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Los renglones torcidos de la «amnistía» venezolana

Su redacción amenaza con estar plagada de trampas que sirvan para amnistiar a los victimarios y no a las víctimas reales. Afinar esas letras explicaría la suspensión a tratar el asunto este martes. El senador republicano, Rick Scott, recordó que «ese no era el trato»

Act. 11 feb. 2026 - 12:47

José Luis Rodriguez Zapatero, Delcy Rodriguez y su hermano Jorge Rodriguez en Caracas

José Luis Rodriguez Zapatero, Delcy Rodriguez y su hermano Jorge Rodriguez en Caracas el viernes pasado

La tentación está en casa, en la de Venezuela. La nueva cara de la dictadura bolivariana amaga con volver a las andadas y no termina de cumplir los deseos que son órdenes de la Casa Blanca.

La liberación y posterior detención en tiempo récord del diputado Juan Pablo Guanipa, tras casi un año preso en el Helicoide, hizo temblar a más de uno.

La población y los exiliados no terminan de fiarse de las intenciones democráticas –a la fuerza– de los hermanos Rodríguez con Diosdado Cabello y el más silencioso Vladimir Padrino López. El titular de Interior, Justicia y Paz (sic) duro entre los duros y aspirante eterno al Palacio de Miraflores (no lo logró por el veto de Cuba tras la muerte de Hugo Chávez), se escandalizó con que Guanipa hablara con total libertad y dijo, palabra más, palabra menos, que el hombre se había creído que podía hacer lo que le diera la gana en libertad.

Rick Scott, senador republicano, no tardó en intervenir para recordarle a «Delcy y Diosdado», que «ese no era el trato». Para aclarar posibles malentendidos o inercias de los 27 años de dictadura, lo dejó por escrito en un tuit dirigido a los bolivarianos que diferentes fuentes señalan como entregadores de Nicolás Maduro: «El trato –les recuerda– es que ustedes liberen a todos los presos políticos, que colaboren con Estados Unidos y que detengan la represión… ¡Los estamos vigilando!».

Con la misma velocidad que recapturó a Guanipa, el régimen lo sacó de la sede de la Policía Nacional Bolivariana de Caracas. Sucedió hace unas horas, el mismo día en que la Asamblea Nacional tenía previsto aprobar definitivamente el proyecto de Ley de Amnistía que Rodríguez Zapatero ha celebrado como si fuera suyo y olvidado que, en los años del terrorismo de Estado de sus amigos, no se apartó un milímetro de Maduro, del que ahora hace como que no existe. Tampoco el expresidente del PSOE que chantajeó a Edmundo González dejó de arrimarse a Delcy con la que «hablo casi todos los días», presumió en Caracas el pasado viernes.

La suspensión sin explicación de la fase definitiva del proyecto de ley del perdón y reconciliación a la venezolana, ha generado aún más inquietud en Venezuela.

La amnistía, como sucedió en Argentina en la recta final de las Juntas Militares, también se puede escribir con renglones torcidos. Su redacción amenaza con estar plagada de trampas que sirvan para amnistiar a los victimarios y no a la totalidad de las víctimas de la dictadura. Afinar esas letras explicaría la renuncia a tratar el asunto este martes y, supuestamente, dejarlo para el jueves.

La parodia de Jorge Rodríguez con una supuesto familiar (farsante) que le daba las gracias por la amnistía virtual que él garantizaba alimenta la desconfianza.

El hermano de Delcy, y presidente de la Asamblea Nacional, se comprometió a liberar esta semana a todos (está a tiempo), pero los pasos del régimen generan dudas. Los abogados de Vente Venezuela no se cansan de reclamar la liberación sin excepción y los familiares, los de verdad, de manifestarse y exigir «que la libertad no sea parcial ni selectiva», como está siendo ahora.

El régimen tutelado por Washington suelta en cuentagotas a los detenidos y hasta a algunos que estaban desaparecidos, pero es difícil saber qué criterio siguen para hacerlo. ¿Por qué no libera a Josnars, hijo del general Baduel? ¿Qué libertad es esa que intercambia celda por domicilio e impone el silencio?

Hay casos que claman el cielo y que parecen estar ocultos en estos tiempos que se intentan presentar de libertad. Uno flagrante es el de la jueza María Lourdes Afiuni, torturada, violada, desgarrada y encerrada cuatro años, de 2009 a 2013, por no querer firmar una sentencia injusta para, como le exigía Hugo Chávez, dejar eternamente en prisión al banquero Eligio Cedeño.

Posteriormente Afiuni, en 2019, fue condenada a cinco años más por «corrupción espiritual» (sic). Hoy permanece en su casa con prohibición total de hablar a los medios de comunicación. Por ahora, lo mismo que Guanipa y la mayoría de los liberados este mes.

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