29 de junio de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Por arriba y abajo

El Gobierno de Sánchez, desastroso para España, es en cambio anecdótico y majadero por arriba y por abajo. Por arriba el avión, y por abajo, los supositorios Rovi

Intuyo que Sánchez da por inevitable el batacazo en Castilla y León. Le interesa más Andalucía. Y los supositorios. Sabedor de que el personal está harto de su abuso de los aviones del Ejército del Aire, se saca del sombrero visitas institucionales para justificar sus vuelos a actos del partido. Se presentaba Juan Espadas como candidato del PSOE a la presidencia de la Junta de Andalucía, y Sánchez voló a Granada en su Falcon a efectuar una visita a los Laboratorios Rovi. En los laboratorios le comunicaron que a Espadas le encantaría contar con su presencia, y Sánchez acudió en apoyo del exalcalde de Sevilla y de su esposa, la reconocida y prestigiosa cibernética. Eligió Rovi porque sus famosos supositorios son eficaces para todos los sexos: el masculino, el femenino, el transexual, el homosexual, el lesbiano, el transversal, el binario, el hermafrodita, el tarántulo y los que se ha sacado de la manga la ministra de Igualdad y de Obsesiones Sexuales, ahora partidaria de los refrendos separatistas ilegales. El supositorio Rovi es sencillo de aplicar, y Sánchez fue ampliamente informado de los resultados que procura y facilita su penetración antifonaria. Según he sido informado, Sánchez ha ordenado que los Falcon lleven desde ahora un envase, como mínimo, de los supositorios granadinos por si alguno de sus invitados o familiares los necesita en pleno vuelo hacia La Mareta, Doñana, Los Quintos de Mora o Benicassim, donde este verano volverán a organizar conciertos de rock.
Quede pues, claro y diáfano, que el presidente del Gobierno más gamberro, derrochador, inútil y desleal de la Historia de España, no usó del avión para asistir al acto del PSOE en Granada. Lo hizo para visitar los laboratorios Rovi, una ilusión que tenía desde niño. Más o menos como la de Morata por jugar en el Barcelona, un deseo de la infancia. Y creo, sinceramente, que no hay derecho a poner en duda el objetivo aéreo del presidente del Gobierno. Quienes más y mejor le conocen, cuando son preguntados por los anhelos, gustos y preferencias de su humilde persona, no dudan en la coincidente respuesta: «No será feliz hasta que no visite el laboratorio donde se fabrican los supositorios Rovi». Y al fin, gracias a Dios, ha cumplido con su ilusión de niño. Para el próximo Consejo de ministros tiene preparada una sorpresa. Una cajita de supositorios para cada miembro del Gobierno, muchos de los cuales padecen de estreñimiento permanente, que no es lo mismo que el estreñimiento coyuntural, y el estreñimiento chulísimo, este último sólo padecido por una ministra cuyo nombre no voy a revelar pero sí proponer el descubrimiento de su identidad por medio de una traviesa adivinanza: le gustan mucho los trapos de firma. ¿Quién será?
Up & Down – Arriba y Abajo–, fue una serie inglesa de televisión formidable. Gusto, precisión, humor y realidad, con un decorado preciso y precioso y un reparto insuperable, siempre adverso a toda sobreactuación, ese gran defecto de la interpretación española. Arriba los señores y abajo el servicio doméstico, con su estricto protocolo. Y Up & Down fue una gran discoteca de Barcelona, siempre animada por clientes de alta gama, cuando Barcelona era una ciudad acogedora, avanzada y cosmopolita, alejada de la aldea, el campanario y el ombligo. Cuando se presentó la edición barcelonesa de ABC, Luis María Anson consiguió que le autorizaran a meter un caballo blanco, como el de Santiago Matamoros, que recibió toda suerte de caricias y felicitaciones, si bien dejó algún recuerdo sobre la pista de baile.
El Gobierno de Sánchez, desastroso para España, es en cambio anecdótico y majadero por arriba y por abajo. Por arriba el avión, y por abajo, los supositorios Rovi. Y algo es algo. Son muy eficaces.
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