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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Las viudas llorosas de Pedro

Yo estoy por sacar el pañuelo y enjugarme las lágrimas. Cómo alguien que lleva siete años mintiendo a mansalva, que lo controla todo —hasta a la prensa y los jueces, si se hubieran dejado— puede haber sido engañado de esta manera, como si fuera un adolescente o un tierno corderito estafado por los lobos a los que nombró

Están hundidas. Lo han dado todo por él. Madrugones en tertulias trucadas, argumentos que insultan a la inteligencia y sus aledaños, giros de guion para defender lo que antes criticaban, salivazos a la coherencia, crónicas que hubieran sonrojado a las piedras. Las viudas mediáticas de Pedro están tristes. Se sienten engañadas. Deambulan por los platós antaño preñados de subvenciones y palmetazos de Bolaños, como pollos sin cabeza, tristes, ausentes, con ojeras. Se veía venir; incluso algunos aventuramos que cuando vieran el barco hundirse serían las primeras en tirarse al agua. Pero eso vendrá después, antes tienen que digerir que han dilapidado su integridad —aunque no todas las viudas la tenían— por un tipo con signos patológicos alarmantes, un sujeto que reduce la porquería que le rodea a un error de dos señores, al estilo doctor Simón. Uno o dos casos. Son los que por un plato de sonrisas pedristas y publicidad institucional han llenado de pelos la gatera y ahora es difícil sacudirse tanta pelambrera.

Leer sus crónicas es enternecedor. Que si Pedro está destruido, que si está triste, que si no lo vio venir, que si creyó a Santos hasta el último momento, que si era su amigo y le ha traicionado, que si busca salidas con su núcleo duro para continuar, que si su proyecto progresista ha sido dinamitado, que si le repugna lo de las prostitutas de Ábalos, que si solo él puede garantizar que no gobierne la ultraderecha. Yo estoy por sacar el pañuelo y enjugarme las lágrimas. Cómo alguien que lleva siete años mintiendo a mansalva, que lo controla todo —hasta a la prensa y los jueces, si se hubieran dejado— puede haber sido engañado de esta manera, como si fuera un adolescente o un tierno corderito estafado por los lobos a los que nombró. Era evidente que esto sucedería tarde o temprano y que todo el coro de esposas dolientes, politólogos, tertulianos venidos a menos, iban a sufrir por el líder caído en desgracia. Pero, ánimo, compañeros, hay formas y formas de hacerlo. Optar por vender una telenovela es la más ridícula.

Un primer ministro europeo se rodeó de corruptos y de personas de la peor calaña para llegar al poder. La Guardia Civil y un juez del Supremo los han desenmascarado. Y el que los nombró, no vigiló y no cesó hasta que el chapapote les llegaba por el cuello es el responsable. Y ese chapapote ya lo atisbó la prensa independente, esa prensa a la que estos plañideros de ahora miraban por encima del hombro. Denunciaban a los jueces que se basaban «en recortes de prensa», como si ellos no hubieran trabajado haciendo noticias para ser recortadas o reenviadas, el mejor síntoma de su interés.

Ninguno de esos compañeros jamás tuvo la más mínima inquietud por comprobar si lo que escribían otros era verdad o no, si estaba contrastado o no. Optaron por adherirse a los argumentarios oficiales y tildarlo todo de «fango» y «bulos». Hicieron algo peor: desacreditar investigaciones de medios que han sido la argamasa para los procesos judiciales que ahora tenemos sobre la mesa. Aplicaron el método sanchista: aquello que perjudica a Pedro es mentira.

El Gobierno y su sincronizada insultaban con nombres y apellidos a periodistas de bien, a comunicadores a los que siguen cientos de miles de personas, negaba Sánchez entrevistas a todo quisque que osara criticarle. Cuando llegó la instrucción sobre su mujer se tomó cinco días de reflexión y entonces un grupo de colegas firmaron un manifiesto. Optaron por Pedro contra el periodismo. Eligieron mal. Y lo saben. Llegaron a sostener que «el ataque de la ultraderecha mediática y judicial contra la esposa del presidente del Gobierno es un nuevo intento de subvertir la voluntad popular expresada en las urnas». Ni el editorial conjunto de la prensa catalana vendida al procés llegó tan lejos.

Mi reconocimiento a esos colegas que trabajaron con independencia del color del partido al que afectaran sus informaciones. Todos pueden sacar pecho porque Santos y su implicación en la trama fue adelantada precisamente por ellos.

Siempre es bueno releer a don Antonio Machado: «Guitarra del mesón /que hoy suenas jota, / mañana petenera, / según quién llega y tañe / las empolvadas cuerdas. / Guitarra del Mesón de los caminos, no fuiste nunca ni serás poeta».