Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, en un acto de campaña en Kansas
Nuevo escenario
Donald Trump pierde el control de la Cámara de Representantes: qué cambia ahora en Estados Unidos
El revés en las urnas frena en seco el poder del presidente y abre una etapa de continuo bloqueo en Washington
La noche electoral en Estados Unidos ha asestado un golpe muy duro a Donald Trump. Con la victoria proyectada del Partido Demócrata en la Cámara de Representantes, el panorama político para el presidente cambia por completo a mitad de su mandato.
El primer gran cambio afecta de lleno a su capacidad para gobernar. Hasta ahora, el líder republicano contaba con el respaldo de las dos cámaras para sacar adelante sus leyes sin necesidad de negociar con la oposición.
A partir de enero, cuando eche a andar la nueva legislatura, esa ventaja desaparecerá. La Casa Blanca ya no podrá aprobar presupuestos ni reformas importantes apoyándose únicamente en sus fieles, viéndose obligada a pactar cada medida o resignarse a la parálisis.
El segundo impacto directo llegará por la vía del control político. Al tener la mayoría parlamentaria, los demócratas tomarán el mando de todas las comisiones de investigación del Congreso. Esto les permitirá citar a miembros del Gobierno a declarar bajo juramento, exigir documentos confidenciales y fiscalizar al milímetro cada movimiento de la administración federal, complicando el día a día del presidente.
Obstáculos y veto en el nuevo Congreso
El nuevo equilibrio de fuerzas deja al país ante un clásico gobierno dividido. Hakeem Jeffries se perfila como el nuevo presidente de la Cámara y será quien decida qué proyectos llegan a votación y cuáles quedan enterrados en un cajón.
Aunque Trump todavía conserva el poder de veto desde el Despacho Oval para frenar las leyes demócratas que no le gusten, la derrota electoral marca el inicio de una etapa mucho más bronca y llena de obstáculos para su mandato.
Hakeem Jeffries, líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes
Autoridad debilitada
La pérdida de la Cámara Baja debilita además la autoridad del magnate dentro de las propias filas conservadoras. Sin una mayoría aplastante en el Capitolio, las voces críticas entre los republicanos empezarán a hacerse notar con mayor fuerza de cara al final del mandato.
A todo esto se suma la sombra constante del desgaste público, ya que la oposición utilizará su nuevo altavoz parlamentario para erosionar la imagen del presidente y condicionar la carrera hacia las próximas elecciones en la Casa Blanca.