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Daniela Brik
AnálisisDaniela Brik

Israel sube la guardia frente a Irán y hace recuento de su poder balístico en previsión de un ataque

Irán produce unos 100 misiles balísticos al mes, con la proyección de contar con al menos 5.000 proyectiles hacia 2027. Aunque las defensas antiaéreas multicapa de Israel –Arrow, David’s Sling, Iron Dome– han mostrado una elevada eficacia, ningún sistema puede garantizar protección absoluta

El portaaviones USS Abraham Lincoln (CVN 72), de clase Nimitz, navega junto al destructor de misiles guiados USS Frank E. Petersen J

El portaviones USS Abraham Lincoln navega junto al destructor de misiles guiados USS Frank E. Petersen Jr.AFP

Oriente Medio vuelve a encontrarse en un momento crítico. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha marcado un plazo de diez días para sopesar una probable acción militar contra Irán, país con el que mantiene negociaciones sobre su programa nuclear, a lo que Teherán ha advertido ante la ONU que responderá «decisivamente» si es atacado. En menos de un año, la región vuelve a situarse al borde de un nuevo conflicto armado. Pero en esta ocasión, la preocupación no es solo diplomática o nuclear, sino también militar.

Y es que Israel observa con atención la aceleración del programa balístico iraní. La experiencia de la Guerra de los Doce Días del año pasado es un fiel recordatorio de lo rápido que puede escalar la tensión y de que ningún sistema antiaéreo es inmune al disparo masivo de misiles y drones.

En diversas apariciones públicas recientes, Trump ha subrayado que las negociaciones nucleares con Irán tienen un límite temporal. «Se van a ir enterando en los próximos, probablemente, diez días… Tal vez lleguemos a un acuerdo, o puede que tengamos que dar un paso más allá», manifestó el mandatario norteamericano.

Estas declaraciones dejan claro que la ventana de oportunidad para la diplomacia es corta, y según interpretan analistas y mandos militares, si Irán no accede a las demandas estadounidenses, la opción militar se mantiene sobre la mesa. En respuesta, el régimen de los ayatolás afirmó en una carta dirigida al secretario general de la ONU que considerará «todos los activos, bases e instalaciones estadounidenses en la región» como objetivos legítimos si enfrenta una agresión.

Israel, principal aliado de EE.UU. en la región percibe directamente la amenaza iraní y ha trasladado a Washington su preocupación por la capacidad balística de Teherán. Sólo en el último año el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se ha visto en al menos siete ocasiones con el presidente Trump, a quien advirtió en su último encuentro este año sobre este asunto.

Durante la Guerra de los Doce Días de junio de 2025, Irán lanzó más de 500 misiles y 1.000 drones

Según fuentes militares israelíes citadas por el digital Ynet, Irán produce aproximadamente cien misiles balísticos al mes, con la proyección de contar con al menos 5.000 proyectiles hacia 2027, si se mantiene el ritmo actual. Aunque las defensas antiaéreas multicapa de Israel –Arrow, David's Sling, Iron Dome– han mostrado una elevada eficacia, los expertos advierten que ningún sistema puede garantizar protección absoluta, especialmente frente al disparo masivo de misiles balísticos y drones de manera sostenida.

Durante la Guerra de los Doce Días de junio de 2025, Irán lanzó más de 500 misiles y 1.000 drones, de los que el 86 % de los misiles balísticos fueron interceptados por las baterías antiaéreas. Sin embargo, incluso con ese éxito, el 14 % restante penetró las defensas, causando daños en ciudades y hospitales. Este hecho, según los expertos militares, subraya la estrategia de desmantelar los «lanzadores» para neutralizar la amenaza antes del disparo de los proyectiles en lugar de mantener una posición estrictamente defensiva.

Plazo limitado y amenazas cruzadas

Para los estrategas israelíes, estas cifras representan la necesidad de limitar la capacidad iraní antes de que alcance un nivel que comprometa la seguridad regional.

