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Cosas que pasanAlfonso Ussía

Arrebatador

Me dejó todo lo que tengo y no me pimpló Montoro. Y mis colaboraciones de El Debate. Justo es reconocer que debo horas maravillosas a la música de verdad, como un concierto de Arthur Rubinstein en una terraza de un lugar único llamado Cala Fe

Muchos de los grandes personajes que acompañan con sus recuerdos los pasos de la vida, hoy no alcanzarían ni el grado de «estrictamente interesante. Cotilla, pero él se cree arrebatador». Falso, he conocido genios aburridos fuera de sus magistrales quehaceres. Los músicos no caen simpáticos porque hasta ahora han exigido mucho honor y reconocimiento a su obra. Si no calificabas a Sagastume en exceso, no te invitaba más a comer en Salduba de San Sebastián. Terminé harto porque el único que le mantenía en categoría celestial era yo. Una tarde no se presentó Aizpuru, gran agradador, y se lo soltó a la cara. «¡Sagastume, como estás a punto de doblar la servilleta, te voy a decir la verdad. ¡Eres peor compositor que el autor del himno del Eibar!». Sagastume se tragó malamente un pedazo de atún con tomate, llamé a una ambulancia con un comensal de otra mesa, y firmó su nuevo testamento. Me dejó todo lo que tengo y no me pimpló Montoro. Y mis colaboraciones de El Debate. Justo es reconocer que debo horas maravillosas a la música de verdad, como un concierto de Arthur Rubinstein en una terraza de un lugar único llamado Cala Fe.

Desde que heredé a Sagastume, me convertí en una persona arrebatadora. Dentro de la humildad del arrebato.

Sánchez, por ejemplo, se siente y considera arrebatador. Tiene varias ministras que no sirven absolutamente para nada, y es muy probable que entre ellas divida, después de pagar los gastos judiciales, su herencia de procedencia dudosa, mucho más fuerte que la testamentaría del difunto Sagastume. No es posible ser arrebatador con trajes azul eléctrico, pantalones pitillo, zapatos gorila y calcetines cortos que facilitan la vista de una lubina blanca.

No se puede ser arrebatador si el dinero que del arrebato proviene es consecuencia del abuso del poder.

No se puede ser arrebatador habiendo vivido de los negocios de su suegro mientras su mujer repartía las ganancias del puterío, después de reducirles sus emolumentos en un sesenta por ciento de las cantidades percibidas.

No se puede ser arrebatador (y volvemos a la música) con un hermano que ignora dónde se encuentra su conservatorio; no pega golpe y su obra maestra es una cosa llamada El baile de las chirimoyas.

Y no se puede ser arrebatador cuando el carácter se convierte en una patología incurable sólo al alcance de los antiguos psiquiatras.

Arrebatador soy yo, que me estoy puliendo la herencia de Sagastume sin haberle conocido ni haber heredado nada de su fortuna.

A veces soy muy bromista.