Seif al-Islam Gaddafi, en el complejo residencial de su padre en la capital libia, Trípoli, en agosto de 2011
Libia El hijo de Muamar Gadafi, la espada del islam que pudo reinar en Libia y murió a tiros en manos de pistoleros
Saif al Islam Gadafi, el predilecto del dictador libio, estaba destinado a convertirse en el próximo hombre fuerte de Libia
Saif al Islam Gadafi, 53 años, fue asesinado por un grupo de pistoleros este miércoles 3 de febrero en su propia casa, cerca de Zintan, 160 kilómetros al suroeste de Trípoli, la capital.
Hijo predilecto y futuro heredero de su padre, el dictador Muamar Gadafi, ha corrido la misma suerte que su progenitor. Gadafi controló con puño de hierro Libia durante más de cuatro décadas, desde 1969, cuando llegó al poder por un golpe de Estado que derrocó al rey Idrís.
Tres años después de este levantamiento, que cambiaría por completo el devenir del país norteafricano, nació Saif al Islam Gadafi, en Trípoli, cuyo nombre se traduce como «Espada del Islam».
Fue el segundo hijo del dictador libio, pero el primero de los siete que tuvo con su segunda mujer, Safia Farkash, quien antes había sido su enfermera.
Saif al Islam fue el favorito de Gadafi y el destinado a perpetuar la dictadura. Sin embargo, siempre se sintió atraído por el mundo y estilo de vida occidental. Estudió un doctorado en 2008 en la London School of Economics, donde presentó su tesis titulada: El papel de la sociedad civil en la democratización de las instituciones de gobernanza global: ¿del «poder blando» a la toma de decisiones colectiva?. Toda una declaración de intenciones.
Fue en este período de tiempo, y gracias a su inglés fluido, cuando el llamado a ser el futuro líder de Libia se codeó con la realeza británica, acudiendo incluso a fiestas en el Castillo de Windsor.
En el extranjero, Saif al Islam Gadafi se convirtió en el mejor embajador del régimen del coronel Muamar Gadafi. Entró por todo lo alto en la jet set británica y se creó fama de playboy. Unas maneras que debió aprender de su padre, protagonista habitual de orgías y todo tipo de depravaciones sexuales. Un secreto a voces que todos sabían y nadie condenaba, en un país donde primaban la religión y la castidad.
Pero para el hijo mimado del dictador todo cambió con el estallido de las Primaveras Árabes. Pasó de mostrarse como un líder abierto a Occidente, y dispuesto a democratizar su país, a seguir los pasos de su padre.
Con la vista puesta en países vecinos como Túnez o Egipto, donde el clamor popular derrocó a los dictadores, Saif al Islam Gadafi temió perder el poder y, en ese momento, se transformó tanto física como ideológicamente. Adquirió e hizo propio el discurso antioccidental y denunció que los rebeldes libios no eran más que títeres de la OTAN y «peones coloniales», cuyo objetivo era apoderarse de las reservas de petróleo de Libia.
Como su sermón, su aspecto también mutó. Se dejó crecer la barba y cambió los pantalones y la camiseta por el atuendo tradicional musulmán. Fue entonces cuando Saif al Islam Gadafi dijo que, para retener su posición de poder y control, no dudaría en aliarse con las organizaciones yihadistas del país.
Saif al Islam Gadafi, hijo del dictador libio Muamar Gadafi
Ni siquiera esa peligrosa alianza salvó a su padre de ser asesinado, arrastrado y humillado por los rebeldes. El coronel Muamar Gadafi trató de huir a Sirte, disfrazado de beduino, cuando fue sorprendido por los ataques aéreos de la OTAN. Intentó sortear a las fuerzas rebeldes, que finalmente le atraparon cuando se escondía dentro de una tubería de cemento.
Gadafi fue víctima de vejaciones de todo tipo y naturaleza. Lapidado, sodomizado y golpeado, le vaciaron los cargadores de sus armas. Murió ese mismo día, el 20 de octubre de 2011, Su hijo, sin embargo, logró escapar de ese fatal destino, pero, aunque pasó a la clandestinidad, fue capturado en noviembre de 2011 por una milicia leal al Gobierno de Estabilidad Nacional (GNS), opuesto al Gobierno de Unidad Nacional (GUN) –apoyado por la ONU–, que en 2015 le condenó a muerte en ausencia por crímenes de guerra.
Finalmente, fue liberado en 2017 y, tan solo cuatro años después, reapareció en política, postulándose como candidato para las elecciones de 2021. «Hay que volver poco a poco, lentamente. Como en un striptease», fueron unas de sus primeras palabras nada más volver a la vida pública. «Hay que jugar un poco con sus mentes», llegó a decir, sin ruborizarse.
Los comicios nunca se llegaron a celebrar, en un país irremediablemente dividido desde la muerte de Muamar Gadafi. Su hijo, Saif al Islam Gadafi, se erigió como figura de consenso, a pesar del legado de sangre de su padre y el viraje hacia el extremismo islámico de los últimos años. Pero todo acabó el pasado 3 de febrero, cuando cuatro pistoleros irrumpieron en su casa, cerca de Zintan, inutilizaron las cámaras de seguridad y le dispararon a quemarropa.