Polonia estudiará retirar la máxima condecoración del país a Zelenski
Karol Nawrocki abre la puerta a retirar una de las máximas distinciones polacas al presidente Zelenski por los homenajes al Ejército Insurgente Ucraniano (UPA)
Zelenski y Narocki el 19 de diciembre de 2025 en Varsovia
Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, Polonia se convirtió en uno de los aliados más firmes de Kiev. Millones de refugiados cruzaron la frontera polaca, Varsovia se transformó en uno de los principales centros logísticos de la ayuda occidental y los dirigentes de ambos países exhibieron una sintonía política pocas veces vista en la historia reciente de Europa del Este.
Sin embargo, bajo esa alianza estratégica siempre permaneció una cuestión sin resolver. Una herida histórica que nunca llegó a cerrarse del todo y que, cada cierto tiempo, reaparece para recordar que la geopolítica y la memoria nacional no siempre avanzan por el mismo camino. Esa herida se llama Volinia.
Más de ochenta años después de las matanzas que enfrentaron a polacos y ucranianos durante la Segunda Guerra Mundial, el pasado ha vuelto a irrumpir en el presente. Y lo ha hecho de la mano del presidente polaco, Karol Nawrocki, quien ha anunciado que promoverá el estudio de una posible retirada de una de las más altas distinciones concedidas a Volodímir Zelenski: la Orden del Águila Blanca, la máxima distinción del Estado polaco y una de las más antiguas y prestigiosas de Europa, que fue concedida al presidente ucraniano el 5 de abril de 2023 por el entonces presidente de Polonia, Andrzej Duda, durante una visita oficial del mandatario ucraniano a Varsovia en pleno contexto de la invasión rusa.
El Gobierno polaco de entonces justificó el reconocimiento por su contribución al fortalecimiento de las relaciones entre Polonia y Ucrania, por su papel en la defensa de la seguridad europea y por su liderazgo al frente de la resistencia ucraniana frente a la agresión rusa. La distinción simbolizó el momento de máxima cercanía política entre ambos países, cuando Polonia se había convertido en uno de los principales aliados de Kiev dentro de Europa.
Ahora, la iniciativa de revocar esa distinción ha causado una enorme conmoción política en ambos países. El presidente Nawroki ha anunciado el inicio del procedimiento para estudiar retirar esa condecoración y ha solicitado que el asunto sea examinado por el Capítulo de la Orden, el órgano encargado de supervisar y asesorar sobre las máximas condecoraciones estatales.
¿El motivo? El presidente ucraniano ha firmado un decreto para que el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA) sea reconocido como los «Héroes de la UPA», una figura que desde el inicio de la guerra se ha convertido en símbolo de resistencia ucraniana.
La Orden del Águila Blanca es la principal orden polaca y posee un enorme valor simbólico para el país, y las revocaciones han sido históricamente excepcionales, precisamente por ello, el mero hecho de abrir el debate ya constituye un mensaje político de gran relevancia.
Volinia y Galicia Oriental
Volinia y Galicia Oriental eran regiones de enorme diversidad étnica donde convivían polacos, ucranianos, judíos, armenios y otras comunidades. Tras la Primera Guerra Mundial, aquellos territorios quedaron integrados en la nueva República de Polonia, aunque una parte importante de la población ucraniana aspiraba a formar un Estado propio.
Las tensiones nacionalistas crecieron durante el periodo de entreguerras y se agravaron con la ocupación alemana y soviética iniciada en 1939. En ese contexto, dirigentes nacionalistas ucranianos comenzaron a considerar que la presencia de población polaca constituía un obstáculo para la futura creación de una Ucrania independiente.
Entre 1943 y 1945, unidades del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA) y grupos asociados desarrollaron una campaña de ataques contra aldeas y asentamientos polacos. Los objetivos fueron principalmente civiles: familias enteras, campesinos, mujeres, ancianos y niños. Los historiadores coinciden en que se produjo una operación sistemática destinada a expulsar o eliminar a la población polaca de amplias zonas del territorio. Las estimaciones sobre el número de víctimas varían según las investigaciones, se acepta ampliamente que murieron decenas de miles de civiles polacos. También hubo represalias contra aldeas ucranianas llevadas a cabo por grupos armados polacos y unidades de autodefensa, que provocaron miles de víctimas entre la población ucraniana.
