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Milei y Lula: bambalinas del enfrentamiento de un matrimonio comercial indisoluble

Dos años largos de enfrentamientos y los recientes agravios generan preocupación, ya que Brasil es el primer socio comercial para Argentina y uno de sus principales inversores extranjeros

Lula da Silva y Javier MileiAFP

Brasil y Argentina, además de vecinos, son dos socios estratégicos que atraviesan una crisis sin precedente. El enfrentamiento entre sus presidentes ha llegado más lejos de lo que les conviene a ellos y a la región.

Las diferencias ideológicas se han transformado en ataques desembozados e insultos a granel. La primera piedra de las ofensas se puede decir que partió de Javier Milei, pero el Gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva no se anduvo con rodeos cuando apoyó a su adversario en las elecciones, el exministro de Economía, Sergio Massa, y para expresar, aunque con buenos modos, que su favorito no era el actual presidente, al que trató con displicencia.

Milei no olvida aquella ofensa y tampoco que el presidente del Tribunal Supremo de Brasil, Alexandre de Moraes, le impidiera visitar al expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por intentona golpista y cumpliendo su pena en detención domiciliaria.

En ese contexto, al más puro estilo Donald Trump, el argentino lanzó hace unos días una andanada de insultos contra Lula, que a su vez tuvo que afrontar varios juicios por corrupción y condena de la que terminó salvándose por errores procesales.

Milei que fue a Brasil a apoyar la candidatura de Flavio Bolsonaro, calificó a Lula de «ladrón» y «presidiario» y provocó una llamada de atención del Gobierno de Brasilia a su embajador. El líder del PT (Partido de los Trabajadores) optó por no mencionar el incidente y responder con ironía cuando le preguntaron por el mismo con expresiones como «¿Quién es ese tipo?». La reacción gruesa la dejó a su ministro de Hacienda, Dario Durigan, que calificó a Milei de «payaso» mientras llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, y convocó al embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi.

La polémica y la tensión bilateral estaban servidas y no parece que vaya a despejarse así como así. Ese clima no es bueno para ambos países, pero tampoco para la región donde ambos forman parte de diferentes bloques comerciales y esos choques, de un modo u otro, les afectan desde hace dos años largos, los mismos que llevan a cara de perro Lula y Milei.

«Las expresiones de Milei son extremadamente graves. Brasil continúa siendo el principal socio comercial de Argentina y un destino fundamental para las exportaciones argentinas, aunque en los últimos años esta relación también muestra una creciente asimetría, en la que Argentina importa bastante más de lo que logra venderle a Brasil», explicó a Efe Lisandro Mogliati, consultor argentino en negocios internacionales y experto en comercio exterior.

Brasil es el primer socio comercial para Argentina y uno de sus principales inversores extranjeros. Según datos oficiales, es el principal destino de las exportaciones de Argentina, con un 12 % sobre el total de sus envíos, aunque ese peso se redujo tres puntos porcentuales en el último año, en el que crecieron Estados Unidos y China como mercados de destino de los bienes argentinos.

«Milei juega con fuego porque tensiona innecesariamente la relación política con un país con el que Argentina intercambió más de 31.000 millones de dólares en 2025, registrando un déficit de más de 5.600 millones, lo que demuestra que Brasil no es un socio prescindible ni fácilmente reemplazable», apuntó Mogliati.

En el primer semestre del año, las exportaciones argentinas a Brasil crecieron un 4 % interanual, hasta 6.254 millones de dólares, mientras que las importaciones desde ese país cayeron el 17,8 %, pero, aún así, éstas superan a los envíos y totalizaron los 7.650 millones de dólares en la primera mitad de 2026.

Como resultado, en el primer semestre el déficit comercial de Argentina con Brasil fue de 1.396 millones de dólares, cifra que, con todo, estuvo muy por debajo del saldo negativo por 3.298 millones de dólares de igual periodo de 2025.

Las exportaciones de Argentina a Brasil son crecientes en el sector de hidrocarburos y el petroquímico, pero la demanda brasileña para el sector automotriz se muestra débil este año.

Según un reciente informe de la consultora Abeceb, la economía brasileña «seguirá mostrándose deslucida en un año de altas tasas, salarios comprimidos, e incertidumbre electoral, por lo que Argentina dependerá de otros socios para traccionar su sector externo durante este año».

La confianza y Mercosur

Para Mogliati, la renovada tensión entre Milei y Lula no va a interrumpir el flujo comercial bilateral pero «sí puede deteriorar la confianza necesaria para resolver conflictos e impulsar nuevas iniciativas conjuntas, que requieren del consenso político».

El experto tampoco cree que la mala relación entre los presidentes afecte en forma significativa las inversiones de Brasil en Argentina, que representan un 6 % del total, por detrás de las de Estados Unidos, Países Bajos y España.

El otro punto sensible de la relación se centra en el Mercosur, bloque comercial fundado en 1991 por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay y que, desde su creación, agiliza o paraliza su ritmo en función de la circunstancial mayor o menor sintonía política entre Buenos Aires y Brasilia.

Según Mogliati, detrás de la confrontación entre Milei y Lula «existen, sin dudas, dos modelos distintos de Mercosur».

«Milei coincide con la orientación que impulsó Jair Bolsonaro (presidente de Brasil entre 2019 y 2023), tendiente a flexibilizar el bloque y reducirlo esencialmente a una zona de libre comercio, dando mayor autonomía a cada país para negociar con terceros», observó el experto.

Lula, en cambio, «siguiendo la línea histórica de cohesión regional, concibe al Mercosur como un proyecto más profundo de integración productiva, política y estratégica, en un mundo cada vez más fragmentado», añadió el consultor.

Eso explica que para Mogliati el riesgo no es solamente el deterioro de la relación personal entre ambos mandatarios, sino que la tensión entre Argentina y Brasil –las dos mayores economías del bloque– paralice «aún más al Mercosur, debilite su poder de negociación internacional y dificulte la construcción de políticas comunes».