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Carteles electorales antes de las elecciones legislativas de Israel, en Bnei BrakAFP

Las urnas medirán el respaldo a Netanyahu en un Israel dividido en dos bloques

La pugna entre los partidarios del primer ministro israelí y quienes aspiran a relevarlo puede desembocar en una aritmética parlamentaria compleja, con alianzas difíciles y el riesgo de un nuevo bloqueo político

Unos 7,3 millones de israelíes están llamados a las urnas este martes 27 de octubre en unas elecciones que pondrán a prueba el respaldo al primer ministro, Benjamin Netanyahu, y la capacidad de sus adversarios para reunir una mayoría parlamentaria.

Serán las primeras elecciones que se celebran después del 7 de octubre de 2023, la mayor masacre de judíos después del Holocausto, y, contra todo pronóstico, cuando la legislatura está a punto de completar sus cuatro años. Pero se producen en un ambiente de máxima polarización, con una elevada concurrencia de partidos (38 listas electorales) y un atomizado sistema legislativo que dificulta poder anticipar quién tiene mejores opciones de formar gobierno.

Los dos grandes bloques se sitúan lejos de los 61 escaños necesarios para alcanzar la mayoría parlamentaria. El resultado puede depender de los partidos que se mueven cerca del umbral electoral del 3,25 %, cuya superación determina el acceso a la Knéset (Parlamento), y de la participación de los ciudadanos árabes israelíes, que representan el 18 % del electorado.

Un Parlamento fragmentado y dos bloques sin mayoría

El promedio de los últimos diez sondeos publicado por The Petek el 20 de octubre situaba en empate técnico a Gadi Eisenkot, líder de Yashar –«recto», en hebreo–, y a Benjamin Netanyahu, al frente del Likud, con 22 escaños cada uno. La fuente es un portal israelí que recopila y agrega encuestas electorales.

Los partidos árabes podrían aglutinar otros 13 escaños y resultar decisivos en las negociaciones para formar Gobierno

Los sondeos dibujan dos grandes bloques que obtendrían en torno a 51 escaños cada uno: uno encabezado por Eisenkot, exjefe del Estado Mayor, y otro liderado por Netanyahu, más escorado a la ultraderecha y similar al que integra el Ejecutivo saliente. Los partidos árabes podrían aglutinar otros 13 escaños y resultar decisivos en las negociaciones para formar gobierno.

La pugna entre los partidarios de Netanyahu y quienes aspiran a relevarlo puede desembocar en una aritmética parlamentaria compleja, con alianzas difíciles y el riesgo de un nuevo bloqueo político. Si ninguno de los bloques consigue reunir los apoyos necesarios, Israel podría verse abocado a nuevas elecciones.

«Según los datos actuales, ninguno de los dos bloques tiene mayoría», advirtió Tal Schneider, corresponsal política y diplomática del TheTimes of Israel, en un webinario de International Crisis Group celebrado a una semana de los comicios. La dificultad no reside únicamente en cuántos escaños obtenga cada partido, sino en si sus dirigentes podrán pactar una coalición viable.

Esta experta cree que, pese a las diferencias ideológicas y las reservas expresadas durante la campaña, las formaciones árabes podrían prestar algún tipo de apoyo externo a un eventual Ejecutivo alternativo.

La participación árabe puede inclinar la balanza

Junto al empate estadístico, el otro factor que añade incertidumbre es la participación árabe. En las elecciones de 2022, la participación de los ciudadanos árabes israelíes fue del 53,2 %. Ahora, los sondeos apuntan a que podría aumentar hasta el 63 % e incluso algunos escenarios contemplan el 65 %, impulsada por el descontento con el gobierno y la preocupación por el aumento de la criminalidad en sus comunidades. De confirmarse, podría elevar la representación de los partidos árabes hasta los 15 o 16 escaños. The Petek pronostica al menos 13 diputados.

«Los partidos árabes palestinos podrían ser el factor más decisivo para formar –o no– un Gobierno después de estas elecciones», señaló por su parte Thair Abu Ras, analista político del Van Leer Institute, con sede en Jerusalén.

Su papel, sin embargo, está condicionado por la reticencia de varios partidos judíos a gobernar con su apoyo, mientras que las propias formaciones árabes mantienen reservas sobre una posible colaboración con los dos bloques.

