Los radares móviles suelen estar escondidos
Oficial DGT
La lista completa con los 1.998 radares fijos, móviles y de tramo que hay en España
Desvelamos la posición exacta de los radares fijos y de tramo y la ubicación más habitual de todos los móviles dentro del territorio español
Los radares de carretera son una de las claves en las que se apoya la DGT para hacer frente a los excesos de velocidad. Además son extremadamente rentables para el organismo, lo que permite que su número haya crecido de forma exponencial durante los últimos años.
Tres tipos
Entre ellos encontramos tres tipos fundamentalmente; los fijos, los móviles y los de tramo. Estos últimos son los que más gustan al organismo controlador de las carreras.
Los primeros son los más ‘inofensivos’, la clave es que tienen que estar previamente anunciados mediante una señal o en un panel informativo que advierta de su presencia, de lo contrario las multas no serían válidas. De hecho es uno de las principales excusas que nos permite poner un recurso para anular una sanción de velocidad.
Los radares fijos tienen que estar señalizados previamente
Los móviles, además de ser más numerosos, son mucho más peligrosos para nuestros bolsillos, hablamos de 1.325 unidades, de los cuales la mayor parte pertenecen al modelo Velolaser, un nuevo tipo de radar que lleva un par de años en funcionamiento y se caracteriza por su pequeño tamaño y peso.
Tipos radares
Por si esto fuera poco la DGT ha adquirido varios tipos de soporte, lo que significa que pueden colocarlo en diferentes sitios, desde la puerta de un coche hasta la parte de atrás de una señal o un guardarraíl; sin duda los más temibles y peligrosos.
Los temidos radares móviles Velolaser con múltiples soportes
Aunque los mueva de sitio, la DGT suele ubicar siempre los móviles en los mismos sitios, por lo que es posible identificarlos.
También de tramo
Por último están los radares de tramo, unos 90, la DGT afirma que a día de hoy son sus preferidos por una razón muy sencilla, estos radares evitan que los conductores corran durante varios kilómetros y no sólo en un punto concreto.
Su funcionamiento es relativamente sencillo, de hecho no son radares en sí mismo, sino que la DGT coloca dos cámaras lectoras de matrículas, una a la entrada y otra a la salida del tramo, y no tienen más que realizar un sencillo cálculo sabiendo el tiempo que han tardado cada vehículo en recorrer ese tramo para conocer la velocidad a la que ha circulado cada vehículo.
Un despliegue que ahora en verano se encuentra a pleno rendimiento a lo largo y ancho de toda la geografía española.