Los controles alcoholemia como tal surgieron en los años 80

Los controles alcoholemia como tal surgieron en los años 80

Seguridad vial

Así era el límite de alcoholemia en España hace décadas, cuando nuestros abuelos conducían con borracheras indisimulables

El límite de alcoholemia era ocho veces superior al actual, una tasa que a día de hoy está considerada como una borrachera severa

Para encontrar el origen de los controles de alcoholemia en España hay que viajar hasta los años 60 cuando no existían controles tal y como los entendemos hoy. Entonces, cuando la Guardia Civil observaba una conducta extraña en un conductor o este sufría un accidente se le sometía a una serie de pruebas para valorar el posible consumo de alcohol.

Así, se tenía en cuenta desde el aliento hasta los zigzagueos con el coche o el comportamiento del conductor y su estabilidad, con las famosas pruebas de tocarse la nariz o andar sobre una línea recta.

Síntomas evidentes

En caso de síntomas muy evidentes, existía una prueba con un tubo de ensayo, el conductor echaba el aliento dentro y había un compuesto que cambiaba de color si detectaba alcohol, una prueba precaria y muy poco precisa que obligaba a trasladar al conductor a un centro médico para hacerle un análisis de sangre.

Los alcoholímetros llegaron en los 80

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En 1981 la DGT recibía los primeros etilómetros y nacían los primeros controles de alcoholemia como tal, entrando en la edad moderna del control de riesgos en carretera.

Durante todos estos años la tasa permitida era de 0,8 g/l de alcohol en sangre, el doble en aire espirado, una verdadera barbaridad que hoy la OMS considera como una borrachera severa, una tasa con la que estaba permitido ponerse al volante de un coche sin problemas.

Borrachera severa

De hecho, con una tasa de 0,8 g/l el conductor sufre problemas como euforia desmedida, fatiga visual, torpeza, retraso en la grave frenada, descoordinación e incluso el inicio del efecto túnel visual, una tasa que hoy se considera como extremadamente peligrosa. Así, podemos decir que nuestros abuelos conducían con una borrachera de aúpa sin que pasara nada.

La tasa cambió en 1989 para los conductores profesionales, bajando a 0,5 g/l en sangre (0,25 en aire) y se mantuvo para el resto de conductores hasta 1999, cuando pasó a ser de 0,5 g/l en los conductores generales y de 0,3 para los noveles.

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Ahora, la nueva tasa que ya está en el Congreso pendiente de cumplir trámites pasa a ser de 0,2 g/l en sangre y de 0,1 mg/l en aire espirado, la mitad que la actual, a la vez que se van a incrementar el número de sanciones y su cuantía al bajar el baremo. Una tasa equivalente a tomar una cerveza pequeña o media copa de vino, una pena perder la ocasión histórica de dejar la tasa en 0,0, el único valor seguro.

Conviene saber que conducir actualmente con la tasa de 0,8 g/l en sangre como la que se permitía en España, se traduce en delito penal castigado con una multa de 1.000 euros y 6 puntos a lo que habrá que sumar la sentencia judicial con la más que segura retirada de carnet.

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