La jornada más recordada es el 11 de julio de 1943, conocida en Polonia como el «Domingo Sangriento», cuando decenas de localidades fueron atacadas de forma simultánea.
La controversia actual no gira tanto en torno a los hechos como a su interpretación. En Polonia existe un amplio consenso político y social en considerar aquellas matanzas como un genocidio contra la población polaca. El Parlamento polaco adoptó oficialmente esa calificación en 2016. Para Ucrania, aunque numerosos historiadores reconocen la responsabilidad de la UPA en las matanzas, existe un debate mucho más intenso sobre la definición jurídica de aquellos acontecimientos.
Algunos investigadores hablan de limpieza étnica, otros de guerra interétnica y otros sostienen que se trató de una tragedia compleja en la que ambos pueblos sufrieron pérdidas, aunque no necesariamente en la misma escala.
Durante décadas, Varsovia y Kiev han intentado construir una memoria compartida. Hubo declaraciones conjuntas, ceremonias de homenaje y proyectos de investigación histórica. En muchos momentos pareció que la reconciliación avanzaba. Sin embargo, nunca terminó de completarse.
La apertura de fosas comunes, la identificación de víctimas, la colocación de monumentos y el reconocimiento explícito de responsabilidades continúan siendo asuntos sensibles. La guerra desencadenada por Rusia permitió aparcar temporalmente estas diferencias. La amenaza común empujó a ambos países a estrechar su cooperación como nunca antes. Pero la iniciativa abierta por el actual presidente polaco demuestra que la historia sigue presente.
La memoria de Volinia
Para muchos polacos, la memoria de Volinia forma parte de la identidad nacional y exige un reconocimiento claro de los crímenes cometidos. Para numerosos ucranianos, la UPA sigue siendo uno de los símbolos de la lucha por la independencia nacional frente a las grandes potencias que dominaron el país.
Para Nawrocki la exaltación y reconocimiento que quiere otorgar Zelenski al UPA dificulta cualquier reconciliación duradera entre ambos pueblos y envía un mensaje incompatible con la memoria de las víctimas. La reacción de Nawrocki no puede entenderse sin conocer su trayectoria. Antes de llegar a la Presidencia de la República, fue director del Instituto de la Memoria Nacional de Polonia, una de las instituciones más influyentes del país en materia de investigación histórica y memoria de los crímenes cometidos durante el siglo XX.
A diferencia de otros dirigentes cuya carrera se ha desarrollado principalmente en la política o la administración, Nawrocki ha construido buena parte de su perfil público alrededor de cuestiones históricas. Entre ellas, la investigación de los crímenes cometidos contra ciudadanos polacos durante la ocupación nazi y soviética. Por ello, la cuestión de Volinia ocupa un lugar central en su discurso político.
Una relación compleja
La decisión no implica un cambio en la posición polaca respecto a la guerra de Ucrania. Nawrocki ha reiterado en diversas ocasiones que la seguridad de Ucrania sigue siendo una cuestión estratégica para Polonia. Ambos países continúan compartiendo intereses fundamentales frente a Rusia y mantienen una estrecha cooperación en materia de seguridad.
Sin embargo, el presidente polaco considera que el apoyo a Ucrania no debe impedir abordar cuestiones históricas que siguen siendo extremadamente sensibles para millones de polacos.
En realidad, esta tensión no es nueva. Durante años, Varsovia y Kiev han logrado cooperar en numerosos ámbitos mientras mantenían profundas diferencias sobre la interpretación de determinados episodios de la Segunda Guerra Mundial.
Varsovia es uno de los principales defensores de Kiev dentro de la Unión Europea y de la OTAN, mientras que Zelenski es visto por gran parte de Occidente como el rostro de la resistencia frente a Moscú.
La posibilidad de que esa misma condecoración pueda ahora ser objeto de revisión muestra hasta qué punto las cuestiones históricas siguen teniendo peso en Europa oriental.