Fundado en 1910

León XIV y la guerra justa

Los conflictos ya no se luchan por tierra, mar y aire (y espacio), sino que ahora también se juegan en el ciberespacio y en el campo del dominio de la opinión pública

El Papa León XIV habla con los fieles en la Catedral Metropolitana de la Asunción de María junto a la estatua de San Genaro (patrono de Nápoles) en Nápoles, Italia

El Papa León XIV, en la Catedral Metropolitana de la Asunción de María, en Nápoles, ItaliaEFE

En su primera encíclica, centrada en la Doctrina Social de la Iglesia, León XIV no ha querido dejar la oportunidad de hablar de la guerra. En su número 192, el Papa habla de la guerra en estos términos: «Hoy más que nunca es importante reiterar la superación de la teoría de la 'guerra justa', invocada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra».

A simple vista podría parecer que el Papa rechaza la multisecular figura de la «guerra justa», pero nada más lejos de la realidad. Lo que en realidad pide es que no se manosee dicho término para justificar las guerras cuando estas nos interesan y denostar al adversario cuando blande exactamente el mismo argumento. Así, lo que el Papa hace no es desarmarnos moralmente ante un agresor, sino llamarnos la atención sobre el abuso del término en cuestión, abuso que puede llevarnos a un uso inmoral del mismo.

Ese apartado de la encíclica comienza, precisamente, resaltando con la «dimensión mediática y digital» de la guerra: «Así, la guerra no sólo se libra, sino que también se prepara culturalmente a través de narrativas simplistas, lógicas de amigo-enemigo, desinformación y miedo». Hace cosa de veinte años nadie habría creído que hoy estamos a punto de entrar en guerra abierta contra Rusia por Ucrania.

Y, sin embargo, cada día se nos presenta a Rusia como un enemigo al que hay que odiar, el Mal al que nos tenemos que enfrentar. Ya no se busca un acuerdo, un entendimiento… El tiempo de las buenas palabras y de la diplomacia va dejando paso, poco a poco, al tiempo de las armas y la guerra. De ahí la conclusión a la que llega León XIV y que señalaba antes: corremos el riesgo abusar de la «guerra justa» cuando en realidad, quizás, las guerras que hoy se libran en el mundo –y las que podrían empezar en breve– tienen poco de «justas».

La primera palabra que pronunció León XIV en público como Papa, desde el balcón de San Pedro, fue «Pax». «Pax vobiscum», más concretamente. No como saludo protocolario, ni siquiera litúrgico, sino como mensaje programático. Vuelvan a ver ese momento de su primer saludo desde la logia vaticana: no improvisó; leyó. Era un discurso escrito. Bien pensado, bien meditado, bien orado.

En el número 110 de esta encíclica afirma: «Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva». Esta frase enlaza con lo que acabamos de decir de la narrativa. Se trata del dominio cognitivo. Las guerras ya no se luchan por tierra, mar y aire (y espacio), sino que ahora también se juegan en el ciberespacio y en el campo del dominio de la opinión pública.

Sobre esta cuestión de la opinión pública, de la preocupación de lo que «la gente» piensa, hay decenas de miles de libros y de artículos escritos. Sin exagerar. En los regímenes autoritarios, donde hay menos libertad de información, puede que este concepto tenga menos importancia, aunque sin duda la tiene. Sin embargo, donde juega un papel crucial es en los sistemas donde hay elecciones periódicas –llamémosle «democracias»–, pues el gobernante de turno se juega no sólo su reelección, sino que le dejen gobernar en paz, sin alborotos ni protestas callejeras, siempre tan molestas y peligrosas, capaces de hacer caer gobiernos. Por eso Joseph Nye señalaba el peligro del sharp power, el poder afilado de las autocracias que quieren minar la credibilidad de las instituciones de países democráticos para que pierdan el apoyo popular.

Y ahí estamos nosotros, y no nos damos cuenta, siendo sometidos a propagandas diversas de los actores en conflicto, conscientes ellos de la importancia de sumar convencidos a sus filas y restarle apoyos a los contrarios, pues eso se traduce en más dinero para comprar armamento y en respaldo diplomático que rompa el asilamiento internacional, tan odioso para quienes ocupan posiciones de poder.

El Papa, así, nos invita a no caer en la tentación de justificar moralmente las guerras que quizás no la tengan y reconozcamos que muchas veces hemos empezado en la Historia contiendas que en realidad obedecían a intereses más pedestres y peregrinos.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas