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Alsacia no quiere la independencia; quiere, pese a las tensiones en Francia, volver a ser la región que era

La Asamblea Nacional ha aprobado en primera lectura la ruptura de la región Gran Este

Act. 13 may. 2026 - 09:25

Imagen de una votación en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo (Francia)

Imagen de una votación en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo, capital de Alsacia (Francia)Europa Press

Conviene precisar, de entrada, que Alsacia –capital Estrasburgo– no pretende, en absoluto, independizarse de Francia. Menos aún volver a formar parte de Alemania, que la anexionó entre 1871 y 1918 y –por orden directa de Adolf Hitler– entre 1940 y 1944.

Pero sí pretende recuperar una singularidad desaparecida en 2016, cuando el entonces presidente de la República, el socialista François Hollande, impulsó una reforma territorial que rebajaba el número de regiones de 23 a 13. Alsacia tuvo que fusionarse con Lorena y Champaña Ardenas para formar la región Gran Este.

Una reforma que nunca terminó de ser aceptada por amplios sectores de la opinión pública alsaciana y de la clase política alsaciana. Las ansias de singularidad no son nuevas. «Me parece que ya en 1968 se habían mantenido conversaciones sobre la fusión de las provincias de Bajo Rin y Alto Rin para crear una sola entidad. Sin embargo, este proyecto se quedó en la fase de idea», explica a El Debate el abogado Jean Paillot, afincado en Estrasburgo.

La primera satisfacción de aquellas demandas se produjo en 1974, cuando empezaron a funcionar los Consejos Regionales: el alsaciano era uno de los 23. La presión alsaciana redobló en 2013, año del primer proyecto de «colectividad única», es decir, la fusión de las dos provincias para crear una entidad que gestionase conjuntamente las competencias regionales y provinciales.

Se celebró una consulta al respecto. «El Alto Rin, y en particular el alcalde de Colmar, hicieron campaña por el no», recuerda Paillot. «Al final ganó el sí –añade–, pero al no alcanzarse el quórum necesario, la fusión no se llevó a cabo en ese momento. El voto negativo de Colmar se debió fundamentalmente al temor de que Estrasburgo eclipsara a las demás ciudades».

Por fin, en 2019, con la reforma territorial de Hollande ya en vigor, se creó la «Colectividad Europea de Alsacia»: a partir de 2021, las dos provincias dejaron de existir. Por lo que el Gran Este quedo configurado por varias provincias –las de Lorena y Champaña Ardenas– y una colectividad que representaba a las dos provincias. Es el marco que sigue imperando. Mas no termina de satisfacer a una porción importante de alsacianos.

De ahí que una exitosa campaña llevada a cabo por políticos alsacianos de diversa procedencia ideológica haya desembocado, el pasado 8 de abril, en la aprobación en la Asamblea Nacional, por 131 votos frente a 100, de una propuesta de ley encaminada a volver a hacer de Alsacia una región plena. Ahora está siendo examinada por los senadores.

Según la propuesta, la actual Colectividad Europea de Alsacia se convertirá en una sola entidad, con estatus especial, regida por el artículo 72 de la Constitución. La nueva entidad ejercerá competencias tanto provinciales como regionales, dejando de formar parte del Gran Este. Los diputados, eso sí, han especificado las condiciones para la creación de esta entidad y los procedimientos para sustituir las entidades existentes por la nueva. De ahí que la propuesta de transformación del estatus de Alsacia deba someterse a referéndum local de los votantes inscritos en el censo electoral alsaciano.

Como apunta el abogado Paillot, «el problema radica en lo siguiente: ambas provincias alsacianas son relativamente pequeñas en comparación con el promedio del resto de provincias francesas. Además, forman una unidad distinta, con una historia, dialectos y cultura similares. Por lo tanto, la idea de fusionarlos resulta obvia. Tampoco se puede obviar la vertiente económica: Alsacia fue, durante largas décadas, una región puntera en materia de dinamismo económico.

Estrasburgo, más allá de albergar diversas instituciones europeas, es también la sede del segundo puerto fluvial de Francia –solo por detrás del de París– y acoge en su seno a varias industrias punteras. Sin olvidar a una extensa red de pymes a lo largo y ancho del territorio alsaciano. El nivel de vida y riqueza de los alsacianos sigue entre los más altos de Francia. «Los alsacianos consideran que no necesitan a Lorena [región en decadencia económica] ni Champaña Ardenas [que carece de la misma pujanza, pese a la proyección planetaria del champán] para mantener una posición económica importante», concluye Paillot.

Mas muchos presidentes de regiones francesas –empezando por los de Isla de Francia, capital París, y también de Provenza Alpes Costa Azul– temen que devolver a Alsacia a su anterior estatus abra una caja de Pandora a nivel nacional. El asunto no ha hecho más que empezar.

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