Pedro Armada Díez de Rivera
P. Pedro Armada y Díez de Rivera S.J. (1948-2026)
Pedagogo del perdón
Encargado de investigar la matanza de El Salvador en 1989, concluyó que el reconocimiento de la verdad, el arrepentimiento y la dignificación de las víctimas es el camino del perdón cristiano
Pedro Armada y Díez de Rivera
Sacerdote
Hijo del general Alfonso Armada y de Francisca Díez de Rivera, era licenciado en Filosofía y Teología, ampliando estudios sobre esta materia en la Pontificia Universidad Gregoriana. Fue ordenado sacerdote en 1976. Su último destino fue en la provincia de Sevilla, donde fue director de la casa de Ejercicios de Dos Hermanas, colaborando, asimismo, en la Iglesia de Portaceli.
El padre jesuita Pedro Armada y Díez de Rivera llevaba una existencia en gran medida rutinaria en el seno de su familia espiritual cuando en 1984 fue destinado a Nicaragua, país entonces azotado por el enfrentamiento entre sandinistas y Contra, para dirigir una escuela de formación en Agricultura durante 6 años, saliendo airoso del delicado encargo. Mas fue poco en comparación con la siguiente etapa de su itinerario, a partir de 1990: El Salvador, donde aún estaban calientes los cadáveres de otro –y muy influyente– padre jesuita, Ignacio Ellacuría, de sus compañeros de familia espiritual Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno, Joaquín López, de la empleada Julia Elba y de su hija Celina, de 16 años.
Al padre Armada le incumbió, por orden de sus superiores, investigar ese crimen perpetrado por un pelotón del Ejército salvadoreño y que tuvo como escenario la Universidad Centroamericana, de la que el padre Ellacuría era el principal referente intelectual. El padre Armada cumplió con la misión encomendada.
Años después, en 2020, con motivo en una entrevista concedida a El Día -desempeñaba entonces sus funciones en Extremadura- al ser preguntado sobre lo que vio en El Salvador, deslizó unas interesantes reflexiones sobre el sentido del perdón cristiano: «el perdón y la misericordia están en la entraña de nuestro ser cristiano y en esa dirección nos queremos mover. El dolor causado por un crimen no se resuelve con el olvido, sino con el reconocimiento de la verdad, el arrepentimiento y la dignificación de las víctimas. Ese es el camino del perdón cristiano y la senda para la verdadera reconciliación». Unas pautas válidas no solo para lo en El Salvador en 1989, sino también para la vida misma.
Al margen de su experiencia centroamericana, el padre Armada dejó huella, entre otros lugares, en Gijón, donde fue párroco de San Esteban del Mar y donde impulsó el Centro Integral de Atención a la Familia y la Fundación Revillagigedo, que pusieron en marcha sus antepasados.