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21 de febrero de 2024

Unas líneasEduardo de Rivas

La inocencia de los niños

Quién pudiera volver a aquellos momentos en los que no sabías qué era un mediador. Perdón, señor Bolaños, quería decir un acompañante

Actualizada 01:30

Quién pudiera volver a disfrutar la tierna edad en la que lo único que importaba era que hubiera macarrones para comer o marcar el primer gol del partido de fútbol de los sábados. Quién recuperara esa inocencia en la que daba igual qué ocurriera más allá de las cuatro paredes de tu casa. Mientras hubiera una televisión en la que ver los dibujos ya eras feliz, y el día resultaba perfecto si había fútbol y jugabas a narrar los goles como si fueras un locutor de radio. A ti te encantaba, a los vecinos no tanto.
En aquellos momentos, no eras consciente de si el PSOE robaba o si un grupo de independentistas catalanes querían reventar el país, tampoco de si gobernaban los de derechas o los de izquierdas –ni sabías lo que era eso–, ni mucho menos te importaba que un litro de aceite costase como el oro en el supermercado. Tú solo querías que ganara tu equipo y tener un coche con el que jugar en el pasillo de tu casa.
Quién pudiera volver a aquellos momentos para seguir sin saber lo que es un mediador –perdón, señor Bolaños, quería decir un acompañante– y que te importara bastante poco que el partido del Gobierno se rebaje hasta el punto de reunirse con representantes independentistas en otro país. Sería mejor no entender que, de esta manera, nuestro Gobierno reconoce de forma intrínseca que hay políticos en el exilio, que en España no se respetan los derechos humanos y que, por eso, las negociaciones necesitan de un tercero que medie entre los «buenos» y los malvados españoles que llevan torturando durante años a personas que lo único que hicieron fue montar un golpe de Estado, por mucho que en el relato que quieren imponer hablen de que querían votar.
Quién fuera niño otra vez para no darse cuenta de que la España que deje Pedro Sánchez cuando se vaya de Moncloa –si es que alguien nos libra al fin de este mal– será bien diferente a la que había cuando tenías esa edad en la que no te enterabas de nada. Bendita inocencia aquella.
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