Zapatero en Caracas con Delcy: sálvese quién pueda y que el último, que no sea él, que apague la luz
El expresidente, en el Palacio de Miraflores, sigue siendo bien recibido. Lo mismo que en esa especie de foro del que participa sobre «la nueva Venezuela». No así en la calle donde pronunciar su nombre obliga a censurar las respuestas.
José Luis Rodríguez Zapatero y Delcy Rodríguez en Caracas
Derrocado Nicolás Maduro y con Estados Unidos al mando del control remoto del régimen de Venezuela, José Luis Rodríguez Zapatero ha vuelto a Caracas. Tras prácticamente dos meses desaparecido del escaparate público y ausente de la campaña de Aragón, –detalle importante– el expresidente socialista regresa a un terreno peligroso.
Zapatero en el Palacio de Miraflores y en la casa del expresidente Rómulo Gallegos sigue siendo bien recibido. Allí asistió a esa especie de foro del que participó con el ministro de Cultura, Ernesto Villegas, sobre «la nueva Venezuela» con el mensaje de la «Comisión de paz y convivencia democracia». Otra cosa es en la calle donde pronunciar su nombre obliga a censurar las respuestas.
Con el destape que se avecina de los bajos fondos de la corrupción venezolana y sus nexos en España/ZP, «mi príncipe», como se refería a él Delcy Rodríguez no debe estar tranquilo. Esa inquietud es lo que justificaría este penúltimo viaje y aquellas flores que le echaron los hermanos Rodríguez tras la caída del sucesor de Hugo Chávez.
En reciprocidad, como recoge Luis Carlos Parada desde Caracas, declaró «mantener una relación casi diaria» con la presidenta encargada. "Tengo una gran confianza en ella», aseguró horas antes de de reunirse con ella.
Preguntado sobre si iba a entrevistarse con los familiares de los presos políticos que piden la liberación de los suyos y hacen vigilia en las cárceles y centros de tortura, Zapatero evitó responder de forma directa.
El viejo líder del PSOE lleva años vendiéndose como el libertador de políticos detenidos por el régimen para justificar tantas millas en aviones de la dictadura (y comerciales también). En esta ocasión fue en vuelo regular desde Madrid hasta República Dominicana y ahí, como es habitual, le recogió un avión de PDVSA (el de Víctor de Aldama le salió demasiado caro) que le llevó el jueves a Caracas.
Zapatero ha sido y es más «chavista» que el difunto Hugo Chávez y que Maduro. Hizo lo que ni Gustavo Petro, Gabriel Boric y Lula se atrevieron: reconocer la falsa victoria del dictador frente a Edmundo González Urrutia en julio de 2024.
El socialista y de rebote sus hijas, están en la mira por ese puente aéreo hacía la corrupción que tiene el buque insignia en PDVSA (Petróleos de Venezuela S.A.) y el caso Plus Ultra, la compañía aérea con apenas cuatro aviones operativos rescatada por el gobierno de Pedro Sánchez. Las niñas de negro que en septiembre de 2009 posaron con Barak y Michelle Obama en la Casa Blanca hoy son mujeres ricas y coloridas gracias a los negocios de su empresa con esa lado del Caribe venezolano.
A su padre le han identificado en una batería de facturas incautadas al empresario Julio Martínez, –con el que paseaba por el Pardo– por más de medio millón de euros. Los justifica por los servicios prestados en tareas de asesoramiento y «consultoría». Lo que no explica ZP, que sigue bastante mudo, es por qué la comunicación entre ambos se producía con teléfonos móviles de tarjetas prepago.
A Rodríguez Zapatero parece que se le viene la noche desde el 3 de enero. A partir de ese día Venezuela ya no es la que era. Maduro y Cilia Flores están en Nueva York –y no de compras–, la «presidenta encargada» ha comenzado a abrir la mano con la liberación de reos, el petróleo fluye para los americanos y la Asamblea que preside su hermano Jorge Rodríguez avanza con esa ley de amnistía que debería poner en libertad a los presos políticos. Por si faltaba poco, el jefe de la contrainteligencia chavista, el «pollo Carbajal» (Hugo Armando), ha empezado a cantar.
Además. Alex Saab, el hombre señalado como testaferro de Nicolás Maduro, ha caído por una orden en cascada de Washington al Palacio de Miraflores. Los suyos, los hermanos Rodriguez le han entregado y a saber si Diosdado Cabello y Padrino López también o estos ya están buscando refugio para evitar su «extracción» (la embajada de España sería un lugar muy propio). Su futuro está más cerca de los tribunales de Manhattan que de Miraflores.
Alex Saab es uno de los hombres que tiene las «carpetas» y «los números» de todos los que hacían negocios con la dictadura bolivariana. Como «el pollo», conoce bien a José Luis Rodríguez Zapatero. Dicho de otro modo, no se descarta que bajo el lema de, sálvese quién pueda, prefiera desprenderse de las pruebas que podrían incriminar al expresidente para mejorar su situación.
Esa misma política de canibalismo parecería que está aplicando Delcy Rodríguez y la que estaría reclamándole Zapatero en esta visita que, salvo imprevisto, concluye este sábado.
En otras palabras, lo que pretendería el expresidente es, además de figurar como alguien importante en esa amnistía, ver cómo organizarse para que los secretos que podrían ponerle en apuros sigan siendo eso, secretos.