Los cubanos se rebelan contra el régimen y las protestas se extienden por toda la isla
Los cubanos ya no soporta más miseria ni atropellos. Somos parte de una guerra silenciosa donde morimos en la total indigencia por la falta de atención médica, medicamentos y alimentos
El edificio del Partido Comunista en Morón, Cuba, atacado por manifestantes
Después de que se anunciara –por los medios oficiales–la comparecencia del gobernante cubano, Miguel Díaz-Canel, el pasado viernes a las 7:30 (hora local), donde se informaría de algún misterio importante del régimen, la población cubana de la isla y la diáspora comenzó a especular, como parte de la ansiedad, la desesperación y la desesperanza, intentando adivinar de qué podría tratar el asunto.
Muchos apostaron a la clamada amnistía para los presos políticos; y de esa manera fueron cayendo los demás dardos: renuncia y convocatoria para elecciones libres, incluso, llegaron a opinar que podría ser un vídeo pregrabado y que ya se encontraban (los dictadores) en el exterior; quizá el anuncio de las conversaciones de Estados Unidos con Cuba, y que esta negaba de manera tajante; la muerte de Raúl Castro, entre otros.
El régimen comenzó a asustarse por algunas de las falsas expectativas que se estaban creando y con rapidez comunicaron que liberarían a 51 presos por la Semana Santa –en Cuba existen una de las mayores poblaciones penales per cápita, y más de 1.200 presos políticos–, en un gesto amistoso por mediación del Vaticano, sin especificar si se trataban de presos políticos, evitando que los familiares fuesen en masa a las prisiones a esperarlos.
Y, sin que se entienda el por qué, sacaron una hora antes de lo anunciado, y en diferido, la comparecencia del déspota. Finalmente, anunció lo que todos ya sabíamos: Cuba mantiene conversaciones con Estados Unidos. Desde hacía más de un mes, el presidente Donald Trump lo había asegurado. Y los medios habían seguido el rastro de un avión privado, que transportaba al nieto preferido y guardaespaldas de Raúl Castro, conocido como El Cangrejo, quien había coincidido en viaje aéreo hasta llegar a San Cristóbal y Nieves, donde se encontraba Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos.
Las especulaciones crecieron sobre que el nieto de Raúl se había encontrado, sino con Rubio, al menos con sus asesores. Resultaba inverosímil que fuera este el escogido, por no tener estudios ni conocimientos ni experiencias en asuntos de Estado, y fue tildado, en última instancia, como «el muchacho de los mandados», alguien a quien le habían encomendado llevar un mensaje y traer la respuesta. Pero, al verlo en la comparecencia del gobernante confirmando los contactos, fue la confirmación de su participación en los asuntos, lo que provocó en las redes una avalancha de memes.
En conclusión, el mandatario cubano no aportó nada a la población cubana, a no ser un inventario de la agonía que se padece. De inmediato nos fuimos a las calles a buscar la reacción de los isleños, que casi en su totalidad coinciden en que tienen que abandonar del poder. Tahimí Ávarez, residente en Centro Habana, pidió que se llevaran a Díaz-Canel a la celda contigua a la de Nicolás Maduro. Y que se llevaran también a Raúl Castro con toda su familia.
Pocos decidieron hablar por el terror de estado que se vive a diario. Hubo los «más listos», que fingieron defender al régimen sin mucha convicción, para así asegurar su permanencia fuera de las prisiones. Otro que pasaba y escuchó las preguntas, gritó que quería despertarse con el bum bum (se refería al sonido de las bombas) y siguió de largo. Jorge García López dijo que hasta estaba de acuerdo en ser un daño colateral y perder su vida, si de eso dependía la libertad definitiva para Cuba.
Las redes continuaron encendidas por la burla de que, tanto los altos dirigentes como sus acólitos, aseguraran a través de los espacios oficiales, hasta pocos días antes, que existieran conversaciones entre Cuba y Estados Unidos, contradiciendo lo que afirmaban algunos medios independientes y periódicos norteamericanos; pero nada que extrañar, así ha sido la política de la dictadura desde hace 67 años: el constante engaño y manipulación al pueblo en los asuntos que les atañen directamente.
Muchos de los entrevistados se mostraban ofendidos y coincidían en una frase «por eso ya no les creemos ni las verdades». Y de inmediato llegó la reacción de la población cubana. En muchos lugares de la geografía nacional se multiplicaron las caceroladas para mostrar su desacuerdo con las palabras de Díaz-Canel. Los jóvenes en el municipio de Morón, perteneciente a la provincia de Ciego de Ávila, en el centro del país, fueron más lejos y, después de manifestarse frente a la estación policial, se trasladaron a la sede del Partido Comunista y sacaron los muebles para incendiarlos en la vía pública. Un policía disparó en una pierna a un menor de edad –así consta en múltiples vídeos publicados en redes sociales–, lo que exacerbó el malestar de los protestantes, quienes intentaron propagar aún más el fuego (el físico y el de la rebelión).
A la mañana siguiente se reportaron arrestos como parte de la cacería de la Policía política para localizar a los participantes. Llegan las imágenes de los abusos policiales según los han ido atrapando, los golpean de manera salvaje. El miedo de la dictadura a perder el control y ser ellos los que terminen siendo ajusticiados por el pueblo, es lo que más les aterra. Para impedirlo, han demostrado estar dispuestos a matar.
Más protestas se reportarán en la isla, no solo por el agravamiento de la crisis sino porque los cubanos exigen libertad. Quizá pronto amanezcan la totalidad de los ciudadanos de este archipiélago en las calles. Esperemos que sí, el pueblo de Cuba ya no soporta más miseria ni atropellos. Somos parte de una guerra silenciosa donde morimos en la total indigencia por la falta de atención médica, medicamentos y alimentos. Ojalá que pronto esta agonía termine.