El lamentable legado de Gabriel Boric en Chile
La izquierda cuando no gobierna, obstruye. A eso se dedican, esperando volver al poder y a vivir del Estado
José Antonio Kast junto a Gabriel Boric, durante la ceremonia de investidura en Valparaíso
Hace algo más de tres meses, asumió en Chile un nuevo Gobierno, presidido por José Antonio Kast. Con el paso de los días, los nuevos ministros y autoridades regionales, se han ido encontrando con sorpresas mayúsculas, que dan cuenta de la irresponsabilidad y la falta de respeto a los ciudadanos del Gobierno de ultraizquierda liderado por Gabriel Boric. En efecto, las arcas fiscales escuálidas, con un déficit muy superior a lo presupuestado.
Cifras adulteradas, interminables listas de espera para operaciones de urgencia en la salud pública, liceos emblemáticos repletos de activistas y planes de reconstrucción por catástrofes paralizados. A lo anterior se suma una situación de seguridad interna terrible y miles de funcionarios amigos enquistados en el Estado. En lo referente a crecimiento económico, muy malos resultados y un ambiente empresarial pesimista. Costes laborales crecientes por disminución de la jornada laboral y presiones indebidas para aumentar el salario mínimo. Las grandes ciudades con mucho comercio ilegal en las calles y sectores ocupados por mafias.
Boric y su Gobierno han sido una vergüenza para los chilenos. No obstante, el saliente presidente ha tenido la desvergüenza de participar en el foro progre de Barcelona, junto al futuro convicto Zapatero. También fue a Alemania y al Reino Unido para dar charlas. Es como de película la falta de pudor. Incluso, manifestó su disposición a ser en el futuro nuevamente candidato a la Presidencia de Chile, si es que tiene los apoyos necesarios. Boric dejó en Chile un país debilitado, propició la flojera y la adicción a los subsidios del Estado. Incluso ahora ha criticado los esfuerzos del Gobierno para cobrar el crédito CAE –crédito con aval del Estado– a todos aquellos que estudiaron y hoy trabajan y no han pagado el crédito que se les otorgó.
En resumen, y con dolor, podemos afirmar que los chilenos fuimos gobernados por un payaso, que además se vestía como tal. Afortunadamente hoy nos gobierna un presidente responsable, que está cambiando la forma y el fondo de cómo debe gobernarse en un país decente. En sus primeros tres meses, ha tomado medidas impopulares como aumentar el precio de los combustibles tras la guerra en Irán y también ha ido de frente para restaurar el orden público y el respeto a las instituciones.
Kast está tramitando en el Congreso, una ley de reconstrucción nacional, que pretende cambios en impuestos, en plazos de aprobación de proyectos y en agilizar el aparato estatal en beneficio de los contribuyentes y de los ciudadanos en general. Lo que le importa al nuevo Gobierno es que Chile crezca, se elimine la inmigración ilegal y se recupere la seguridad interna. La izquierda cuando no gobierna, obstruye. A eso se dedican, esperando volver al poder y a vivir del Estado. Afortunadamente, todo indica que Chile recuperó la senda que le llevará al desarrollo.