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Espías, rebeldes y patriotas cubanos: las historias de los engañados por la dictadura castrista

Como bandera falsa, la dictadura vuelve a construir otro plan de agresión para fingir –y así manipular la opinión pública internacional– que cubanos residentes en Miami instigan a la seguridad nacional de la Isla

Pancarta que exige la liberación de los presos de las cárceles cubanasRR

Recientemente, el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel, quizá como un desliz en su evidente nerviosismo ante las cámaras, expresó que «desde Miami se preparan planes de agresión a Cuba», y pocos días después ocurre la confrontación.

Como bandera falsa, la dictadura vuelve a construir otro plan de agresión para fingir –y así manipular la opinión pública internacional– que cubanos residentes en Miami instigan a la seguridad nacional de la Isla. Sin escrúpulos, al acercarse a costas cubanas, son acribillados para impedir, según el parte oficial, que puedan penetrar y provocar un alzamiento armado.

Casi por siete décadas, la Seguridad del Estado cubana (G-2) se ocupó de construir su propia épica, y Fidel Castro quizá ocupe algunos récord en el libro Guinness, entre ellos «el discurso más largo» y el «mandatario en la historia con más intentos de atentados».

No es solo que muchos enemigos lo prefirieran muerto y fallaran, es que el G-2 necesitaba inventarle una leyenda a Fidel Castro de «elegido intocable» y, a su organismo de Inteligencia, como uno de élite. También con la intención de hacerle creer al mundo, y a los Estados Unidos en particular, que sus acciones de injusticias contra la oposición política estaban justificadas, al ser agredidos por «grupos mercenarios».

En esos planes que ellos mismos trazaban, los comandos que intentaban entrar para librar a Cuba eran asesinados o encarcelados

Lo cierto es que se pasaron décadas repitiendo el mismo esquema. En esos planes que ellos mismos trazaban, los comandos que intentaban entrar para librar a Cuba eran asesinados o encarcelados, según la necesidad de representación teatral que necesitaran usar en el contexto político. Así crearon la imagen del líder imbatible e «invicto», después de robarle el adjetivo más famoso de Hemingway para usarlo en su propaganda política, y el G-2, una de las agencias de Inteligencia más efectivas a la altura de la CIA, el Mossad, el M16 y la KGB.

Todo era una obra de teatro cuyo guion era escrito por la Dirección del G-2, que desde el comienzo de 1960 se ocupaba de infiltrar agentes en Miami y hacer contactos entre cubanos decididos al sacrificio. Grupos proclive a la acción.

Escogía por lo general a los más vulnerables y manipulables: ingenuos, poca preparación académica y cultural, incluso, a veces con retardo mental o con dificultades económicas. Les aseguraban tener grupos dentro de Cuba dispuestos a unírseles una vez que pisaran el territorio nacional, donde se sabotearían las industrias.

Esas infiltraciones apenas lograban avanzar una vez que llegaban porque siempre eran emboscados, en ocasiones decidían no asesinarlos, preferían capturarlos para mostrarse como los agredidos, las víctimas, una narrativa mostrada a través de sus actos circenses en la televisión nacional.

Gracias a esos engaños, muchos de los enrolados han cumplido décadas de encarcelamiento en las peores condiciones

Gracias a esos engaños, muchos de los enrolados han cumplido décadas de encarcelamiento en las peores condiciones, otros continúan hoy en prisiones, algunos con cadena perpetua.

Santoveni y Alvarez, cubanos que cayeron en la trampa del régimen

En 1991, el infiltrado del G-2 Eduardo Díaz Betancourt se le acercó a Daniel Santovenia y a Pedro Álvarez en Miami, asegurándoles que tenía un grupo de hombres en Cuba para unirse a la guerrilla una vez que desembarcaran. Tenía el transporte y el armamento, solo faltaban los patriotas para lograrlo. Santovenia y Álvarez aceptaron puesto que ya tenían fogueo de entrenamiento y esperaban la oportunidad para alistarse a una invasión como la de Playa Girón (1961).

En Miami se les dio una libretica de contactos dentro de Cuba con nombres y teléfonos de aquellos a quienes acudir en caso de emergencia, se les advirtió que tenían que aprendérsela de memoria y luego destruirla. Y eso pensaron hasta que la vieron en el tribunal como prueba de la fiscalía, y quien se suponía que la había destruido era Díaz Betancourt, el mismo que una vez que desembarcaron y comenzaron a introducirse en el territorio de Cárdenas, provincia de Matanzas, insistió en cambiar el plan y tomar otro camino, casualmente, donde los estaban esperando desde hacía tres días para emboscarlos.

En el juicio, Díaz Betancourt aseguró que tenían planes de poner bombas en los círculos infantiles y envenenar manantiales, presas y acueductos, datos falsos que sorprendieron mucho a Santovenia y a Álvarez, que jamás escucharon algo así ni hubieran aceptado hacerlo tampoco; pero era la manera de hacerlos parecer como asesinos dispuestos a todo, y poder aterrar al pueblo de Cuba.

