Sánchez gana, España paga
Todo apunta a que estamos cada vez más cerca de Venezuela y cada vez más lejos de Bruselas y Washington. Y esa posición, que puede ser buena para los partidos que gobiernan y para el presidente, puede acabar resultando catastrófica para nuestros intereses nacionales
La Cumbre de La Haya estaba marcada en rojo en el calendario del presidente. Hace meses que el secretario general de la OTAN viene presionando a nuestro gobierno para que eleve las capacidades de defensa. Lo de menos era la cifra: qué más da el 3'5 que el 5 % del PIB. Pedro Sánchez no podía comprometerse. No puede hacerlo porque no tiene presupuesto y ya ha sacado todos los sobrantes de los cajones de otras partidas que podía sacar. Y no puede permitírselo, aunque tuviera las cuentas en orden, porque eso haría saltar por los aires a su gobierno. Así que, echando mano de una de esas soluciones imaginativas pergeñadas en la factoría monclovita, ha hecho una cosa y su contraria.
Durante día y medio, Sánchez se ha empleado a fondo en marcar distancias con los socios de la alianza. Ha evitado las conversaciones con sus homólogos, ha procurado la soledad de su asiento, ha esquivado a Donald Trump –quizá también para no llevarse una reprimenda– y se ha orillado todo lo posible en una foto que, ante los suyos, mancha. El poder de la imagen es apabullante y lo ha usado con astucia. Ya se ocuparán de amplificar el efecto sus altavoces mediáticos entre la parroquia susceptible de votarle. De momento, se apunta dos tantos: desactiva el discurso del «No a la guerra» que abandera Podemos y cohesiona a su gobierno. Yolanda Díaz puede respirar aliviada: no habrá una nueva bronca con Izquierda Unida.
Reflexión aparte merece lo que nuestro presidente ha firmado. Pedro Sánchez ha rubricado el documento de esta cumbre, en el que los socios se comprometen a elevar al 5 % de su PIB el gasto en Defensa. Sin embargo, asegura que, dotándonos de las capacidades que nos exigen nuestros aliados, los españoles no gastaremos más del 2'1 %. Falta decir que somos más listos que ningún otro y vamos a cuadrar el círculo. Por la airada reacción de Donald Trump y la explicación del secretario general de la OTAN, nada más lejos de la realidad. Da la impresión de que Sánchez ha firmado para no desairar a sus socios, pero ya ha dejado claro que no tiene la más mínima intención de cumplir con ese compromiso.
A partir de ahí, cabe preguntarse en qué lugar queda España. Todo apunta a que estamos cada vez más cerca de Venezuela y cada vez más lejos de Bruselas y Washington. Y esa posición, que puede ser buena para los partidos que gobiernan y para el presidente, puede acabar resultando catastrófica para nuestros intereses nacionales. En el escenario internacional, no mandan las simpatías, lo hacen los intereses y lealtades. El porcentaje puede ser discutible, pero si España aporta menos que el resto a la defensa común, recibirá también menos que el resto. Y eso no sólo se traduce en capacidades militares, sino también en colaboraciones entre policías o servicios de información o relaciones comerciales.
Sánchez salva una bola de partido. Veremos a qué precio.