Los coches no son cápsulas de seguridad
Siniestros
Por qué los coches se han convertido en protagonistas de catástrofes: de la dana de Valencia al incendio de Almería
Tanto en Valencia como en Almería los coches se han convertido en trampas para conductores y ocupantes
Desde que el automóvil nació hace más de 100 años ha sido sinónimo de libertad, autonomía y seguridad para su propietario, una burbuja de seguridad que permite huir de un lugar en el que hay peligro e incluso permite dormir en su interior con cierta seguridad, pues las puertas se cierran y nadie puede acceder al coche.
Desafortunadamente catástrofes como la dana de Valencia o el incendio de Almería demuestran que esa sensación es solo eso, una sensación y que un automóvil no es un entorno seguro en determinadas circunstancias.
Solo una sensación
En el caso de Valencia se juntaron dos problemas, por un lado los conductores que viajaban en coche y se vieron sorprendidos por la riada, que fueron arrastrados a la deriva sin poder hacer nada, y los residentes que trataron de salvar sus coches sacándolos de los garajes, que se convirtieron en trampas mortales, pues las puertas eléctricas de esos garajes nunca se abrieron.
Así acabó una calle tras la dana
El problema con el agua es tan sencillo como que los coches flotan, cuando el agua cubra los neumáticos un coche es un ‘globo’ de aire que flota a la deriva sin dirección ni capacidad de movimiento autónomo. Razón que explica las decenas de fallecidos en coche que hubo en Valencia de un total de 220 muertes durante la riada.
Los coches flotan y arden
En el caso del incendio de Almería la explicación es similar pero diferente, el automóvil parece una buena opción para huir de un incendio por la velocidad y por la sensación de seguridad que ofrece, pero en este caso de nuevo nada más lejos de la realidad.
En un incendio un automóvil es una trampa, la falta de visibilidad que provoca el humo hace que no podamos conducir y el propio humo y la falta de oxigeno hace que el motor directamente se pare y no arranque, pues sin oxígeno es imposible la combustión.
Los coches no protegen de las llamas, sencillamente arden
Frente a las llamas un coche crea un efecto horno, con temperaturas muy elevadas en su interior, los cristales permite pasar el calor e incluso estallan cuando es muy elevado, mientras que otras plásticas partes como los neumáticos o los retrovisores sencillamente arden, por lo tanto seguridad inexistente.
En caso de un incendio hay que hacer caso a las recomendaciones de las fuerzas de seguridad que tienen una información global de lo que está pasando, seguir la vía de evacuación que indiquen que normalmente ha sido trazada por los bomberos y está protegida y jamás tratar de improvisar una por nuestra cuenta.
Los incendios de Camp Fire, en California, y de Maui, en Hawái, o las inundaciones del túnel de Jingguang en Zhengzhou (China), con decenas de muertos en automóviles demuestran que más allá de las sensaciones, el coche no suele ser una buena vía de escape.