Rusia tensa el flanco oriental y Europa se prepara para el peor escenario
Polonia activa sus sirenas y evacúa colegios mientras Lituania ensaya una evacuación masiva y Alemania y Francia elevan su protección: Europa se prepara para un escenario que nadie en Bruselas se atreve a definir aún
Militares de Polonia en la frontera con Bielorrusia
«Algunos dirigentes europeos se están preparando para la guerra». Lo ha dicho Vladimir Putin en su última reunión con dirigentes rusos, e insiste en que el Kremlin no tiene intención de atacar a ningún país de la Unión Europea. Mientras, en el flanco oriental se acumulan los incidentes: alertas, incursiones aéreas, despliegues de cazas, ejercicios de evacuación y advertencias de los servicios de Inteligencia que está llevando a los Gobiernos del flanco oriental a prepararse para algo más difícil de gestionar que una guerra convencional: una escalada ambigua, gradual y deliberadamente difícil de atribuir.
El primer ministro polaco, Donald Tusk, explicó ante el Sejm que, según informaciones recibidas de los servicios aliados, de Ucrania y de las propias estructuras polacas, todo apunta a que Rusia escalaría la «guerra híbrida» a otros escenarios. El escenario que describió tenía un elemento especialmente inquietante: que una incursión pudiera presentarse posteriormente como un accidente para generar dudas dentro de la OTAN sobre la aplicación del Artículo 5. Tusk, además, señaló el periodo de mayor riesgo entre finales del otoño y el invierno. Tomasz Siemoniak, coordinador de los Servicios Especiales, ha elevado aún más el tono y ha advertido de que Rusia está tratando de poner a prueba la resistencia de los países que respaldan a Ucrania y de intimidarlos para que reduzcan ese apoyo.
Horas después de las declaraciones de Donald Tusk, el Centro Gubernamental de Seguridad envió una alerta de amenaza aérea a los habitantes de las provincias de Lublin y Subcarpacia, mientras las Fuerzas Armadas polacas activaban su aviación. Las operaciones militares provocaron además la suspensión temporal de vuelos en los aeropuertos de Lublin y Rzeszów. En la provincia de Lublin llegaron a evacuarse alrededor de 120 centros. Entre escuelas, instituciones y lugares de trabajo, según las autoridades regionales. En algunos colegios los alumnos fueron trasladados a sótanos, vestuarios subterráneos o pasillos alejados de las ventanas.
La respuesta institucional fue inmediata. El ministro del Interior, Marcin Kierwiński, anunció que Lublin pasará de unas 350 sirenas automáticas actualmente operativas a más de un millar antes de final de año. En toda Polonia se proyecta ampliar el sistema hasta unas 22.000 sirenas. Y también anunció el desarrollo de un sistema de alerta mediante cell broadcast que permitirá enviar avisos directamente a los teléfonos móviles.
Violación del espacio aéreo
La secuencia ha continuado esta semana. Un helicóptero militar ruso Mi-8 procedente de Kaliningrado penetró brevemente en el espacio aéreo polaco al norte de Braniewo. El Mando Operacional polaco informó de que el aparato entró unos 300 metros en territorio aéreo polaco y permaneció allí aproximadamente 42 segundos. El incidente es distinto de las habituales interceptaciones de aeronaves rusas sobre el Báltico: aquí Polonia sostiene que hubo una violación efectiva de su espacio aéreo.
En Rumanía, durante la madrugada del 24 de septiembre, dos F-18 españoles desplegados en la base de Mihail Kogălniceanu fueron activados después de que los radares rumanos detectaran un grupo de objetivos aéreos sobre territorio ucraniano, al norte de Chilia Veche. Horas después, un segundo incidente elevó la tensión: los radares detectaron otro objetivo, esta vez cerca de la frontera en el norte de Botoșani. El aparato cruzó al espacio aéreo rumano, donde permaneció aproximadamente cuatro minutos antes de estrellarse cerca de Solca, en el condado de Suceava. Dos F-16 rumanos despegaron para seguir su trayectoria y, tras el impacto, los equipos de emergencia localizaron los restos y confirmaron que se trataba de un pequeño dron. No hubo víctimas ni daños materiales, pero las autoridades activaron el sistema de alerta RO-Alert y suspendieron las clases hasta las 10:00 en cuatro localidades de la zona.