Luego de conmutárseles las penas de muerte a Santovenia y a Álvarez, fueron condenados a 30 años. Díaz Betancourt supuestamente fue fusilado, lo que ellos nunca creyeron, sobre todo porque su familia en Cárdenas era recogida cada cierto tiempo por autos con cierto misterio, y los llevaban para La Habana, se infiere que para el lugar donde lo ubicaron para vivir.

Álvarez y Santovenia cumplieron 27 y 28 años respectivamente, en prisión; pero todos esos años fueron castigados día y noche

Finalmente, Álvarez y Santovenia cumplieron 27 y 28 años respectivamente, en prisión; pero todos esos años fueron castigados día y noche. Primero los mantuvieron en celdas solitarias, luego los pusieron en el pabellón de tuberculosos para intentar contagiarlos, los fueron alternando con el pabellón de los enfermos mentales y de los enfermos de SIDA. El objetivo era aniquilarlos, física o psicológicamente, pero no lo pudieron lograr.

Raibel Pacheco Santos, otro cubano engañado

Y de esa misma manera, continuaron esos espectáculos dolorosos con varios grupos que intentaban repetir el mismo libreto. En 2014, con el mismo modus operandi, Obdulio contactó a Raibel Pacheco Santos, estudiante de tercer año en la universidad de Miami, pero que ardía en deseos de liberar a su Patria.

Obdulio le hizo creer que conocía en Cuba a varios militares radicados en una unidad militar en la provincia de Villa Clara que estaban desilusionados con el régimen y dispuestos a intentar un cambio político. Para lograrlo, levantarían la unidad en armas, y tomarían la prisión cercana para entregarle armamento a los presos. En la misma red pescó a José Ortega Amador y Roberto Rico.

Fue un largo plan de convencimiento hasta lograrlo, los hizo entrar a Cuba por vuelo regular y fueron apresados inmediatamente. En ese entonces estaban las conversaciones secretas de la dictadura con Obama, igual que ahora aseguran que hay conversaciones secretas con el Secretario de Estado Marco Rubio y representantes de la tiranía.

Vale apuntar que Obdulio jamás apareció en el acto oral, y en la petición como en la sanción, para referirse a su declaración y acción en aras de lograr que se realizara la infiltración, se aclaraba como sobrenombre «acusado que no comparece al juicio». Obdulio se evaporó una vez que fueron detenidos.

Pacheco Santos fue condenado a 15 años por «idea infructuosa de acto de rebelión contra el gobierno». Aún cumple sanción. Recientemente, en una prisión de Santiago de Cuba a donde fue trasladado, tres guardias al recibirlo y leer en la tarjeta que se trataba de un contrarrevolucionario, le propinaron una golpiza hasta casi dejarlo muerto. Le han denegado el paso a un régimen de mínima severidad diez veces y la libertad condicional otras tantas. Ortega murió el año pasado.

La Seguridad del Estado cubana, como consejera de los gobiernos de Chávez y Maduro, exportó a Venezuela esta modalidad de autoagresión. Fueron varios los intentos de incursión de comandos que quisieron penetrar por la frontera colombiana, pero siempre, como los casos en Cuba, eran esperados por el ejército chavista.

El último intento de «infiltración» en Cuba ocurrió a fines de febrero del año en curso: las tropas Guardafronteras asesinaron a cuatro tripulantes de una embarcación proveniente de Florida, los otros seis resultaron heridos y permanecen detenidos. En el listado de pasajeros dieron un nombre de alguien que no figuraba, pero es evidente que fue el aviso de Miami y hubo un cambio a última hora.

Según la nota oficial del régimen, en la embarcación militar de Cuba iban un capitán y cuatro tenientes. Las pesquisas con ex guarda fronteras aseguran que jamás en una embarcación hay cinco oficiales. En caso de haber un capitán, a lo sumo algún teniente, porque por lo general es un oficial y el resto de jóvenes del Servicio Militar.

Venganza por los 32 mercenarios que custodiaban a Maduro y que fueron abatidos

Han usado tanto el mismo guion –durante décadas–, que ya pocos se creen el cuento. El objetivo esta vez es, quizá, una venganza por los 32 mercenarios que custodiaban a Maduro y que fueron abatidos por las fuerzas especiales de Estados Unidos el 3 de enero pasado, para levantar la moral de las tropas cubanas ante esa derrota, además de infundir terror entre los cubanos emigrados (quienes anunciaban una flotilla de ayuda a Cuba directa desde Miami) y entre la población dentro de la Isla y, por supuesto, sustentar la narrativa de víctima de una dictadura criminal a la que se han caído las máscaras y en momentos cruciales que pudieran representar su fin.