«No queremos que los iraníes tengan misiles de largo alcance. Entendemos que no podrían llegar a cero, pero limitar su número y la capacidad de producir en el futuro es crucial. En la Guerra de los Doce Días entendimos en Israel la situación peligrosa que podría producirse con grandes cantidades de misiles y si llegaran a ser unos miles al día o algo similar», analizó el exjefe de Seguridad Nacional de Israel, Yaacov Amidror, durante una reciente videoconferencia organizada por el Jerusalem Press Club.

Además de la cantidad, preocupa la capacidad de Irán para reorganizar sus defensas. Erán Ortal, brigadier general retirado de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) –Ejército israelí–, donde fue comandante del Centro Dado de Pensamiento Militar Multidisciplinario analiza en un reciente artículo sobre Irán que su sistema de defensa aérea no se ha recuperado por completo de los ataques sufridos durante el conflicto del año pasado, y que la urgencia con la que Teherán importa sistemas chinos de defensa aérea demuestra su «angustia operacional». Su valoración es que esta situación crea una ventana de oportunidad para cualquier operación limitada que busque degradar las capacidades de lanzamiento antes de que se consoliden.

En este contexto, expertos como Yifa Segal, exjefa de gabinete del embajador de Israel en Washington, subrayan que la región se encuentra en un punto de inflexión estratégico.

«Estamos en un momento crucial que puede cambiar el curso de la historia y la decisión estadounidense de si intervenir o no en Irán es una decisión enorme y parte de si se quiere reconfigurar el futuro de la región y del mundo», comentó en una videoconferencia con periodistas.

La analista también expresó sus dudas de que los iraníes se avengan a las condiciones impuestas por EE.UU. en sus conversaciones diplomáticas y augura que estas fracasarán. Con todo, no prevé un escenario en el que una intervención militar en Irán precipite un cambio rápido de régimen.

«Esto no ocurrirá de la noche a la mañana, la estructura del régimen es muy fuerte y bien enraizada, llevará un largo proceso incluso si Estados Unidos ataca con toda su fuerza», consideró.

El riesgo regional se amplifica por la posible activación de aliados y grupos que actúan como sucursales de Irán. En un conflicto extendido, los hutíes en Yemen, milicias chiíes en Irak y Hezbolá en el Líbano podrían sumarse a los ataques, generando una guerra multisectorial que saturaría las defensas y extendería el conflicto a múltiples frentes. Este escenario no solo aumentaría el peligro para Israel, sino que también complicaría la operación militar estadounidense en la región, obligando a coordinar múltiples escenarios de acción de manera simultánea.

La capacidad balística iraní como foco central

Aunque las conversaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán continúan, la tensión actual está virando hacia la capacidad misilística de Teherán. Misiles de corto, medio y largo alcance representan un riesgo tangible para Israel y las bases estadounidenses en la región. Trump ya demostró el año pasado que está dispuesto a actuar de manera contundente si lo considera necesario, y ahora la atención se dirige a contener y limitar la amenaza balística antes de que alcance niveles que podrían desestabilizar la seguridad regional.

Misiles de corto, medio y largo alcance representan un riesgo tangible para Israel y las bases estadounidenses en la región

Estados Unidos tiene desplegados en la región dos portaviones, el Gerald Ford y el Abraham Lincoln, y una fuerza altamente preparada. Las autoridades consideran que, aunque Irán podría responder activando su red de misiles y proxies, el despliegue masivo de capacidades estadounidenses garantiza libertad operativa y permite sostener ataques precisos en múltiples objetivos.

El ruido de sables actual refleja, en buena medida, esta confluencia de intereses: la Administración estadounidense mide su fuerza, Irán muestra su disposición a responder a cualquier ataque, e Israel, aunque no está preparado para interceptar el disparo masivo de proyectiles, presiona para garantizar que cualquier escenario militar contemple la reducción efectiva de la amenaza balística.

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