Más al norte, en Lituania, es quizá el país donde la preparación civil está adquiriendo una dimensión más visible. Esta semana, el Gobierno lituano aprobó la utilización de reservas estatales para grandes maniobras de protección civil previstas entre el 26 de septiembre y el 3 de octubre. El escenario contempla la evacuación de Vilna y de municipios próximos a la frontera con Bielorrusia ante una hipotética intervención militar desde ese país.
Francia y Alemania
La preocupación ya no se limita a los países que comparten frontera con Rusia o Bielorrusia. El presidente francés, Emmanuel Macron, reunió a líderes de los principales partidos y a los responsables de los servicios de Inteligencia. E insistió en un aumento de la vigilancia frente a las amenazas híbridas rusas y de nuevas instrucciones para proteger infraestructuras críticas y emplazamientos sensibles frente a drones y ciberataques.
En Alemania, el Gobierno considera que continúa siendo objetivo de ataques híbridos rusos y acordó nuevas medidas contra el espionaje y el sabotaje, además de reforzar la protección de infraestructuras críticas. Berlín está actuando también en el plano militar. La brigada alemana desplegada en Lituania continúa creciendo, y ha calificado oficialmente de responsabilidad rusa el intento de ataque híbrido contra el aeropuerto de Leipzig/Halle del 4 de agosto.
Línea roja
En paralelo a la escalada de alertas en Polonia y los países bálticos, Bielorrusia ha incrementado en las últimas semanas sus actividades militares en el área más sensible del flanco oriental. Alrededor del corredor de Suwałki, la estrecha franja que conecta Polonia y Lituania y separa Bielorrusia del enclave ruso de Kaliningrado, considerada uno de los puntos estratégicos más sensibles de la defensa de los países bálticos.
Entre el 15 y el 18 de septiembre, las Fuerzas Armadas bielorrusas realizaron ejercicios del Mando Operacional Occidental en las regiones de Brest y Grodno, junto a las fronteras de Polonia y Lituania, con prácticas de despliegue de unidades, protección de fronteras, lucha contra grupos de sabotaje y respuesta frente a drones. Días antes, Minsk había puesto en alerta un batallón de carros de la 19.ª Brigada Mecanizada, que se desplazó a un campo de entrenamiento para realizar ejercicios de tiro nocturno.
Mientras tanto Moscú está endureciendo el control sobre su frontera con Estonia. El FSB ruso ha establecido entre el 16 y el 26 de septiembre un régimen especial de restricciones en los distritos de Kingisepp y Slantsy, que afecta a una franja de hasta cinco kilómetros desde la frontera estonia. Durante las horas nocturnas queda restringido el desplazamiento de personas y vehículos fuera de las localidades, mientras que también se limita la navegación de pequeñas embarcaciones en determinados tramos del río Narva y se prohíben actividades como la caza y el porte de armas en las zonas sometidas al régimen especial.
Sobre el papel, Moscú presenta la medida como una actuación de control fronterizo y prevención de infracciones, no como una preparación militar. Pero su coincidencia temporal con el incremento de la vigilancia de la OTAN en el Báltico y con los ejercicios y movimientos de fuerzas en el flanco oriental añade otro elemento a una frontera que en las últimas semanas ha adquirido una sensibilidad excepcional.
Esa es precisamente la lógica de la denominada «zona gris»: acciones que pueden mantenerse por debajo del umbral de una guerra convencional, pero que obligan al adversario a responder, a gastar recursos, a elevar su nivel de alerta y, sobre todo, a decidir cada vez con mayor rapidez dónde termina un accidente y dónde comienza una agresión.