El agua de ósmosis inversa es la alternativa correcta
Motor
¿La arena del Sáhara te ha ensuciado el coche? Los errores que no debes cometer al lavarlo
Lo primordial es priorizar un lavado de mayor calidad, para evitar el deterioro del coche
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Estamos acostumbrados a recibir tormentas de arena provenientes del Sáhara. Y es que, nuestro país es prácticamente limítrofe con el desierto africano, con todo lo que ello conlleva. Estas habituales tormentas ensucian todo a su paso, entre otras cosas, convirtiendo la carrocería de nuestro coche en una auténtica porquería. Además, la presencia de esta calima en las lunas del automóvil puede reducir enormemente nuestra visibilidad, convirtiendo nuestra acción de conducir en una actividad más riesgosa.
La clave para limpiar el coche sin que este salga perjudicado en el intento recae en elegir el sitio adecuada para hacerlo. No todas las estaciones de lavado usan los productos pertinentes para conseguir un resultado óptimo. Y es que, para que el coche no acabe arañado, es fundamental elegir un lavadero que use agua de ósmosis inversa, ya que el agua de baja calidad, sumada a la arena pegada al coche y los productos químicos, pueden rayar la carrocería.
Sin embargo, el agua de ósmosis inversa no contiene químicos ni minerales, limpiando el coche sin dejar rastro. Es recomendable plegar los retrovisores, retirar la antena, subir las ventanillas y asegurarse de que las puertas queden bien cerradas. Cualquier entrada de agua mezclada con arena podría ensuciar el interior del vehículo, cuya limpieza resulta mucho más complicada. Además, el prelavado es fundamental, ya que sin él sería casi imposible eliminar toda la suciedad incrustada en el exterior del coche.
Asimismo, en este tipo de situaciones, es imperativo priorizar un lavado de mayor calidad, aunque su precio sea también mayor, puesto que nos aportará garantías de que el resultado será bastante mejor que si, por el contrario, elegimos una alternativa excesivamente económica. De igual modo, debemos prestar especial atención a las lunas, pues la arena mal trabajada puede rayarlas, siendo estas más caras y difíciles de reparar.