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Avión de combate F-16V de la fuerza aérea de Taiwán en la base aérea de ChihhangCheng Yu-Chen / AFP

Las razones por las que Estados Unidos retrasa la entrega de armamento a Taiwán

El presidente Donald Trump sugirió el pasado mes de mayo que la venta de armamento podría servir como moneda de cambio con China

Taiwán lleva meses esperando a que Donald Trump dé luz verde a una nueva venta de armas y equipamiento militar por valor de 14.000 millones de dólares. El presidente de Estados Unidos dilata la decisión y genera inquietud en un socio que cumple a raja tabla los pactos y sugerencias de la Casa Blanca.

La República de China, nombre oficial de Taiwán, es asidua compradora de material militar a Washington. La permanente amenaza de invasión de la China comunista obliga al archipiélago a mantener una política armamentística creciente. El último paquete abonado y entregado made in USA es de diciembre y su valor fue de récord: 11.100 millones de dólares.

La última visita de Trump a China, el pasado mes de mayo, suavizó sensiblemente las relaciones entre los dos colosos. La de Xi Jinping, en reciprocidad, se produjo en septiembre durante la Asamblea General de las Naciones Unidas. El líder chino fue recibido en Washington con alfombra roja mientras los dirigentes de buena parte del mundo asistían en Nueva York a la reunión de la ONU y el presidente del país anfitrión se ausentaba.

Las razones por las que Taiwán necesita del armamento estadounidense son evidentes: necesita disuadir a China de una intervención militar y lo está logrando con un mensaje: Washington nos protege porque somos sus socios, creamos empresas y fábricas en su país como nos pide Trump y gastamos ingentes sumas de dinero en defensa.

La historia entre Taiwán y Estados Unidos ha tenido sus altibajos. El más doloroso para Taipéi fue en 1979, cuando Washington restableció relaciones diplomáticas oficiales con China a su costa. Para tranquilizar a su socio, adquirió el compromiso de suministrar armas a la isla para su defensa.

Palabra dada y palabra cumplida, pero las declaraciones de mayo de Trump generaron desasosiego en Taiwán. El presidente de Estados Unidos sugirió que la venta de armamento podría servir como moneda de cambio con China. El secretario de Estado, Marco Rubio, tuvo que salir a tranquilizar a Taipéi y asegurarle que la política bilateral de la Casa Blanca no ha cambiado.

Xi le había advertido al presidente de Estados Unidos que cualquier paso en falso respecto a Taiwán podría llevar a Estados Unidos y a China a un «conflicto». Es decir, podría poner en peligro la tregua comercial entre Washington y Pekín. «Voy a tomar una decisión. Ya veré», fueron las palabras utilizadas por Trump tras la cumbre, en respuesta a una pregunta sobre si seguiría adelante con la venta de armas a Taiwán. Un mes más tarde, Rubio volvió a generar inquietud al decir que el paquete propuesto estaba «bajo revisión».

Un funcionario estadounidense declaró recientemente a Afp que las posibilidades de que el paquete se divida en partes más pequeñas «han aumentado considerablemente». Pero ese detalle no preocupa en Taipéi mientras la «mercancía» llegue a destino.

Taiwán la necesita para seguir desarrollando un sistema de defensa aérea de múltiples capas conocido como «T-Dome». Esa es su mejor baza para hacer frente a un hipotético ataque de su vecino. Los misiles Patriot, un mecanismo automatizado de mando y control y radares de defensa aérea de 360 grados, son componentes fundamentales de ese sistema y forman parte de los elementos incluidos en el paquete de 14.000 millones de dólares que no termina de llegar.