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22 de febrero de 2024

Pecados capitalesMayte Alcaraz

La foto de la ignominia da lecciones

El bochorno en que Sánchez y Batet convirtieron el Congreso la tarde del jueves solo podía empeorar sacando a escena a Lastra

Actualizada 04:29

Si Adriana Lastra tuviera algo parecido a la vergüenza política no hubiera despegado los labios este fin de semana para insultar a Sergio Sayas y a Carlos García Adanero. Rafael Simancas, que todavía guarda en el ropero los tres ternos que se encargó para presidir la Comunidad de Madrid antes de que se la ventilaran Tamayo y Sáez, le debió soplar a su amiga Lastra lo de la compra de diputados como argumento infalible contra el PP. Y eso que, en segunda votación tras el tamayazo, los ciudadanos de la capital remataron sin piedad en 2003 a Simancas, mandándole a la lona de donde Pedro Sánchez le rescató como director general de Tragaderas Varias. Y ahí sigue, compartiendo cargo con Adriana.
El bochorno en que Sánchez y Batet convirtieron el Congreso la tarde del jueves solo podía empeorar sacando a escena a Lastra. Sin estudios, sin bagaje político, sin más lecturas que el Manual de Prevención de Riesgos Laborales de Ferraz, 70, la estimada Adriana se ha permitido acusar sin pruebas a dos dignos representantes de los navarros, a los que su partido desgraciadamente no les está dando mejor trato que la sectaria socialista. Lastra los acusa de venderse cuando su más íntimo álbum fotográfico luce una indecencia a todo color: la foto que ella y Simancas compartieron con un cortejo de amigos de ETA encabezados por Oskar Matute y Mertxe Aizpurua, con los que pactaron una reforma laboral que terminó en las paparruchas que ha salvado por error Alberto Casero.
A Lastra, como buena representante del low cost de Moncloa, ya le había mandado Sánchez desde hace meses a firmar gastos de viaje a Ferraz, pero sus socios de Podemos, encabezados por Echenique, y los bilduetarras han reclamado su resurrección porque donde esté el sectarismo de la killer Adriana que se quiten las suaves formas del portavoz que la sustituyó, Héctor Gómez. Así que ha vuelto la catedrática asturiana con estudios en Antropología Social sin terminar, para aclararnos el meollo del sainete parlamentario: resulta que a Sayas y Adanero los compró el PP. A dos personas a los que no logró amedrentar ETA con las pistolas y la extorsión los ha untado Casado con dos escaños (que ya tenían).
Es difícil que lo entienda alguien cuyo currículo se reduce a una nómina de cargos políticos, pero lo voy a intentar: hay veces, señora Lastra, que la gente tiene algo llamado conciencia, principios, valores o compromiso moral. Una suerte de salvaguarda para ir por la vida sin traicionar sus ideas ni retratarse con el diablo que mandó a la tumba a tus compañeros.
Ya tuvo usted la osadía de dar lecciones a Joaquín Leguina y a Nicolás Redondo Terreros por defender el socialismo patriota que mamaron en un tiempo en que para sentar las posaderas en el poder hacía falta algo más que tragar con una foto de vómito. Ahora difama a dos navarros que defienden a España, alzaprimando las ideas por las que, no hace tanto, tuvieron que mirar cada mañana debajo del coche.
Siento, como el Máximo Manso de Pérez Galdós, que soy una triste pensadora de cosas pensadas antes por otros, pero déjeme que le repita algo que ya habrá oído: la juventud se cura con el tiempo, pero hay otras carencias que ya no tienen cura.
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