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Cosas que pasanAlfonso Ussía

Pereza lotera

A uno de sus oficiales le tocó el gordo, y después de celebrarlo con sus compañeros alcanzando los cinco niveles de la cogorza –exaltación de la amistad, cantos regionales, tuteo a la autoridad, beso al camarero e insulto al clero–, envió un telegrama al coronel con el siguiente y nada ejemplarizante texto...

Al fin me atrevo a escribir por décima octava ocasión que nada me inspira más pereza que la Lotería de Navidad: La pesadez del soniquete de los niños del colegio de San Ildefonso –gran santo–, los informativos exclusivamente dedicados al Gordo, al Segundo Premio, a la prima del gordo y demás retahíla. Y la premura. Están las playas de julio abarrotadas de senderistas y ya se lee en los escaparates: «Tenemos Lotería de Navidad». Respeto a los loteros y a los jugadores, y tengo amigos que han sido premiados con la fortuna. O es hastío o pertenezco al grupo de los gafes de lotería, que es una especie peligrosa. Y las consecuencias. Me recordaba el teniente general Adolfo Esteban, el último Caballero Laureado de San Fernando, que siendo coronel tuvo que enfrentarse a una situación incómoda y nada agradable.

Barca

A uno de sus oficiales le tocó el gordo, y después de celebrarlo con sus compañeros alcanzando los cinco niveles de la cogorza –exaltación de la amistad, cantos regionales, tuteo a la autoridad, beso al camarero e insulto al clero–, envió un telegrama al coronel con el siguiente y nada ejemplarizante texto. «Mi coronel, habiendo menguado sin atender a razones explicables mi amor a la Patria, le comunico que abandono el Ejército». El coronel no recibió con entusiasmo el cambio en el espíritu patriótico de su oficial, que se mantuvo en la disciplina castrense hasta que fue puesto en libertad por buen comportamiento. Intentó volver cuando dejó de pagar el Rolls-Royce, pero ya era tarde.

Pero lean con cariño. ¿Les apetece ver otro año a un hirviente hormiguero de felices ciudadanos bebiendo anís a las 9 de la mañana? «Aquí se vendió el quinto premio». Noticia con repercusión universal que abarca todo el informativo. «El Gordo repartido entre Simancas, Granada, Tordesillas y Villafranca del Bierzo». Sinceramente, una pereza de lotería que siempre, o casi siempre, toca a los mismos, y siempre o casi siempre, a un porcentaje de la ciudadanía dominada por la ordinariez.

Lo menos navideño que existe es la Lotería de Navidad. Después viene la del Niño, y pasadas las fechas llega de nuevo el período de los sorteos diarios para los auténticos aficionados. Llegará el año en que el 22 de diciembre en el escaparate de la administración premiada se añada otro aviso con el siguiente texto. «Se vende Lotería de Navidad para el año que viene».

¡Qué hastío! ¡O qué rencor el mío!