Fundado en 1910

El terremoto de la Venezuela de Delcy Rodríguez saca a la luz el lado más oscuro del régimen

El auxilio no llega a distancias de apenas seis kilómetros, las carreteras, los servicios de bomberos y el equivalente a protección civil –o similar– se desesperan ante la falta de infraestructuras y recursos mientras la gente termina de morirse entre amasijos de hierros

Act. 26 jun. 2026 - 09:20

Terremoto Venezuela

Terremoto VenezuelaEFE

Venezuela tiembla, se sacude y trata de revolverse contra la tragedia. 27 años del régimen bolivariano han convertido el país en escombros morales y ladrillos de injusticias, en sentido figurado y literal.

El doble terremoto de la madrugada de ayer ha vuelto a recordar a los venezolanos la fragilidad de un Estado fallido. El auxilio no llega a distancias de apenas seis kilómetros; las carreteras, los servicios de bomberos y el equivalente a Protección Civil –o similar– se desesperan ante la falta de infraestructuras y recursos mientras la gente termina de morirse entre amasijos de hierros.

Las réplicas los mantenían –y mantienen– dentro de esa pesadilla que amenaza con arrojar un saldo de decenas de miles de muertos a la espera de la ayuda internacional.

Colombia, experta en tragedias naturales tiende la mano. Lo mismo hace Estados Unidos, Ecuador, Argentina, Chile, España... Las ideologías se aparcan y se aceptan en la tragedia. Hugo Chávez no lo entendió cuando se produjo el «deslave» de Vargas en 1999 y rechazó la ayuda humanitaria. Lo mismo hizo Alan García los primeros días del terremoto de Pisco en 2007, pero el expresidente peruano, que prefirió descerrajarse un tiro antes que entrar esposado a la cárcel por corrupción, corrigió el error al ver la desolación y la incapacidad del Estado del que era el máximo representante.

En Venezuela, la transición, de aquella manera, que impone desde Washington la Casa Blanca no permite ocultar el drama del expolio acumulado durante décadas ni la responsabilidad del mismo de la presidenta encargada y antes vicepresidenta, Delcy Rodríguez. Los seísmos no se controlan; las infraestructuras y los servicios públicos, sí.

Edmundo González-Urrutia, legítimo presidente de Venezuela, lo apuntó con acierto: «Llegamos a esta catástrofe después de décadas de destrucción institucional. Los equipos de rescate, el sistema de salud, la infraestructura de comunicaciones, llegan a esta emergencia destruidos. Lo que debió ser una inversión en proteger vidas, no lo fue».

Empresarios españoles en Caracas

El Gobierno de Delcy Rodríguez tenía previsto tratar de convencer a 62 consejeros delegados de grandes empresas de España y Portugal, el próximo martes, de que Venezuela es un país previsible, confiable y con seguridad jurídica con ella en el Palacio de Miraflores en lugar de Nicolás Maduro. La Embajada de España había preparado una recepción por todo lo alto para ayudar al régimen, pero el doble temblor ha echado por tierra sus planes. Algunas compañías, expertas en inversiones en la zona, desconfiaban y tenían previsto enviar a sus delegados de otros países de la región.

Banesco –Abanca en España– corría con los gastos de los billetes de avión y el hotel de los ejecutivos. «El potencial de Venezuela es formidable si se hacen las cosas bien, pero...», asegura un empresario que iba a estar presente en esa cita. Decir eso es lo mismo que afirmar que hay esperanza si se convocan unas elecciones presidenciales a más tardar en enero. En ese caso, María Corina Machado ya tendría, como ella quiere, que estar de regreso en Venezuela para presentar su candidatura junto a las de otros que la quieren lejos. La líder de la resistencia y la oposición mayoritaria está frenada en Estados Unidos muy a su pesar.

Luis Carlos Parada recorre con su cámara La Guaira, la zona de Altamira y las otras más afectadas por la doble sacudida. La gente está en estado de conmoción. Algunos deambulan sin destino claro. Otros lloran mientras la sangre y el polvo les recuerdan que no están muertos. Mi amiga Cecilia no responde a las llamadas ni al WhatsApp. Pasan las horas y no tenemos noticias suyas. José logra escribirme: «Casi muero, pero estoy vivo».

La señal desaparece. De Jorge tampoco sabemos nada; es periodista veterano y quizás esté trabajando en la calle. Ojalá. Ramón tampoco contesta. No publico los apellidos porque son contrarios a la dictadura bolivariana y todavía pasan cosas y no son buenas.

El aeropuerto de Maiquetía está cerrado; las imágenes en las redes muestran pedazos de concreto desplomado, el techo roto, humo. «¡Afuera es más peligroso, hermano. A la puerta cuatro!», grita un hombre mientras el gentío y los niños corren sin saber a dónde.

El alcalde del municipio Chacao, Gustavo Duque, hace recuento de los edificios emblemáticos hundidos: el Petunia, Don Pepe, el Altamira Village Hotel & Suite y un bloque en Bello Campo.

Los muertos se multiplican con las horas: 100, 200... Una multinacional anticipa que la cifra puede llegar a 100.000. La ONU menciona 10.000, pero asume que se quedará corta. No hay certezas. Hay caos, sangre, lágrimas, mucho dolor y desesperación mientras esperan a los rescatistas de otras partes del mundo. Con las manos abren huecos, descubren niños y hasta un bebé, al que a tirones llevan a la superficie, una montaña rocosa que antes fue un edificio.

Hay seis horas de diferencia con España. Los vivos se resguardan en plazas. Los presos políticos en arresto domiciliario, obligados a permanecer en sus casas, tampoco dan señales de vida. La más famosa logra mandar un mensaje: «Estamos vivos. Seguimos». En Altamira llora una mujer al recordar que el hotel se vino abajo, se refiere a uno de los muchos que hay en esta céntrica zona.

Tamara Sujú lanza un tuit con una imagen que estremece: «En este edificio que se desplomó en Maracay, fallecieron la esposa del preso político Adrián de Gouveia de Sousa, Yexika Gimon de De Gouveia; su suegra, María del Rosario Pérez, y su sobrina, María José Salas Prato. Una de las hijas de Adrián que estaba en la zona fue rescatada con vida y está en el hospital. ¡Yo imploro la libertad de #AdrianDeGouveia para que pueda estar con sus hijas en esta tragedia! Adrián ya había cumplido su pena y había sido liberado cuando fue nuevamente detenido». Como él siguen centenares de presos políticos en las cárceles que se suponen vacías por una amnistía de paja.

A Justi, exiliado en Madrid, le han confirmado que varias personas de su familia que vivían en La Guaira ya no están. No volverá a verlos. Son parte de ese número de víctimas mortales cuya cifra final tardará en conocerse y será difícil de comprobar. Cuesta trabajo creer que el régimen, por una vez, contará la verdad.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas