Fundado en 1910

Chapuzas legales

Hemos perdido la cuenta de leyes mal hechas, que se rectifican, que no aparecen en el BOE hasta días después de su aprobación o que tumban los tribunales

Durante la intentona independentista de 2017, el Gobierno de Rajoy tuvo que aprobar decenas de disposiciones legales, desde la aplicación del artículo 155 de la Constitución hasta la impugnación de la propuesta para investir al huido Puigdemont como presidente de la Generalitat. Todas fueron dictadas por la urgencia de la situación, todas carecían de precedentes a los que acogerse y todas hacían referencia a cuestiones muy delicadas desde el punto de vista democrático. A pesar de ello, fueron avaladas sin excepción por el Tribunal Constitucional. Por mucho que moleste a los independentistas, esas sentencias han quedado como prueba de una respuesta democráticamente inobjetable a su desafío sin precedentes.

Esta semana el Tribunal Constitucional ha dictado su tercera sentencia contra decisiones adoptadas por el Gobierno de Sánchez o el Parlamento que preside Meritxell Batet durante la pandemia. Tres sentencias que abochornarían a cualquiera susceptible de abochornarse. Todo un pleno a la chapuza constitucional.

A esta izquierda post-liberal que Sánchez encarna a la perfección solo le importa el poder. Para conseguirlo no se para en escrúpulos morales: lo mismo le vale mentir, que pactar con Bildu o indultar a sediciosos. Y para ejercerlo tampoco se para en escrúpulos liberales. Las sentencias del Constitucional vienen a dibujar la imagen de un gobierno empeñado en ejercer el poder sin control y sin contrapesos. Todo ello aderezado además por la chapuza legislativa permanente. Hemos perdido ya la cuenta de leyes mal hechas, que se tienen que rectificar sobre la marcha, que no aparecen en el BOE hasta días después de su aprobación o que son tumbadas en los tribunales, como ha sucedido con los decretos de la pandemia.

Pasadas las urgencias epidemiológicas, las tres sentencias del Constitucional sientan jurisprudencia y quedan como testimonio de una pésima respuesta legislativa a un fenómeno excepcional. Pero otros bodrios de este Gobierno como la Ley de la Vivienda, el hachazo a las eléctricas o esos presupuestos de ficción que se van a aprobar no son cosa del pasado. Van a afectar y muy seriamente a la realidad cotidiana de familias y empresas porque pulverizan cualquier atisbo de confianza jurídica o económica de cara al futuro.

En el fondo esta chapuza legislativa permanente no es más que otro reflejo más de la misma tentación iliberal que inspira a la coalición de Gobierno. En democracia los medios importan tanto como los fines y ese desprecio a la calidad de las leyes es propio de quien desprecia el valor fundamental de la ley como lo que es: el requisito imprescindible para la convivencia.