Con todo, las diferencias internas tensan la formación de coaliciones. Los partidos ultraortodoxos son aliados tradicionales de Netanyahu, pero el reclutamiento militar de los jóvenes haredíes sigue siendo un punto de fricción. La propuesta para eximirlos del servicio militar obligatorio quedó en el aire con la disolución de la Knéset, y las formaciones religiosas podrían exigir garantías sobre esta cuestión antes de entrar en un nuevo Ejecutivo, sea cual sea.

En el bloque que encabeza Eisenkot, el principal punto de unión es la oposición a Netanyahu. Sus integrantes, sin embargo, abarcan desde el nacionalista secular Avigdor Liberman, líder de Israel Beitenu y partidario de que los ultraortodoxos cumplan el servicio militar, hasta Los Demócratas, de Yair Golan, que defiende la negociación con los palestinos y rechaza la anexión de Cisjordania.

Las posibilidades de una gran coalición de unidad nacional parecen reducidas, mientras que un Ejecutivo en minoría tendría dificultades para mantenerse. Si el bloqueo se prolonga, Israel podría volver a las urnas y revivir la parálisis de 2019 a 2021, cuando celebró cuatro elecciones en menos de dos años.

El gobierno de coalición encabezado por Naftali Bennett y Yair Lapid (2021-2022), una coalición heterogénea de ocho partidos desde la derecha hasta la izquierda e integrada también por una formación árabe independiente, puso fin de manera momentánea a doce años consecutivos de Netanyahu en el poder.

Netanyahu, desgastado tras casi tres años de guerra

La elección medirá también el desgaste de Netanyahu tras casi tres años de guerra y movilización militar constante. A las críticas por los fallos que permitieron los ataques del 7 de octubre se suma su negativa a establecer una comisión estatal de investigación independiente, reclamada por sus adversarios y familiares de las víctimas. También pesa el llamado 'Qatargate', una investigación sobre presuntos vínculos de colaboradores de su entorno con intereses qataríes y posibles operaciones de influencia.

Netanyahu conserva, no obstante, la capacidad de marcar el debate electoral. «Incluso en su momento más débil, Netanyahu sigue marcando el guion y decidiendo de qué habla todo el mundo», sostuvo Yaakov Katz, exdirector del diario The Jerusalem Post y cofundador de MEAD. Para muestra, su última propuesta de seguridad basada en diez pilares, o el reciente respaldo, aunque tardío, del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

La campaña electoral se ha centrado en si el primer ministro debe continuar en el poder, mientras otros asuntos –como la rendición de cuentas por el 7 de octubre, el reclutamiento ultraortodoxo o el aislamiento diplomático– han quedado en segundo plano, valoró Katz.

La guerra y la cuestión palestina, fuera del debate

El desplazamiento del espectro político hacia la derecha es otra de las claves de los comicios. La oposición a Netanyahu no implica necesariamente una alternativa en la relación con los palestinos. Mairav Zonszein, analista para Israel del International Crisis Group, señaló que la solución de dos estados ha desaparecido prácticamente del debate político dominante. «Después del 7 de octubre, nadie habla de ello», afirmó.

La cuestión palestina, incluida la situación en la franja de Gaza –con más de 74.000 palestinos muertos desde el inicio de la guerra, según el Ministerio de Sanidad de Gaza, dependiente del Gobierno de Hamás–, apenas ocupa un lugar en la campaña.

Los comicios tendrán lugar en un país que afronta varios frentes militares abiertos, niveles excepcionalmente altos de violencia de colonos judíos en Cisjordania y un deterioro de sus relaciones con parte de la comunidad internacional. El partido radical Otzma Yehudit, de Itamar Ben Gvir, obtendría ocho escaños, según el promedio del agregador de encuestas, y se situaría entre las cinco fuerzas con mayor representación. Los resultados previstos reflejan el respaldo que mantienen las posiciones de línea dura contra los palestinos.

Con los dos bloques lejos de la mayoría y las alianzas condicionadas por profundas diferencias, el resultado de las urnas no resolverá necesariamente la incógnita sobre quién gobernará Israel.

La pregunta no será solo si Netanyahu, que acumula cerca de 19 años como primer ministro en tres períodos, conserva los apoyos necesarios para seguir en el poder, sino si sus adversarios podrán convertir la oposición a su liderazgo en una mayoría capaz de sostener un gobierno.

«En estos momentos, cuando hay gran presión por la incertidumbre de que la guerra todavía siga, la gente piensa más en el líder que en la ideología. Lo que necesitan es un general o un líder que les diga lo que hay que hacer porque tienen miedo», consideró el académico israelí especialista en resolución de conflictos Edy Kaufman a la emisora local en español Voz de Nahariya.