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Soldados del ejército israelí patrullan la carretera del norte cerca del moshav Margaliot, en la Alta Galilea, en la frontera con el Líbano

Soldados del Ejército israelí cerca del moshav Margaliot, en la Alta Galilea, en la frontera con el LíbanoAFP

Hezbolá desata el miedo en el norte de Israel con su enjambre de drones de fibra óptica

Estos aviones no tripulados, y que ya han impactado de lleno en la invasión rusa de Ucrania, pueden recorrer hasta unos 20 kilómetros y son mucho más complejos de interceptar con interferencias electrónicas

A unos diez kilómetros de la frontera con el Líbano, en Teffen, se puede oír a la perfección el ruido de la artillería de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) operando en el país vecino. Los sonidos de los drones son constantes y, sobre las cabezas de un grupo de periodistas extranjeros, entre los que se encuentra El Debate, planea un dron de reconocimiento israelí. «Si fuera de Hezbolá no estaría aquí tan tranquila», comenta con una naturalidad abrumadora la teniente coronel en la reserva Sarit Zehavi, del Centro de Investigación Alma. Es el día a día de los residentes del norte de Israel desde hace ya casi tres años.

El Ejército hebreo ha impuesto en el sur del país vecino una «zona de amortiguación» de unos 600 kilómetros cuadrados, donde ha levantado siete bases militares y obligado la evacuación de hasta 300 municipios para evitar, precisamente, que la organización terrorista libanesa hostigue a Israel. Sin embargo, la amenaza no ha desaparecido. Sin ir más lejos, este lunes, Hezbolá lanzó una nueva andanada de proyectiles contra las comunidades del norte que paralizó otra vez la nueva normalidad que viven. En Teffen, desde que suenan las alarmas hasta que llegan los proyectiles, sus habitantes tienen 30 segundos para llegar al refugio. En las zonas más cercanas a la frontera, tan solo 15.

En muchas ocasiones, explica Zehavi, las alarmas suenan una vez que el cohete o los misiles ya han impactado. «La disminución de la sensación de seguridad en el norte ha dejado ciudades fantasma», reconoce con pena. Y, ahora, además, ha irrumpido un nuevo tipo de arma que el Ejército israelí debe combatir: los drones de fibra óptica, mucho más complejos de interceptar de manera electrónica. Estos nuevos aviones no tripulados han cambiado la invasión rusa de Ucrania y ahora están reconfigurando el teatro libanés. «Hezbolá es capaz de sorprendernos con drones de fibra óptica. Pueden llegar hasta unos 20 kilómetros», apunta la teniente coronel.

Este alcance es una de las razones por las que las FDI han decidido vaciar todo el sur del Líbano, hasta el río Litani, a unos 30 kilómetros de la frontera con Israel, llegando incluso a arrasar aldeas enteras. Sin embargo, para la experta del Centro de Investigación Alma, ocupar territorio en el Líbano debe ser el «último recurso». «Ahora mismo las FDI están destruyendo todas las instalaciones de Hezbolá», apunta. Zehavi continúa diciendo que, si Israel se retira del país vecino sin un acuerdo, la milicia proiraní atacará de nuevo y «volveremos a la misma situación». Actualmente, el Gobierno de Beirut y el Ejecutivo de Benjamin Netanyahu negocian en Washington un acuerdo de paz que incluye la desmilitarización de Hezbolá y su salida del sur del país mediterráneo.

La teniente coronel en la reserva Sarit Zehavi, del Centro de Investigación Alma

La teniente coronel en la reserva Sarit Zehavi, cerca de la frontera con el LíbanoAndrea Polidura | El Debate

Los drones de fibra óptica no solo son una nueva amenaza para las comunidades israelíes fronterizas, sino que suponen un peligro aún mayor para los soldados israelíes desplegados en el Líbano. Al menos 28 uniformados hebreos, además de una contratista civil, han fallecido desde el pasado 2 de marzo, cuando Hezbolá retomó la guerra en represalia por la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, en los bombardeos conjuntos israeloestadounidenses del 28 de febrero. La mayoría de estas muertes han sido consecuencia de ataques de estos aviones no tripulados. Las FDI han comenzado a implementar las lecciones del frente ucraniano, levantando carpas de pesca para impedir las acciones de estos drones o disparando contra ellos.

Pero estas técnicas defensivas no siempre cumplen su misión. La industria tecnológica militar israelí ha tomado buena nota de estos nuevos desafíos y ya está buscando soluciones para sus Fuerzas Armadas. Desde Elbit Systems, una de las empresas militares israelíes de referencia dentro del país y en el mundo, en una visita organizada por la Asociación de Prensa Europa-Israel (EIPA, por sus siglas en inglés), aseguran que trabajan para «dar respuesta a todo lo que les piden». «Es siempre una carrera», sostienen. Elbit apuesta por una «digitalización completa» de las fuerzas para reducir así las pérdidas humanas.

Tras casi tres años de guerra y la reanudación de las hostilidades con Hezbolá, la profesora Tamar Hermann, investigadora sénior del Instituto para la Democracia de Israel (IDI), cree que, si la guerra con Irán termina ahora, la situación en el país será peor que antes. «El norte está siempre bajo el bombardeo de Hezbolá. Lograr un acuerdo es como echar agua al mar», afirma Hermann. Actualmente, más de la mitad de los israelíes no apoyan la guerra contra la República Islámica porque consideran que no se ha logrado ninguno de los objetivos marcados como la caída del régimen de los ayatolás y el fin del programa nuclear y de misiles balísticos de Irán. Mientras tanto, en el norte siguen temiendo que la organización terrorista chií aún sea capaz de lanzar su particular 7 de octubre contra las localidades israelíes de la frontera.

Para Zehavi, residente del norte de Israel, los ataques iraníes de este lunes, así como la insistencia de la teocracia islamista en unir los dos frentes, responden a «un gran plan». Como madre, además, sufre por sus hijos, los mayores desplegados precisamente en el frente libanés. «Rezo todos los días para que vuelvan a casa sanos y salvos, pero también sé que es su deber defender a su país», zanja sin miramientos. De su hija menor cuenta que lleva prácticamente tres años sin ir al colegio y que, las pocas veces que ha ido, tiene miedo al sonido de las alarmas y no saber ubicar el refugio más seguro. «En Israel no se contabilizan las víctimas porque son muy pocas, pero nosotros somos las víctimas de esta guerra», reflexiona.

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