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Qué es el pacto de Cardiff, el memorando de Irlanda, Escocia y Gales para disolver el Reino Unido con el respaldo de Trump

Los tres ministros principales han firmado como líderes de partido un texto sin fechas ni la palabra «referéndum», dos días después de que el presidente estadounidense bendijera la reunificación de Irlanda

Los líderes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, en Cardiff

Los líderes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, en CardiffEFE

El lunes quedó rubricado el pacto de Cardiff. Lo firmaron la ministra principal de Irlanda del Norte y vicepresidenta del Sinn Féin, Michelle O’Neill; el ministro principal de Escocia y líder del SNP, John Swinney; y el ministro principal de Gales y líder de Plaid Cymru, Rhun ap Iorwerth. El pacto es un memorando de entendimiento, que es lo que se acuerda cuando no se puede acordar otra cosa. No obliga a nadie y no fija fechas. Proclama, eso sí, que «el tiempo de Westminster llega a su fin».

Los tres ministros principales son, por primera vez desde la autonomía de 1999, nacionalistas. El laborismo, que ideó la autonomía para «matar de una pedrada» los movimientos separatistas, como prometió George Robertson en 1995, perdió en mayo sus dos feudos, Escocia y Gales, donde se quedó en nueve de 96 diputados, su peor resultado en más de un siglo. Reform UK, el partido de Nigel Farage, es hoy segundo en ambos territorios.

Qué dice el MOU

En poco más de quinientas palabras, el MOU, por sus siglas en inglés (Memorandum of Understanding), proclama el «derecho a la autodeterminación» y defiende que ningún Gobierno de Westminster puede «bloquear la democracia». Compromete a los firmantes a cooperar en economía, energía renovable propia y en reparar el daño del Brexit, porque «Europa es nuestra casa común». Apenas recoge una exigencia concreta: que Londres «prepare, planifique y facilite el cambio constitucional en cada jurisdicción».

La brevedad del texto no reduce la importancia histórica del acuerdo. Tampoco su literalidad, vaga en general. Alude a las «historias, identidades y tradiciones políticas distintas» de las tres naciones y señala que «por primera vez» sus tres ministros principales «están comprometidos con la independencia del Reino Unido» y avisa: «El impulso está detrás de nuestros movimientos» y «el cambio constitucional está llegando».

Algunas palabras de apariencia inofensiva dicen más que las de aspecto más contundente. «Estas islas», nunca las británicas, o «el Norte de Irlanda», la fórmula republicana para no nombrar Irlanda del Norte.

Qué no dice el MOU

En un documento firmado para reclamar consultas, la palabra «referéndum» no aparece ni una vez. No hay fechas ni compromiso vinculante. Sí, una cláusula de salvaguarda, según la cual cada nación decidirá «a su manera y en su propio momento».

Si bien las tres partes firmantes aspiran a la disolución del Reino Unido, la fórmula no es compartida. El SNP y Plaid anhelan separarse de un Estado, mientras el Sinn Féin busca sumarse a otro. Ni siquiera la independencia galesa, nunca una preocupación en el principado, se parece a la escocesa. «Nunca he estado interesado en la ruptura del Reino Unido, sino en desarrollar competencias», dijo Ap Iorwerth. Solo un 26 % de los galeses apoya la independencia.

Tras la firma, John Swinney proclamó que el primer ministro británico, Andy Burnham, será «el último primer ministro del Reino Unido» y reclamó una nueva consulta de autodeterminación antes de 2031, aunque las encuestas no acompañan. YouGov otorga un 56-44 a favor del «no» en Escocia, doce años después del 55-45 de 2014. Life and Times, un 45-36 en Irlanda del Norte.

Mary Lou McDonald, presidenta del Sinn Féin y líder de la oposición en Dublín, sostuvo que «los referéndums van a llegar», mientras el taoiseach (jefe de Gobierno de la República), Micheál Martin, acusa a los herederos del IRA de vivir en los años setenta.

Por qué importa el MOU más allá de lo que dice

Porque, por primera vez, firma Irlanda. El Sinn Féin es la marca política del IRA convertida en primer partido de Irlanda del Norte, y su causa tiene un tratado internacional que le fija el camino, el Acuerdo de Viernes Santo, y un padrino en Washington desde 1998. Con ella, el pleito deja de ser interno británico para volverse angloirlandés y, por tanto, europeo y transatlántico. De las tres causas, la única con un Estado detrás y un mecanismo escrito es la irlandesa.

Porque el modelo irlandés se exporta. El miércoles pasado, en los Comunes, Burnham dijo que Escocia debía estar «exactamente en la misma situación» que Irlanda del Norte, donde el Acuerdo de 1998 obliga a Londres a convocar un border poll cuando parezca «probable» una mayoría por la unidad. Rectificó por carta, pero Swinney ya había tomado nota de que un primer ministro británico aceptaba, «por primera vez desde 2014», el principio de autodeterminación. Que ese mecanismo valga también para Edimburgo y Cardiff es lo que el memorando pide a Londres «en cada jurisdicción».

La bendición de Trump

El pasado sábado, en Dublín, junto a Martin, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que «le encantaría ver» a Irlanda unificada y que «tarde o temprano sucederá». El domingo, en Doonbeg, redobló la apuesta al afirmar que unir las dos partes de la isla sería «una de las cosas más naturales de todos los tiempos». A las objeciones de Downing Street respondió que «todo el mundo dice eso, y luego las cosas pasan». Nadie recuerda a un presidente de los Estados Unidos tan explícito, ni siquiera John Fitzgerald Kennedy, que en 1963 rehusó mencionar la doble soberanía de la isla pese a que Dublín se lo pidió.

Preguntado también por Escocia, el hijo de una emigrante de la isla de Lewis prefirió dejarlo «para otro día». Ante las palabras del inquilino de la Casa Blanca, Kemi Badenoch, líder del Partido Conservador y de la oposición, le ha reprochado «disparar desde la cadera, como de costumbre», como «con Groenlandia y Canadá», y Robert Jenrick, de Reform UK, le ha acusado de estar «completamente equivocado». Downing Street se ha limitado a repetir que Burnham cumplirá el Acuerdo de Viernes Santo «al cien por cien» y que no tiene constancia de «apoyo mayoritario» a una consulta.

Del MOU en adelante

El memorando, histórico, aunque cambia el relato, no modifica gran cosa en lo legal. El Tribunal Supremo británico sentenció en 2022 que Holyrood, el Parlamento escocés, no puede convocar un referéndum sin permiso de Westminster. Burnham ha dejado por escrito que no lo permitirá porque «desviaría el foco» del coste de la vida. El primer ministro se encontrará con los tres líderes en octubre, en una cumbre con los gobiernos autónomos que él mismo convocó, con las exigencias galesas de más competencias sobre la mesa.

En Irlanda, el calendario lo marcan las elecciones de mayo de 2027 a Stormont, la Asamblea de Irlanda del Norte, y la reunión de Martin con Burnham a finales de mes para reformar el Acuerdo de 1998. Martín pide «una conversación» para «desentrañar» en qué circunstancias se convocaría el border poll (la consulta sobre la unidad de Irlanda que prevé el Acuerdo de Viernes Santo). El mismo debate que Burnham abrió «sin querer» en la Cámara de los Comunes. Swinney vaticina que será el último primer ministro del Reino Unido. De momento es el séptimo desde el Brexit. Que se cumpla el vaticinio dependerá menos de lo firmado en Cardiff que de su duración en el cargo.

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