sobre todo los primeros, que son los que van a condicionar su futuro una vez que tenga que salir de la Casa Blanca. Es decir, dentro de tres años.

La colección de querellas que están en lista de espera contra Trump no ha desaparecido por arte de magia, como le gustaría, sino lo contrario, aguardan a despertarse de ese letargo impuesto al tratarse de acusaciones contra el jefe del Estado. Una vez que Trump vuelva a ser sencillamente Trump, todos los juicios se reactivarán.

Mientras el presidente de Estados Unidos ejerza su puesto es intocable, pero el magnate sabe que cuando lo abandone –o antes si pierde las legislativas de noviembre– su poder quedará reducido a la mínima expresión y fuera del Gobierno será igual a nada. Aunque, dada su personalidad, una posible derrota en las urnas que le hiciera perder la mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado podría desembocar en una reacción imprevisible (recordar el asalto al Capitolio) y, como el escorpión, terminar sus días bajo el agua en compañía de otros.

Acostumbrado a hacer las cosas a su manera y seguir sus instintos o impulsos por las bravas, –el último es hacerse con Groenlandia– parece que Trump no termina de entender por qué la rubia Pam Bondi, de 60 años, todavía no ha ajustado cuentas con el exdirector del FBI, James Comey, o la morena Letitia James, la antecesora en la Fiscalía general. Tampoco encaja bien Trump que la causa contra el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, no obligue a renunciar ya al hombre que él mismo eligió en su primera legislatura para ese puesto por, presuntamente, haber disparado en su beneficio el presupuesto de remodelación de la sede de FED.

Donald Trump no parece entender que los tiempos –y procesos– de la justicia no son los suyos y, según el Wall Street Journal, ha expresado en reiteradas ocasiones su malestar con Bondi.

La fiscal general lleva tiempo ausente de actos públicos en los que su departamento está directamente involucrado. Quizás el más reciente sea el de la «extracción» de Nicolás Maduro y Cilia Flores que ya conocen la sensación de estar sentados en el banquillo de tribunales estadounidenses, en su caso, de Manhattan.

A Trump le acompañaron en su histórica rueda de prensa donde ofreció detalles de la captura del matrimonio bolivariano, el secretario de Estado, Marco Rubio, el de la Guerra, Pete Hegseth, el general Dan Caine, y hasta el jefe de la CIA, John Ratcliffe, pero en ningún lugar estaba Pam Bondi.

La operación Resolución absoluta fue definitiva para juzgar a Maduro y a su mujer, pero el trabajo de la Fiscalía no es menos importante si se quiere demostrar que el derrocado dictador era el cabecilla de una red de narcotráfico que infestó Estados Unidos de drogas y cometió otros delitos por los que le podrían condenar hasta a dos cadenas perpetuas.

Según las fuentes consultadas por el WSJ, otro tema estaría levantando más ampollas en Donald Trump; el caso Jeffrey Epstein. El presidente se estaría quejando amargamente de que la gestión de los archivos y su difusión parcial en varias tandas de las imágenes de las fiestitas del ídolo de las finanzas y pederasta, donde aparecen «enemigos» de Trump, no se ha hecho bien y los ojos de Estados Unidos y de MAGA siguen mirándole a él y no leyendo que se hayan abierto investigaciones de tantos demócratas que disfrutaron de las orgías con niñas en la isla maldita.

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