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Irit Ben Arye, esposa de HaimAndrea Polidura | El Debate

El trauma del ataque de Hamás sigue marcando al sur de Israel: «Mi marido se suicidó por lo que sintió el 7-O»

Haim, de 58 años, se quitó la vida de un disparo tan solo dos semanas y media después del brutal atentado en el que fueron asesinadas a sangre fría 1.200 personas y otras 250 llevadas como rehenes a la franja de Gaza

Durante mucho tiempo, la vida de los israelíes se congeló en una fecha, el 7 de octubre de 2023. Esa negra madrugada, miles de terroristas de Hamás se infiltraron en el sur de Israel y mataron a sangre fría a 1.200 personas, en su mayoría civiles, y secuestraron a otras 250. Los horrores de esa jornada aún están patentes, tres años después, en ciudades como Sederot o en Reim, donde miles de jóvenes disfrutaban de un festival de música al aire libre que acabó convirtiéndose en una brutal masacre. Ahora, ese paraje desértico se ha convertido en un lugar de peregrinación para recordar a los asesinados, a quienes se homenajea con fotografías y descripciones.

Las historias de vecinos que no dudaron en arriesgar su seguridad para ayudar y tratar de salvar vidas siguen apareciendo incluso hoy. La vuelta de los últimos rehenes –vivos y muertos– de la franja de Gaza en enero de este año ha permitido que los israelíes puedan pasar página del peor atentado de su historia, pero en el sur del país hebreo el miedo y el trauma aún son patentes. El testimonio de Irit Ben Arye, vecina de Sederot, da cuenta de ello. «Hoy quiero compartir con vosotros no solo la historia de mi familia, sino una historia profundamente personal y, a la vez, universal sobre el trauma», relata a un grupo de periodistas extranjeros en un encuentro organizado por la Asociación de Prensa Europa-Israel (EIPA, por sus siglas en inglés).

Irit perdió a su marido, con el que llevaba más de 30 años, Haim (58), y con quien tiene ocho hijos, tan solo dos semanas y media después del 7 de octubre. Haim era conductor de un autobús escolar y su mujer lo recuerda como un hombre atento, cariñoso y siempre pendiente de las necesidades de los demás. «A los niños les encantaba, los padres confiaban en él. No era un hombre de grandes discursos, sino un hombre de acción, de pequeños gestos de amabilidad cotidianos. De pequeñas cosas que significaban mucho», describe Irit entre lágrimas. Sin embargo, lo que vio durante el ataque terrorista de Hamás pudo con él y se quitó la vida de un disparo dentro de su propio autobús.

Esa madrugada, como muchos israelíes, el matrimonio se levantó por el sonido de las alertas antiaéreas y las explosiones cercanas. «Cada vez era más evidente que algo iba terriblemente mal», rememora Irit. En ese momento, Haim sintió que necesitaba contribuir de alguna forma. El ataque de Hamás coincidió en shabat y con la fiesta judía de Simjat Torá, así que se dirigió a su sinagoga para acompañar a los hijos cuyos padres habían sido llamados a filas. Pasadas las primeras horas del atentado y llegada la noche, se ofreció voluntario para transportar a supervivientes del kibutz Beeri, uno de los lugares más castigados por los terroristas.

Unos días más tarde, también llevó en coche a soldados cerca de la frontera con Gaza, a un lugar que describió a un amigo como una escena sacada de una película de terror: cuerpos esparcidos y coches calcinados llenos de agujeros de bala. Ese día, explica Irit, llegó a su casa diciendo: «No pude ayudarles». En el caso de Haim, «no fue lo que vio, sino lo que sintió. Llegó a casa aquella noche llorando, devastado, desamparado», aclara. Sin embargo, confiesa Irit, en ese momento «la mayor parte del tiempo parecía estar bien». Ahora, comenta, «veo los indicios que solo me quedaron claros más tarde: la gente con la que hablaba, el tiempo excesivo que pasaba viendo las noticias».

Explanada del festival Nova, ahora convertido en un lugar de peregrinación y recuerdo de las víctimasAndrea Polidura | El Debate

«Haim era alguien que siempre sonreía. Era una persona feliz. Disfrutaba de la vida, quería a su familia y le encantaba su trabajo. Era fuerte. También era voluntario como conductor de ambulancia y socorrista. Había vivido situaciones difíciles, incluidos atentados terroristas, y siempre era él quien apoyaba a los demás. Y precisamente por eso nadie de su entorno se dio cuenta a tiempo de lo que le estaba pasando», continúa. Tres años después, Irit se emociona cuando habla de su marido y, a pesar de que ha logrado rehacer su vida, admite que todavía está en un largo proceso de sanación. «Recordar de verdad a alguien es recordar tanto el amor que nos dio como el dolor que llevaba consigo. Y hablar con sinceridad sobre el trauma es, a su manera, un acto de protección», concluye.

Los datos son reveladores, desde el ataque de Hamás el pasado 7 de octubre de 2023, la atención psicológica ha aumentado en un 46 %, apunta un estudio de la clínica Clalit. «Muchas personas no quieren si quiera dormir porque para ellos supone revivir el trauma de aquel día», señala el doctor Tzachi Ben Zion, psiquiatra jefe de Clalit. Las diferencias entre el sur y el resto de Israel en cuanto a tratamientos mental es llamativo. Mientras que los índices nacionales de pacientes en esta área se situaron el pasado año en 4,5 %, en las localidades fronterizas con Gaza se llegó al 5,9 %. Los menores, además, son los que más sufren de ansiedad o trastornos postraumáticos, uno de los síntomas que más han tratado, apunta el doctor, es la falta de habla: «Me han llegado a preguntar si ya podían llorar», cuenta a la vez que se seca las lágrimas.