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Japón: algo se está fraguando en el Extremo Oriente

Estados Unidos debería aprovechar la nueva fortaleza de la tierra del sol naciente para construir su estrategia en el Indo Pacífico, en torno a una alianza revitalizada entre ambos países

Avión de combate de JapónTwitter

Japón está experimentando un profundo cambio. Durante los últimos cuatro años, Tokio se ha preparado para contrarrestar el comportamiento agresivo de China invirtiendo generosamente en sus Fuerzas Armadas, protegiendo sus cadenas de suministro y mostrándose más asertivo en su vecindad.

Si Europa se hubiese comportado así desde la ocupación de Ucrania su capacidad y autonomía sería hoy muy importante. Lamentablemente se ha perdido el tiempo y se sigue perdiendo y España va a la cola en cuanto a defensa y política exterior.

Japón ha hecho exactamente lo contario y sí ha ganado la suficiente capacidad militar como para plantar cara a los comportamientos coercitivos de China.

En noviembre, poco después de asumir el cargo, la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, declaró ante el Parlamento que un ataque chino a Taiwán podría constituir una amenaza existencial para Japón y justificar una respuesta militar.

Para China, que considera cualquier compromiso de apoyo a Taiwán como una provocación, estas fueron palabras belicosas. En respuesta, Pekín intensificó los ejercicios militares cerca de Japón, detuvo las importaciones de marisco japonés, prohibió las exportaciones de productos de doble uso —productos que pueden utilizarse con fines civiles y militares— a Japón y aconsejó a sus ciudadanos que no viajaran allí.

Estados Unidos debería aprovechar la nueva fortaleza de Japón para construir su estrategia en el Indo Pacífico en torno a una alianza revitalizada entre ambos países. En este momento deberían armonizar sus defensas, sino lo están ya haciendo, y, junto con socios regionales como Australia y la India, podrían coordinar la política industrial en sectores sensibles.

Tokio comenzó a recalibrar su papel en el mundo bajo el mandato del difunto primer ministro Shinzo Abe, que dirigió Japón entre 2006 y 2007 y entre 2012 y 2020. En respuesta a una China cada vez más asertiva, que lanzaba frecuentes incursiones en las islas Senkaku (conocidas en China como islas Diaoyu) y sus alrededores, Abe relajó las restricciones constitucionales sobre las fuerzas armadas japonesas y comenzó a reforzar el poderío militar de Japón. También promovió la idea de construir un Indo-Pacífico libre y abierto, lo que situó a Japón en el centro de los esfuerzos para evitar que la región cayera bajo la influencia hegemónica de China.

Abe también revitalizó el Quad, una asociación diplomática entre Australia, India, Japón y Estados Unidos, para coordinar la seguridad, la tecnología y la política económica. Abe hizo más que ningún otro líder para animar a Estados Unidos y a otros países afines a adoptar una postura más firme frente a una China cada vez más poderosa. También dejó claro que la seguridad de Taiwán es la seguridad de Japón.

Hoy en día, Tokio se está preparando para poner en servicio armas hipersónicas que pueden perturbar las defensas aéreas y antimisiles de Corea del Norte y de China. Está desplegando misiles de crucero Tomahawk, misiles de ataque conjunto y misiles tierra-mar Tipo 12 mejorados a nivel nacional para mejorar su capacidad de lanzar contraataques.

Tokio también está invirtiendo fuertemente en el conocimiento del dominio espacial —la capacidad de rastrear satélites y detectar amenazas en órbita— con un compromiso de 3.500 millones de dólares en 2025, diez veces más que en 2020. Además, Japón está endureciendo su posición en sus islas del suroeste, que están cerca de Taiwán.

Por otra parte, Japón ha reforzado sus lazos de defensa regional para consolidar aún más su posición frente a China. Ha ayudado a otros países de la región, como Bangladesh y Filipinas, a defenderse de las incursiones chinas. Tokio, por ejemplo, ha proporcionado a Filipinas un sistema de radar de vigilancia aérea y 12 de sus 18 buques de guardacostas. Japón también ha flexibilizado sus normas de exportación de defensa para poder compartir más fácilmente la tecnología con sus aliados.

En 2023, firmó un acuerdo con Italia y el Reino Unido para producir conjuntamente un avión de combate. Y en 2025, Australia anunció que compraría 11 fragatas furtivas de la clase Mogami a Japón por 6.500 millones de dólares, el mayor acuerdo de exportación de defensa de Japón hasta la fecha.

La nueva postura militar de Japón ofrece a Estados Unidos un regalo excepcional: un aliado totalmente comprometido y dispuesto a actuar como ancla avanzada de la defensa colectiva regional. Washington debería aprovechar este momento para reforzar su cooperación en materia de defensa con Japón.

Para disuadir a China será necesaria una arquitectura de alianza basada en la planificación conjunta, las fuerzas interoperables y una política de seguridad económica integrada. Si Estados Unidos entrara en guerra con China por Taiwán, en algún momento, la presión logística sobre las fuerzas estadounidenses sería inmensa con lo que Japón jugará un papel crucial. Washington necesita, además, colaborar con sus aliados regionales para estacionar sus tropas y equipos cerca del lugar de los hechos.

Estados Unidos y Japón se encuentran en una encrucijada capital, Tokio ha hecho la parte difícil a Washington y esta situación le favorece, con un Japon tan fuerte es más probable que China se vea disuadida.

De hecho, para algunos analistas de inteligencia, el cambio drástico que Xi Jinping ha ejecutado en su cúpula militar obedece a un cambio de enfoque respecto a sus Fuerzas Armadas que podría resultar más agresivo que durante el mandato de Zhang Youxia, quien fue hasta hace unos días el hombre fuerte de China.