Fundado en 1910
AnálisisMarta Torres-RuizNueva York

La batalla por el escaño al Senado en Michigan y la guerra civil demócrata que Israel hizo visible

El respaldo de la congresista demócrata Haley Stevens, derrotada en las primarias, al republicano Mike Rogers, rival del izquierdista Abdul El-Sayed, es más que un enfado personal

El candidato demócrata al Senado por Michigan, Abdul El-Sayed, la congresista demócrata Haley Stevens y el candidato republicano Mike RogersJeff Kowalsky / AFP

La congresista demócrata Haley Stevens, derrotada en las primarias de Michigan, rompió el domingo con su partido y anunció que votará este martes 3 de noviembre en las elecciones de mitad de legislatura al congresista republicano Mike Rogers. El conservador es rival del izquierdista musulmán Abdul El-Sayed, rival de Stevens en las primarias demócratas. Su pelea este martes 3 de noviembre en las urnas será una de las claves que pueden decidir el control del Senado, que actualmente está en manos republicanas. En total, se renuevan la Cámara de Representantes al completo y un tercio del Senado, y además se escogen gobernadores en 36 estados y tres territorios.

La pelea en Michigan se ha entendido como una batalla de egos, y lo ha sido en parte. Pero, es en realidad un síntoma. Expone la fractura del Partido Demócrata sobre Israel y el peso de los grandes donantes, y adelanta una pregunta que afecta a los dos grandes partidos: ¿Quién manda en el Partido Republicano?, ¿Quién en el Demócrata?, ¿Cómo articularán su estrategia los demócratas cuando Trump abandone la escena política?

El Partido Demócrata llega a las urnas unido contra el presidente, pero sin acuerdo sobre su propia identidad. Michigan es el lugar donde esa discusión se ha hecho pública. A todo esto se añade que Haley Stevens ha sido una de las candidatas perjudicadas por la difusión de sondeos falsos, que ha beneficiado a los izquierdistas. Hace días la encuestadora Wedgewood Polls, vinculada al Partido Demócrata, admitió haber inventado sondeos que favorecieron en las primarias de Michigan Abdul El-Sayed.

Un giro de 24 horas

Hasta el sábado por la noche, Stevens aseguraba a sus aliados que seguía con El-Sayed. En cambio, el domingo se despertó enfadada, según contó ella misma, y llamó a Rogers para ir juntos a un servicio religioso en una iglesia de la comunidad afroamericana de Detroit. Durante el culto publicó un vídeo en el que afirmaba que no pertenecía a la campaña de El-Sayed. Después, ante los periodistas, destacó que él ya había dejado claro que no era bienvenida.

Lo que disparó la ruptura fue la anulación de una invitación pública de El-Sayed a Stevens. El sábado, tras semanas de roces, El-Sayed explicó ante los periodistas que no quería a Stevens en un acto previsto con el congresista James Clyburn.

Una primaria que ya lo contenía todo

El-Sayed ganó las primarias de agosto por menos de un punto. Aquella pelea política abordaba casi todas las divisiones del partido: el aparato del partido frente al rebelde izquierdista musulmán, los defensores de Israel contra los críticos de su política, los moderados frente a los izquierdistas.

El-Sayed defiende el Medicare (seguro médico, financiado por la administración estadounidense) para todos, subida de impuestos a las clases altas y acabar con la ayuda incondicional a Israel. Stevens es una firme defensora de Israel. El lobby proisraelí AIPAC, que la apoyó, gastó al menos 30 millones de dólares contra él durante las primarias y aumentó su gasto en octubre. Su prometido, Jason Turkish, que es judío y donante de AIPAC, anunció el miércoles su respaldo a Rogers y dijo que El-Sayed haría el mundo menos seguro para los judíos. Stevens, que no es judía, ha dicho que se plantea convertirse al judaísmo.

¿Cómo se rompió la alianza?

Stevens apoyó a El-Sayed tras las primarias, pero posteriormente el contacto fue casi inexistente. Fue entonces cuando Stevens tuvo la sensación de que estaba apartada de la campaña. A esto se sumó que empezó a recibir una avalancha de mensajes de simpatizantes proisraelíes. En septiembre empezó a gestionar sus propias apariciones en medios y a prescindir de los consejos del Partido Demócrata.

Después retiró un artículo que iba a firmar contra Rogers. En octubre exigió a El-Sayed que se disculpara por sus críticas a Israel y que condenara un anuncio de un grupo aliado que ella consideraba antisemita. Él se negó al principio y la acusó de querer volver a abrir las elecciones primarias que había perdido. El sábado El-Sayed acabó condenando el anuncio, pero ya era tarde.

El coste inmediato

La reacción fue fulminante. El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, de Nueva York, calificó la decisión de Stevens de una «traición despreciable». Curtis Hertel, presidente del partido en Michigan, aseguró que Stevens no es miembro ni lo será del Partido Demócrata. El todavía senador de Michigan Gary Peters, que deja vacante su asiento y cuyo escaño es el que está en disputa, se declaró muy decepcionado. Trump celebró la decisión en sus redes.

¿Cuánto pesa realmente?

Los datos no apuntan, por ahora, a un hundimiento. Una encuesta del Times y Siena daba a El-Sayed once puntos de ventaja. Lo que está en juego es la movilización de los grupos que El-Sayed necesita. Uno es el voto afroamericano, que la iglesia de Detroit simbolizaba. Otro es el árabe y musulmán, que un sondeo de Change Research le atribuye de forma abrumadora.

¿Qué revela la fractura?

La ruptura refleja una grieta profunda sobre cuál debe ser la relación del partido con Israel y con los donantes judíos. Esa pregunta no es solo de Michigan. Es la que el aparato demócrata ha ido aplazando mientras la izquierda crecía, y este episodio ha hecho imposible seguir esquivándola.

Después de Trump, dos partidos en guerra consigo mismos

Gane quien gane el martes, la batalla empieza el miércoles. Los republicanos llegan a la noche definidos por una sola persona, Donald Trump, y los demócratas, por el rechazo a esa misma persona, Donald Trump. Del lado demócrata, el aparato que encarnan Hakeem Jeffries y Schumer se enfrenta a un ala izquierdista cada vez más fuerte, con candidatos apoyados por el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y por los Socialistas Democráticos de América, cuya presencia en la Cámara se espera que pase de dos diputados a, al menos, siete. El resultado importa menos que la pelea interna que abre. En Michigan, esa pelea ya ha estallado en público. En el resto del país, está a punto de hacerlo.