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Noboa y Petro, en pie de guerra por el narcotráfico

La primera batalla fue la imposición de aranceles a los productos colombianos para tratar de forzar al presidente de Colombia a vigilar con rigor la frontera común contra el narcotráfico. Ahora, las bombas, como hizo en su día Álvaro Uribe, son físicas

Act. 18 mar. 2026 - 09:36

Los presidentes de Ecuador y Colombia, Daniel Noboa y Gustavo Petro

Los presidentes de Ecuador y Colombia, Daniel Noboa y Gustavo PetroDavid Díaz

La madrugada del 1 de marzo de 2008, la fuerza aérea colombiana sobrevoló Ecuador. Aviones Super Tucano y helicópteros Black Hawk lanzaron un enjambre de bombas de precisión sobre un campamento de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias). Raúl Reyes, el cabecilla, fue abatido junto a una quincena de guerrilleros en lo que se conoció como Operación Fénix. El Gobierno de Rafael Correa denunció al de Álvaro Uribe por invadir su espacio aéreo y su territorio. Hoy, la historia parece repetirse, pero a la inversa.

Gustavo Petro subió el lunes a sus redes sociales una declaración en la que denunciaba que el Gobierno de Daniel Noboa bombardeó campamentos colombianos en su territorio. El presidente de Colombia no dijo cuándo sucedió, ni entró en detalles sobre si se trataba de asentamientos de grupos de mineros ilegales o de miembros disidentes de las FARC que ahora encuentran tolerancia y refugio bajo su Gobierno. Petro apuntó directamente a Daniel Noboa: «Están bombardeándonos desde Ecuador y no son grupos armados»

El presidente de Colombia advirtió que el episodio se lo había comentado a Donald Trump –tampoco dijo cuándo– y le había pedido su ayuda para que «actúe, llame al presidente de Ecuador» porque «nosotros no queremos ir a una guerra». En la grabación, el antiguo guerrillero del M-19, que ahora ocupa la Casa de Nariño (sede del Ejecutivo colombiano) protestaba: «La seguridad nacional se respeta… La bomba está activa, puede ser peligrosa».

Noboa, que niega los hechos, ha declarado la guerra al narcotráfico y eso supone colocar en la mira a los restos de la narcoguerrilla terrorista de las FARC y el ELN y resto de las bandas que campan a sus anchas en la frontera.

Con Donald Trump como modelo a seguir, el presidente de Ecuador lleva tiempo advirtiendo que «las barreras» territoriales no le van a detener ni a él ni a los presidentes que fueron invitados a la cumbre de Miami para inaugurar un nuevo bloque bajo el Escudo de las Américas. Estas organizaciones armadas se ocultan en la espesura de la selva y cruzan de un país a otro en total libertad.

Noboa salió ayer al paso del tuit de Petro y le respondió: «Presidente Petro, sus declaraciones son falsas; estamos actuando en nuestro territorio, no en el suyo.» A renglón seguido añadió: «Nosotros no daremos un paso atrás. Mientras en Colombia les dan espacio a la familia de Fito, que cruzaron al país en pleno toque de queda nacional, coincidentemente al mismo tiempo que la excandidata Luisa González [correista]. Nosotros seguiremos limpiando y levantando a Ecuador», en alusión al narcotraficante, José Adolfo Macías Villamar, alias 'Fito'.

Gustavo Petro redobló las acusaciones, evito colgar imágenes de esos ataques que denuncia y publicó otro tuit por la tarde donde aseguraba: «... Hay 27 cuerpos calcinados y la explicación no es creíble. Las bombas están en el piso cerca a familias, muchas de ellas han decidido pacíficamente reemplazar sus cultivos de hoja de coca por cultivos legales. Aquí muestro ya los productos de la sustitución: café, chocolate, cacao», escribió junto a una imagen de chocolatinas.

El precedente más reciente

En 2008 el gobierno de Álvaro Uribe arrinconó a las FARC y al ELN (Ejército de Liberación Nacional). Durante su gestión profundizó en el Plan Colombia suscrito con Estados Unidos y logró mermar las fuerzas de los dos movimientos narcoterroristas más antiguos del continente. A Juan Manuel Santos –al que luego acusaría de traidor por banquear alas FARC– le nombró al frente del ministerio de Defensa y con él en ese puesto bombardeó el campamento de Raúl Reyes en Ecuador.

El resultado de aquella operación, además de las bajas de los guerrilleros, se tradujo en la incautación del ordenador de Reyes así como de otros equipos informáticos y discos duros. La Operación Fénix fue un éxito militar que ayudó al desmantelamiento de no pocas unidades de las FARC. El precio que tuvo que pagar Uribe por intervenir en territorio ecuatoriano, mediante la fuerza Aérea y posteriormente con la incursión terrestre de sus soldados, se concretó en República Dominicana y en San Carlos de Bariloche (Patagonia argentina).

En la Cumbre de Río de Dominicana, en marzo de 2008, las discusiones fueron airadas y Uribe encajó las acusaciones con justificaciones del bombardeo, por imperativa necesidad para defender a Colombia del flagelo del narcoterrorismo que vivía plácidamente bajo el paraguas de Rafael Correa, aunque admitió haber violado la soberanía territorial ecuatoriana.

En la reunión de UNASUR (Unión de Nacionales Suramericanas) el presidente de Colombia demostró su formidable capacidad dialéctica y de defensa ante el bombardeo verbal del eje bolivariano que formaban entonces, Hugo Chávez, Luiz Inacio Lula Da Silva, Fernando Lugo y Rafael Correa con apoyo de Michelle Bachelet. Como recordaría posteriormente Uribe, Cristina Fernández, anfitriona de aquella cumbre y presidenta de Argentina, no fue excesivamente beligerante con él. Tampoco el peruano Alan García, el político que terminaría dándose un tiro en la sien y que era conocido por su afilado verbo.

En ningún caso el presidente de Colombia y su ministro de Defensa recibirían una sanción penal concreta por aquella operación militar. El efecto colateral fue que Colombia rompió temporalmente relaciones con Venezuela y Ecuador. Rafael Correa tuvo que conformarse con el derecho al pataleo y asumir que esa decisión perjudicó económicamente más a su país que a Colombia. Las FARC entendieron entonces que con Uribe presidente no estaban seguras.

Hoy el escenario, a la inversa, recuerda aquel episodio, pero con Donald Trump en la Casa Blanca.

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