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María Isabel FragaEFE

María Isabel Fraga (1948-2026)

Entregada a los más pobres y olvidados de la Tierra

Fue un fuerte lazo de unión entre las generaciones de la gran tribu Fraga, expandida por toda España y prolífica en hijos, nietos y ahora ya biznietos

Nació en Madrid en 1948 y ha fallecido el 12 de junio de 2026 en Madagascar

María Isabel Fraga Estévez

Médico

La mayor de los hijos de Manuel Fraga y Carmen Estévez llevó una vida al margen del ojo público. Fue médico y se entregó al servicio de los más pobres y olvidados de la Tierra. Pero siempre pendiente de todos los miembros de su amplia familia.

La muerte de María Isabel Fraga, Pizco en familia, ha hecho conocer y admirar su vida generosa y su ejemplo de entrega cristiana a los más pobres y olvidados de la Tierra. En unos tiempos lúgubres como estos, en los que rascamos cada día los bajos fondos de la peor sordidez, ha llamado la atención la limpia mirada y el sacrificio final de la hija de Manuel Fraga Iribarne con las hermanas misioneras. Habrá incluso quien pensaría que su reconocible apellido la habría destinado a otros menesteres más confortables. Quizás son muchos ya quienes tal vez no han conocido o apreciado la escuela de servicio público y de entrega de esa generación de españoles y de forma muy especial la de su familia. Fe, estudio, austeridad, valor personal, coherencia, patriotismo y honradez fueron las virtudes que iluminaron y formaron el carácter de mi querida prima Pizco.

Discreta y, como se ha dicho, muy alejada de la vida pública, estaba siempre presente cuando se la necesitaba. Cuidó de sus queridos padres y de los Fragas mayores en sus enfermedades y vejeces, nos consoló a todos nosotros, los siguientes en generación en nuestras pérdidas y lutos familiares, sin pedir nunca nada para sí. Fue así un fuerte lazo de unión entre las generaciones de la gran tribu Fraga, expandida por toda España y prolífica en hijos, nietos y ahora ya biznietos. Quizás por no haberlos tenido nos eligió y acompañó a todos, primos y sobrinos, en desempeños y aventuras vitales.

Parroquiana asidua de la Iglesia de Santa Rita de Madrid, desaparecía un par de veces al año para cuidar enfermos y acompañar y ayudar a las monjas en el África más profunda, adonde iba sin otro equipaje que su saber médico y el humor galaico heredado de su gran padre.

Eligió la Medicina, la ciencia que cura cuerpos, que ejerció desde una fuerte fe cristiana, para acompañar también las almas, y de una enorme vocación de ayuda a los más necesitados, especialmente aquellos que no acceden a los privilegios de la sanidad española u occidental, olvidados de todos menos por la hermanas misioneras a las que tanto amó.

Se fue tan lejos y a un lugar tan desolado que todavía no hemos sido capaces de ver regresar su cuerpo, que ahora velan en oración las monjas con las que decidió pasar sus últimos días en la Tierra. Quizás pensaba que ya estaba cerca la hora del retiro también de estos duros y agotadores viajes, a sus 78 años cumplidos, tan esforzados y trabajados, que los años no pasan en balde, pero quizás decidió emprender esta última travesía, esperanzada por la visita del Santo Padre a España y el ánimo renovado de la comunidad católica española. Era, en eso, una verdadera Fraga, inagotable e incapaz de parar; de acuerdo con el viejo refrán castellano, «a Dios rogando y con el mazo dando».

Lloramos hoy por ella con sus hermanos José Manuel, Carmen, Ignacio, Adriana y Amalia, sus amigos, sus monjas y pacientes en África, sus parroquianos y todos los Fraga. Nos consuela saber que, como se ha escrito estos días, «murió donde quería estar y haciendo lo que quería hacer», y que nos estará diciendo, con San Agustín, «la muerte no es nada, solo he pasado a la habitación de al lado. Yo soy yo , tú eres tú. Lo que éramos el uno para el otro, lo seguimos siendo».

Descansa, por fin, en paz, querida prima.

  • José María Robles Fraga es embajador de España