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El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Saar, en la sede de la ONU en Nueva YorkAFP

Gideon Saar, ministro de Exteriores de Israel: «Debemos priorizar Asia y dejar de preocuparnos por naciones europeas en decadencia»

La política exterior del Estado judío, bajo el Gobierno actual, ha virado hacia una orientación estratégica mucho más amplia, que trasciende el tradicional foco mediterráneo, integrando de manera explícita la región de Asia y el Indo-Pacífico

«Nuestra política exterior debe mirar hacia zonas de enorme potencial, y dejar de priorizar a ciertas naciones europeas que seguirán en decadencia sin remedio», afirmó Gideon Saar, el ministro de Asuntos Exteriores israelí, a la emisora pública KAN. La política exterior de Israel, bajo el Gobierno actual, ha virado hacia una orientación estratégica mucho más amplia, que trasciende el tradicional foco mediterráneo, integrando de manera explícita la región de Asia y el Indo-Pacífico como un eje clave de proyección diplomática, económica y de seguridad en las próximas décadas.

Este giro refleja cambios estructurales en la geopolítica global, donde el centro de gravedad económico y estratégico se desplaza hacia Asia, creando oportunidades y desafíos para actores medianos como Israel, que buscan consolidar alianzas más allá de su entorno inmediato.

La formulación de esta política ha sido articulada, entre otros, por Gideon Saar, quien en declaraciones oficiales y entrevistas ha señalado que Jerusalén busca reposicionar su «centro de gravedad diplomático» hacia zonas estratégicas más amplias, ante la percepción de cambios en la correlación de fuerzas globales y el apoyo internacional a Israel. Según Saar, el Gobierno ha ampliado su red de embajadas y tiene la intención de fortalecer vínculos políticos y comerciales con naciones de Asia y el Pacífico, incluso mientras enfrenta presión sobre el tema palestino.

Este enfoque se inscribe en tendencias previas de larga data –la llamada política de «Israel Looks East» o giro hacia Asia–, que incluye la expansión de acuerdos tecnológicos, comerciales y de defensa con potencias como India, Japón y Corea del Sur. Ahora tiene un impulso renovado y una visión geopolítica más explícita y de largo alcance. La estratégica cooperación con India, por ejemplo, ha evolucionado más allá de la compra de equipamiento militar para incluir transferencia de tecnología, ciberseguridad, soluciones agrícolas y colaboración en infraestructura de defensa, consolidando a Jerusalén como un socio de primer orden en la agenda de seguridad y modernización de Nueva Delhi .

La lógica detrás de este cambio es doble. Por un lado, Asia representa mercados en rápido crecimiento para tecnología avanzada, defensa, energía y agua, sectores donde las empresas hebreas son competitivas; por otro, la creciente rivalidad entre grandes potencias -en especial Estados Unidos y China- ha generado un entorno donde estados medianos pueden posicionarse como interlocutores útiles para múltiples centros de poder, sin quedar atrapados en alineamientos rígidos.

Ventajas para ambas partes

En este contexto, Israel ofrece a sus potenciales socios asiáticos transferencia de tecnología en ciberseguridad, inteligencia artificial, drones y sistemas de defensa; así como experiencia en gestión del agua y agricultura de precisión, acceso a inversiones en innovación y un rol como interlocutor privilegiado con Washington. Este paquete ha sido central en acuerdos bilaterales con Corea, donde existe un tratado de libre comercio, así como con Singapur y Japón, donde la cooperación se orienta hacia la alta tecnología.

A cambio, Israel recibe acceso a mercados dinámicos, capital de inversión extranjera, socios en cadenas de valor globales y legitimidad estratégica en foros multilaterales de Asia-Pacífico. Corea del Sur y Japón no solo son consumidores de tecnología sino también fuentes de inversión en sectores estratégicos, lo que diversifica la cartera económica de Israel ante una potencial desaceleración de sus vínculos tradicionales con Europa. Por su parte, la relación con India ha proporcionado respaldo político en votaciones y apoyo diplomático en foros internacionales, reduciendo el aislamiento de Israel en algunos escenarios.

Corea del Sur y Japón no solo son consumidores de tecnología sino también fuentes de inversión en sectores estratégicos

La Administración estadounidense, bajo el Gobierno de Donald Trump, ha visto con interés esta diversificación de relaciones, como parte de su estrategia de contrapeso a China y consolidación de alianzas que puedan sostener la estabilidad regional, sin la presencia militar directa de Estados Unidos en todos los frentes. El plan estadounidense en Oriente Medio y Asia ha promovido la idea de alianzas que integren a Israel con estados del Golfo y potencias asiáticas clave, como forma de reforzar un orden internacional que favorezca la seguridad de rutas comerciales y la cooperación tecnológica.

En Asia, las reacciones oficiales han sido en general positivas desde un punto de vista pragmático, aunque moderadas. India ha reforzado su asociación estratégica con Israel, acogiendo favorablemente la cooperación en defensa y tecnología sin entrar en disputas regionales, mientras mantiene vínculos con actores árabes para proteger sus intereses energéticos. Japón ha adoptado una posición más cauta, equilibrando su diplomacia entre apoyar la estabilidad regional y mantener relaciones económicas con países de mayoría musulmana.

En definitiva, la política de aumentar su influencia en Asia es una adaptación a un sistema internacional en transición, donde la geopolítica se redefine más allá de las fronteras de Oriente Medio, incorporando nuevos actores e intereses globales. Esta estrategia busca obtener beneficios políticos y económicos simultáneamente, aunque no elimina el viejo desafío ligado al conflicto con los palestinos y sus grupos terroristas (Hamás, Hezbolá). Su éxito dependerá de la capacidad israelí para equilibrar intereses diversos: profundizar la cooperación con Asia y mantener su alianza con Estados Unidos; al tiempo que cuida la sensibilidad de sus nuevos socios árabes.