Jeffrey Epstein Y Karyna Shuliak en la Ópera Metropolitana de Nueva York
La historia de la dentista bielorrusa que heredará gran parte de la fortuna de Jeffrey Epstein
El acusado de tráfico sexual consiguió que Karyna Shuliak accediera a la prestigiosa Universidad de Columbia facilitándola los temas del examen de acceso
Karyna Shuliak es una de las figuras más intrigantes del caso Epstein. Con 20 años, la bielorrusa aterrizó en Nueva York con un visado de estudiante temporal y la esperanza de mejorar su inglés. Su verdadero sueño: ser dentista. Ahora forma parte del testamento de Jeffrey Epstein.
Tras nueve meses viviendo en los Estados Unidos, una joven siberiana la presentaría a Jeffrey Eppstein. Originalmente, la mujer esperaba reclutar a Shuliak para, presuntamente, dar masajes con connotaciones sexuales. Así lo ha confirmado la propia mujer, manteniendo el anonimato, al New York Times.
Después de varias conversaciones, Shuliak se habría reunido con Epstein en su mansión en Manhattan. Sus primeros encuentros se ajustaban al patrón que él seguía con otras mujeres. No tardó mucho en ofrecerla ayuda para convertirse en dentista.
Los correos electrónicos demuestran que la joven se resistió durante los primeros meses y no mostró interés en las tentadoras ofertas del pederasta fallecido. «Creo que eres una persona extraordinaria y es bueno saber que quedan personas en el mundo que se preocupan por el resto como lo haces tú» afirmó la bielorrusa en un correo de 2011 a Epstein. Pero añadió que no podía recibir su ayuda debido a «ciertas ideas que persisten en mi mente, por muy estúpidas que parezcan».
No se llegó a especificar qué fue lo que le molestó. Su encuentro tuvo lugar después de que Epstein se declarara culpable de solicitar prostitución a una menor de edad y de abusar de decenas de ellas, por lo que se sospecha que se trataba de este hecho.
Según el relato del New York Times el magnate siguió insistiendo e invitó a la bielorrusa a ver «El Rey León» en Broadway, un paseo panorámico en helicóptero por Manhattan y varias cenas en restaurantes de lujo.
En julio de 2011, visitó su rancho en Nuevo México y unos meses después fue a su residencia privada en las Islas Vírgenes de Estados Unidos. Para entonces, la relación había florecido y a finales de 2012 aceptó la ayuda de Epstein para cumplir su sueño de ser dentista. Inicialmente, la Facultad de Medicina Dental de Columbia la rechazó entonces Epstein le pidió a su propio dentista, un influyente exalumno, que le pusiera en contacto con el decano de la facultad.
El magnate habría ofrecido donar hasta 10 millones de dólares (8 millones de euros) a dicha casa de estudios. Al final, solo donó unos 210.000 dólares (184 mil euros aproximadamente) a Columbia, según el informe de la propia universidad. Y consiguió filtrar los temas del examen de admisión a la joven.
Algunos de los correos electrónicos que el Departamento de Justicia publicó, y analizados por The Times, retratan el tipo de relación que ambos mantenían. En ocasiones discutían por su insistencia de tener relaciones sexuales con otras mujeres jóvenes. «Si no es mucho pedir, disfrútalo, pero mantenme alejada. Estaré contigo pase lo que pase, siempre y cuando seas feliz. Te amo» escribió la joven.
En 2012 Shuliak había excedido el tiempo permitido por la visa de estudiante que obtuvo. Para principios de 2013, el acusado de tráfico sexual de menores obligó a una de sus víctimas, de origen estadounidense, a casarse con la bielorrusa para conseguir la tarjeta de residencia. Tras la boda, Shuliak pudo conseguir el permiso de residencia. Un año después se divorció.
La boda de Karyna Shuliak y la mujer con la que se casó en 2013.
Aparentemente el matrimonio era legal. Ambas tenían un piso en el barrio neoyorquino del Upper East Side, propiedad del hermano de Epstein, y compartían una cuenta bancaria. Según un informe publicado por los demócratas del Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental de la Cámara de Representantes, la exesposa de Shuliak afirmó haber sido obligada a casarse.
Tras graduarse en 2015 obtuvo su licencia de dentista. No hay constancia de que ejerciera activamente, pero sí de que administrara parte de las propiedades de Epstein y a su personal.
Poco antes de su muerte, Jeffrey Epstein modificó su testamento y le dejó gran parte de su fortuna a Shuliak, a parte de su gran anillo de diamantes con el que planearía casarse con ella, según una nota escrita a mano en su testamento.