09 de febrero de 2023

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Contra el empleo

Ione Belarra, si en unos meses pierde su inmerecido puesto de trabajo, haría muy bien en intentar ser admitida en Inditex o en Mercadona para garantizar su porvenir

Del mismo modo que su íntima churri desampara a las mujeres, Ione Belarra ha emprendido un áspero y obsesivo vómito dialéctico contra los empresarios que crean más empleo. A don Amancio Ortega, que pasa de ellas con un clamoroso silencio, le ha sucedido ahora don Juan Roig, fundador y mayor accionista de Mercadona, del que ha dicho que es un capitalista despiadado que se está forrando en sus negocios y que hay que pararle los pies. Ione Belarra es una podemita navarra muy comprensiva con el mundo llamado «abertzale», y su deseo de pararle los pies a Roig me asusta un poco. El primero, Amancio Ortega, ha creado 165.000 puestos de trabajo desde que dejó de transportar mercancía textil en su camioneta. Y Juan Roig ha dado trabajo a 95.000 españoles, a los que abona su nómina mensualmente y les concede todos los años un plus de beneficios. Eso no le cabe en la cabeza a una comunista que carece de ella, pero no hay que olvidar que una analfabeta resentida con poder es muy capaz de señalar, acusar y crear odio hacia los empresarios que dan trabajo a los españoles que, todavía, prefieren trabajar que vivir de las paguitas y subvenciones que el Gobierno abona a los vagos y maleantes a cambio de sus votos. Creo que es necesario recordar que la Ley de Vagos y Maleantes, así denominada, se aprobó con mayoría absoluta de las izquierdas durante la Segunda República. A la ministra Belarra no se le conoce ningún trabajo previo a sus actividades políticas. Al menos, su íntima churri, luz del sosiego y la sabiduría y resplandor del horizonte de los violadores, madrugó unos meses de su vida para ocupar puntualmente su puesto de trabajo de alta responsabilidad.
No conozco a Amancio Ortega. Pero sí a muchas personas que trabajan en sus empresas. A ninguna de ellas les he oído quejas o críticas negativas. «Trabajar en Inditex es más seguro que hacerlo de funcionario del Estado. El que cumple, sabe que tiene su vida asegurada». Y sí conozco a Juan Roig. Fui el mantenedor de sus hijas, Hortensia y Carolina, cuando fueron nombradas falleras en Valencia. Me lo pidió Manolo Martín-Ferrand, mi señorito en Antena-3 de Radio (la verdadera). En aquellos tiempos, Mercadona era una empresa recién nacida que no se había expandido por todos los rincones de España. No percibí ni una peseta – todavía vigente en aquellos tiempos–, y guardo de él un gran recuerdo. Me pareció inteligente, agudo, enamorado de su tierra y muy bien educado. Es decir, un tipo cojonudo. Y soy cliente de Mercadona, antaño en Madrid y ahora en Cabezón de la Sal, y jamás me he sentido atracado, ni engañado en sus supermercados. Es más, me parece muy bien que mi dinero contribuya a la expansión de una empresa modélica que se ha establecido en toda España porque ofrece calidad y seguridad simultáneamente. Creo que Ione Belarra, si en unos meses pierde su inmerecido puesto de trabajo, se pule el patrimonio que con tanta sagacidad ha acumulado y necesita un sueldo laboral, haría muy bien en intentar ser admitida en Inditex o en Mercadona para garantizar su porvenir, si bien no en puestos de excesiva responsabilidad, porque amén de indolente y ayuna de experiencia en ese quehacer tan agobiante como es el de trabajar, no podría, por irresponsable, ocupar un cargo dependiente de la responsabilidad.
Como no podía ser de otra forma, su compañero de partido y representante de las FARC en España, el comunista y podemita Enrique de Santiago, el que reconoció que, si se dieran las necesarias circunstancias, se presentaría en el Palacio de La Zarzuela para dar matarile a los Reyes, la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía, se ha sumado a las palabras e iniciativas de la Belarra con entusiasmo. Una y otro, pretenden crear una cadena de supermercados políticos, como los que existen en Venezuela, donde el que acude y hace cola para comprar un litro de leche, se tiene que conformar con llevarse un frasco de mermelada caducada, porque no hay leche en ninguna estantería. Eso sí, a muy buen precio.
No son sólo unos ineptos y unos resentidos. Son muchas más cosas, que me siento recomendado a guardar para mí, esperando mejor ocasión para proceder al desahogo absoluto y reconfortante.
¡Qué rebaño!
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