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Dos escolares iraníes visten uniformes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI)NurPhoto via AFP

Muere el primer niño soldado en Irán de 11 años por un ataque contra un puesto de control en Teherán

La semana pasada, el régimen de los ayatolás anunció un plan de reclutamiento que rebaja la edad mínima requerida para unirse como «voluntarios» al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán (CGRI) a los 12 años

En plena guerra contra Estados Unidos e Israel, la República Islámica de Irán anunció la semana pasada que había puesto en marcha un plan de reclutamiento que rebaja la edad mínima requerida para unirse como «voluntarios» al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán (CGRI) a los 12 años. «Teniendo en cuenta la edad de quienes solicitan unirse, hemos reducido la edad mínima a 12 años, porque niños de 12 y 13 años quieren participar», justificó el pasado viernes el comandante del CGRI, Rahim Nadali. Esta política de recurrir a niños soldados ya se ha cobrado su primera víctima. Alireza Jafari, de 11 años, murió en un puesto de control de la capital tras ser alcanzado por los ataques aéreos lanzados por Estados Unidos e Israel.

La organización de derechos humanos Hengaw, con sede en Noruega, ha denunciado que el reclutamiento de menores por parte de la Guardia Revolucionaria es un «crimen sistemático contra los niños», además de constituir una clara violación de sus derechos. Jafari era un estudiante de quinto curso al que, según declaraciones de su madre, en una entrevista al periódico Hamshahri –afiliado al régimen iraní–, su padre le había llevado a dicho puesto de control de las milicias Basij –un cuerpo de voluntarios dependiente del CGRI– debido a la «falta de personal». El niño falleció hace unos días como consecuencia de un ataque con drones contra el puesto en la autopista de Artesh.

Alireza Jafari, de tan solo 11 años, muerto en un puesto de control en IránHengaw

La propia milicia Basji confirmó la muerte del menor de tan solo 11 años «mientras estaba de servicio». Como recuerda Hengaw, las autoridades iraníes han lanzado recientemente una campaña masiva de movilización, sobre todo en Teherán, bajo el lema «Defensores de la patria, combatientes por Irán». En la convocatoria se dirigen explícitamente a los «ciudadanos mayores de 12 años» a los que animan a inscribirse para participar en actividades «operativas, de apoyo, logísticas y de patrulla en puestos de control». Desde el inicio del conflicto, el pasado 28 de febrero, las Fuerzas de Seguridad iraníes han multiplicado los puestos de control en las principales ciudades del país para evitar cualquier manifestación contra la República Islámica, como las vividas durante los meses de diciembre y enero.

Como consecuencia, estos controles han sido un objetivo recurrente de los drones israelíes y estadounidenses durante este mes de guerra. Estos puestos están generalmente controlados por los Basij, una milicia formada por más de medio millón de voluntarios a la que se le atribuye la brutal opresión ejercida contra los civiles y que se han convertido en un pilar fundamental de la represión. Con todo, Irán cuenta con unos 600.000 soldados en servicio activo, divididos entre el CGRI y el Ejército regular, a lo que hay que sumar unos 350.000 reservistas y los voluntarios de la milicia Basij, según datos del Instituto de Estudios Estratégicos (IISS).

Mientras que Teherán trata de reclutar a más soldados, sin importar la edad, para hacer frente a sus grandes enemigos, aprovecha la guerra para hacer efectivas las penas de muertes contra opositores y manifestantes. Este lunes la organización de derechos humanos Iran Human Rights (IHR) denunció la ejecución de los presos políticos Akbar Daneshvarkar y Mohamad Tagavi Sangdeh, que habían sido sentenciados por supuesta rebelión armada. Diez días antes, el régimen iraní ya se había cobrado la vida de los tres primeros condenados por las protestas del mes de enero. Los tres hombres, entre ellos el campeón de lucha libre Saleh Mohammadi, fueron ahorcados en la ciudad santa de Qom, acusados por el delito de moharebeh (enemistad contra Dios), lo que conlleva automáticamente la pena de muerte.