Las solicitudes de ciudadanía por la Ley de Memoria Democrática colapsan los consulados de Argentina
Al ritmo que llevan, en unos años Buenos Aires se habrá convertido en la tercera ciudad más poblada de españoles, por detrás de Madrid y Barcelona. Todos esos nuevos ciudadanos tendrán derecho a voto
Consulado de España en Buenos Aires
En 2001, en la calle Guido 1.770 de la ciudad de Buenos Aires, las colas se extendían varias manzanas. Los argentinos llegaban a pasar la noche a la intemperie para lograr entrar en el consulado de España y comenzar los tramites de ciudadanía. Su objetivo era conseguir un pasaporte europeo para salir volando de un país en descomposición.
La crisis que hizo caer al Gobierno de Fernando de la Rúa provocó una auténtica estampida y ansiedad por conseguir cruzar el Atlántico. Hoy, la misma calle de Buenos Aires está, prácticamente, desierta, pero la avalancha de solicitudes para nacionalizarse como español multiplica las de principios de siglo.
Sin precedente
Los turnos se dan por internet y buena parte de las diligencias se hacen telemáticamente. Aun así, nunca se había acumulado un volumen de peticiones como ahora.
La periodista y escritora Matilde Sánchez calculó en Clarín el peso de los trámites que realiza el consulado más grande de España en el exterior: 56 toneladas de papel. En cuanto a los correos electrónicos, con consultas varias, los funcionarios pueden recibir unos 10.000 mails al día.
Hasta diciembre se solicitaron 645.052 turnos en el consulado de Buenos Aires. Otros 220.000 en los de Rosario, Bahía Blanca, Mendoza y Córdoba
Hasta diciembre del pasado año, según la web del Consulado, se solicitaron 645.052 turnos en Buenos Aires. Otros 220.000 se registraron en los de las ciudades de Rosario, Bahía Blanca, Mendoza y Córdoba.
Si asumimos que esas solicitudes llegarán en su mayoría a buen puerto, al cumplir con los generosos requisitos que se piden, no es equivocado anticipar que en unos años Buenos Aires se habrá convertido en la tercera ciudad más poblada de españoles, –cabeza a cabeza con Valencia (841.000 habitantes)– por detrás de Madrid (3.507.000 habitantes) y Barcelona (1.713.000 habitantes). Todos, como el resto de los españoles, tendrán derecho a voto.
En ningún consulado de otro país del mundo se registran cifras parecidas. Los que más se aproximan a esa carga de trámites son los de Ciudad de México y el de La Habana, pero apenas contabilizan la mitad de los de Argentina, que ya es decir.
En la Ley de Memoria Histórica del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de 2007 está el origen de este fenómeno, pero en la Ley de Memoria Democrática, su versión del 19 de octubre 2022 con el Gobierno de Pedro Sánchez, –aprobada con el apoyo de Bildu–, se explica semejante explosión «demográfica» fuera de España.
La ley incluye a los bisnietos y marcaba de fecha tope para adquirir la ciudadanía a aquellas «víctimas» que salieron de España antes de diciembre de 1978 (año de aprobación de la Constitución). La fecha de vencimiento para presentar solicitudes era octubre de 2024, pero el Gobierno de Sánchez la prorrogó un año más. Al abrir la mano, el efecto multiplicador fue inmediato.
La disposición adicional octava de esta ley observa: «Los nacidos fuera de España de padre o madre, abuelo o abuela, que originariamente hubieran sido españoles, y que, como consecuencia de haber sufrido exilio por razones políticas, ideológicas o de creencia o de orientación e identidad sexual, hubieran perdido o renunciado a la nacionalidad española, podrán optar a la nacionalidad española».
En su apartado a) incorpora a: «Los hijos e hijas nacidos en el exterior de mujeres españolas que perdieron su nacionalidad por casarse con extranjeros antes de la entrada en vigor de la Constitución de 1978» y en el siguiente punto suma a «los hijos e hijas mayores de edad de aquellos españoles a quienes les fue reconocida su nacionalidad de origen».
5.000 pasaportes al mes
En 2024, en Argentina, se expidieron 1.300 pasaportes españoles al mes. Hoy, la media es de cinco mil. El consulado, como registro civil, también tiene que inscribir matrimonios, defunciones, recién nacidos, modificación de nombres o apellidos, y entre otros certificados oficiales, testamentos.
El personal de los cinco consulados de Argentina está desbordado. Adquirir la nacionalidad española para los argentinos no implica perder la de nacimiento y viceversa. Ambos, a diferencia de lo que sucede con Estados Unidos, reconocen la duplicidad.
Argentina no atraviesa, ni de lejos, una crisis como la de principios de siglo que pueda justificar esa ansiedad por conseguir un pasaporte español. El escenario es totalmente distinto, pero los argentinos, escarmentados históricamente con depresiones cíclicas, no se fían de nada ni de nadie. La expresión «por las dudas» explica ese maratón por conseguir unos documentos que les permita disponer de un pasaporte al futuro, por si el presente –aunque confíen en Javier Milei– les juegue una mala pasda.
En el Gobierno confían en que esos miles de argentinos españolizados, –que en unas décadas pueden alcanzar el millón–, se inclinen por ellos en las urnas. La idea establecida de que los jóvenes se inclinan por opciones progresistas llevó al kirchnerismo a bajar la edad para sufragar a los 16 años. La realidad y el triunfo de Javier Milei demostró que estaban equivocados.
El Partido Popular recuerda que en Argentina tiene su mayor caladero de votos fuera de España. No hay otro país con más afiliados al PP.