El día a día en Doha: entre alarmas de misiles y paseos por La Perla
Se escuchan los misiles, lejos, pero potentes que, en función de la zona de la ciudad, hacen retumbar más o menos los cristales. Y pasados, de nuevo, unos minutos, los móviles vuelven a resonar diciendo que la amenaza ha sido eliminada
En el último día del Ramadán las tiendas siguen abiertas al público, aunque con escasas visitas de clientes
La gente amanece hoy en Doha a las 6.05 con las alarmas de sus teléfonos móviles sonando a todo volumen, como ocurre desde hace diez días, cada vez que un misil se acerca: «La amenaza de seguridad es elevada. Todo el mundo debe permanecer en sus casas y sitios seguros y quedarse lejos de las ventanas, cristales, fachadas o áreas expuestas hasta que la amenaza haya pasado para preservar la seguridad pública».
Unos minutos después, se escuchan los misiles, lejos, pero potentes que, en función de la zona de la ciudad, hacen retumbar más o menos los cristales. Y pasados, de nuevo, unos minutos, los móviles vuelven resonar diciendo que la amenaza ha sido eliminada.
La gente mira ropa en una tienda en Doha
Este es el día a día de la gente de Qatar. Locales y expatriados, todos se ven expuestos a esta rutina diaria que empezó el 28 de febrero.
Se cerraron los colegios y los trabajos de oficina pasaron en mayor parte a ser online
Después de los bombardeos de la primera semana que atemorizaron mucho más a la población civil, por desconocidos y atronadores, se cerraron los colegios y los trabajos de oficina pasaron en mayor parte a ser online. Coincidiendo, además, con Ramadán, cuando los horarios de trabajo y escuela se reducen para respetar el ayuno musulmán, el nivel de comprensión de empleadores y educadores se ha elevado considerablemente pues muchos ciudadanos no pudieron o no se atrevieron a ir a trabajar, y muchos niños tuvieron verdadera ansiedad como para poder conectarse alegremente a las clases.
Evacuaciones
También esa semana se cerró el espacio aéreo, así que muchas empresas evacuaron a las familias de sus empleados llevándolas en autobús hacia Riyadh y desde ahí tomaron sendos vuelos hacia Europa de vuelta a sus países. Otros civiles, por su cuenta, hicieron lo propio echándose al desierto para hacer un viaje por Arabia Saudí de 12 horas en muchos casos cuando en situaciones normales son algo más de seis, sin tener la certeza de lo que pudiera ocurrir con el espacio aéreo del país vecino.
La gente compra dulces en un mercado en Doha
Casi tres semanas después de que empezara la guerra entre Irán y Estados Unidos-Israel, el espacio aéreo sigue cerrado, aunque de manera controlada, salen algunos vuelos diarios hacia Europa y Asia y algunos otros llegan a Doha sin problema. Las autoridades locales recomiendan que la gente permanezca en sus casas y lleve una vida de perfil bajo, esto es, saliendo para lo estrictamente necesario.
Sin embargo, cuando se sale, la vida parece normal. Marzo es uno de los mejores meses en cuanto a temperatura en Qatar. Con días en que los termómetros llegan a los 28 grados, hay gente en las piscinas y paseos. Los hoteles y restaurantes no han disminuido su oferta, aunque, por supuesto, se adhieren a todas las medidas de seguridad cuando se produce una amenaza, pero es corriente ver familias paseando normalmente por las zonas residenciales o empleados trabajando en las carreteras o jardines, mientras se escucha un misil en el cielo. Sin ser una ciudad fantasma porque hay gente por la calle y coches en las carreteras, pero sin ser la ciudad de siempre que, sobre todo por las noches, es un hervidero de gente en el puerto de La Perla, el zoco -Souk Waqif-, el barrio cultural de Katara o centros comerciales como Place Vandome o Doha Festival City, es innegable que en Doha se respira cierta tranquilidad.
Preparando la comida en un resturante de la ciudad
Los supermercados, farmacias y hospitales están a pleno rendimiento y no hay problemas de abastecimiento.
Sin subidas de precios
Metro, autobuses y ubers no han dejado de trabajar, tampoco se aprecia una subida en los precios de la gasolina u otros productos esenciales y, con relativa facilidad, quien lo desee puede ir cogiendo un avión que le lleve a sus países. Otros, sobre todo los que quieren salir de Qatar con sus mascotas, están teniendo más problemas por un tema burocrático y de salud pública. Pero, en líneas generales, quien quiere irse, puede irse. Y quien quiere quedarse, se queda.
Entre la colonia de expatriados, la ayuda y el apoyo es inagotable, aparte del trabajo de las embajadas que, si bien no pudieron ocuparse de los asuntos «corrientes» consulares durante los primeros días, están volviendo poco a poco a la normalidad. Como muchos trabajos, que vuelven a ser presenciales. Algo sobre lo que puntualmente van informando las autoridades locales que no cejan en su empeño de mantener a la población informada y tranquila sobre todo lo que va sucediendo y que están demostrando ser un ejemplo de diligencia consiguiendo lo más importante en una situación extrema como ésta: que la población se sienta segura.
A unas horas de que acabe el Ramadán y los horarios comerciales vuelvan a ser, aproximadamente, de 10 de la mañana a 12 de la noche, la población civil espera con muchas ganas la confirmación de que los colegios vuelvan a tener las clases presenciales.
Hasta ese momento, continúa la incertidumbre, sobre todo para muchas familias que siguen esperando en sus países de origen a regresar con sus hijos. Pero, los que no se han ido, los que esperan en el país que es ahora su casa a que todo esto se arregle de manera diplomática lo antes posible, son desde el primer día, un apoyo mutuo de información y ayuda. Una manera de recordarse que no están tan solos, ni tan locos. Una resistencia necesaria.