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La magia de Nigel Farage que puede ser una maldición: la apuesta de irse para volver y quedarse

El líder de Reform UK ha hecho lo que los líderes con su ADN suelen hacer: redoblar la apuesta, ir al todo o nada, cuando se tuercen las cosas, convencido de que la banca es él y siempre gana

Maidestone (United Kingdom), 24/06/2024.- Reform UK leader Nigel Farage takes a selfie with a Reform UK supporter after speaking at an election campaign event in Maidstone, Kent, Britain, 24 June 2024. Britain will hold a general election 04 July. (Reino Unido) EFE/EPA/ANDY RAIN

Nigel Farage líder de Reform UK en una intervención pública en el parqueEFE

La última jugada de Nigel Farage no ha sido una ocurrencia de las muchas que tiene para sacudir el avispero de la política británica. La apuesta, de hace un puñado de horas, de esta mezcla de libertario y showman de origen tory, es un conejo que ha sacado de la chistera de la angustia, para frenar a la fiera de la opinión pública que amenazaba con convertirle en una parodia de sí mismo.

Farage, con 62 años de vida, es un animal político que huele a millas las presas heridas, incluido él mismo. Los escándalos de financiación de Reform UK, su partido, irregularidades económicas y sus vínculos con George Cottrell, un ex convicto en Estados Unidos (el «donante») han ido creciendo y el cerco de la justicia se le estaba acercando demasiado a la garganta con varias investigaciones y la apertura de una comisión electoral solicitada por el Partido Laborista.

La popularidad de la que presumía Farage había comenzado a cuestionarse con tanto escándalo y sus últimos éxitos, al frente de Reform UK, en las elecciones regionales y de Inglaterra, ya estaban amortizados con la dimisión de Keir Starmer, su último sparring del 10 de Downing Street.

En este escenario el chistoso Farrage ha hecho lo que los líderes de su ADN suelen hacer: redoblar la apuesta, ir al todo o nada convencido de que la banca es él y siempre gana. Dicho de otro modo, anunciar la renuncia de su escaño para provocar otras elecciones en su distrito de Clacton y volver en algo parecido a un «operativo clamor» por su reelección.

Una mala noticia se tapa con otra de mayor calado que haga olvidar la que amenaza con segar los pies del interesado y, de momento, Farage ha logrado que las portadas de la prensa británica le dediquen el espacio a su última decisión en lugar de seguir hurgando en esos asuntos turbios del money, que pueden también resucitar sus abusos y tráfico de influencias que ejerció cuando era eurodiputado y colocó a su mujer de asistente personal (sin que saliera de casa).

El odiador de la Unión Europea con sonrisa de joker y en buena medida, artífice de que Reino Unido diera el sí quiero al bréxit (del que hoy la mayoría se arrepiente) hizo ayer su anuncio estelar: «Hoy dimito como diputado por Clacton on Sea (sureste de Inglaterra), forzando por tanto una elección parcial». Es decir, que, como añadió a renglón seguido, «lucharé para ganar y continuar la revolución política».

El líder que rompió el bipartidismo histórico de Reino Unido insistió en que «no he hecho nada malo» y desafió: «los habitantes de Clacton deberían ser los que juzguen mis actos», en las urnas. Dicho de otro modo, lejos de la ley y cerca del pueblo que le sigue siendo fiel.

El diario The Times, junto con The Sunday Times, son los responsables de haber sacado a la luz los trapos poco finos de Farage, los pagos de George Cottrell a una selección de community managers, antes de los comicios de 2024, de cederle un casoplón de cinco plantas a pocos metros de Buckinham Palace y otros asuntillos económicos que han comenzado a pasarle la factura. ¿La pagará finalmente?

El resultado se verá, una vez más, en las urnas. De momento, The Times ha consultado a sus lectores si creen que Farage logrará la reelección. El 56 % no lo duda mientras el 44 % cree que el populista que presume de reformista ya tiene los días contados.

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