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El ojo inquietoGonzalo Figar

Te roban y te dejas

El gasto público ya roza la mitad del PIB. Uno de cada dos euros de la economía pasa por manos públicas. Para sostener esa máquina, la deuda supera el 100 % del PIB. Hipotecamos el futuro para alimentar un presente que no funciona, pasándole la cuenta a nuestros hijos

Te despiertas por la mañana y, sólo por encender la luz, ya estás pagando impuestos al Estado. Desayunas y en cada tostada, en cada litro de leche, en cada paquete de café, pagas IVA. Te duchas y el agua también viene con mordida. Sales de casa, llenas el depósito y la mitad de lo que pagas no es combustible, son impuestos. Vas camino del trabajo y, antes de que hayas siquiera llegado, tu empresa ya ha abonado cotizaciones al Estado por ti, que nunca entran en tu bolsillo. A final de mes miras la nómina y, de nuevo, el Estado ha cobrado IRPF. Por la noche, sales al cine o con amigos y, como ya puedes adivinar, tú gastas y el Estado cobra.

Así en todas las facetas de tu vida: todo el día estás pagando al Estado. El Día de la Liberación Fiscal (ese día en que una familia media deja de pagar impuestos y empieza a trabajar para sí misma) ya cae en julio. Más de seis meses de tu año se van en mantener al monstruo estatal.

Y cuando crees que no pueden exprimirte más, va el Gobierno y anuncia otra subida de las cotizaciones de los autónomos. Ya es la enésima «reforma» en pocos años, la enésima vez que quiere sablearnos más no ya por ganar, sino sólo por querer trabajar. Para rematar, la semana acaba con que tu ayuntamiento aprueba una tasa de basuras desorbitada y te mete otro clavo de cuidado.

Esto es inaguantable.

España soporta una presión fiscal en torno al 37 % del PIB; esto, transformado en esfuerzo fiscal (la presión fiscal ajustada por nuestra renta) significa que soportamos una carga mucho mayor que la media europea. Y esto sin contar con la inflación. Suben los precios, tu dinero vale menos y cada vez eres más pobre sin enterarte. La inflación es el peor de los impuestos y, encima, es invisible.

Mientras tanto, el gasto público ya roza la mitad del PIB. Uno de cada dos euros de la economía pasa por manos % del PIB. Hipotecamos el futuro para alimentar un presente que no funciona, pasándole la cuenta a nuestros hijos.

Y luego te sorprendes de que cueste llegar a final de mes. De que independizarte o acceder a una vivienda sea complicado. De que los sueldos ya no dan para mucho. De que es imposible ahorrar. Y ni hablemos de ser caritativo, ayudar a tu familia, a tu parroquia o a tu barrio. Imposible.

No te sorprendas. ¿Cómo vas a prosperar, cómo vas a ser independiente, cómo vas a salir adelante si trabajas la mitad del año para pagar impuestos? ¿Cómo va a crecer la economía, cómo se va a generar empleo, cómo van a subir los salarios si los emprendedores y las empresas están asfixiadas?

Es imposible que España funcione así; ninguna sociedad lo hace. No puedes ser independiente, formar una familia, ahorrar ni emprender cuando el Estado te exprime hasta el último céntimo. Te roba no solo el dinero, sino la libertad para decidir sobre tu propio esfuerzo. Sin recursos, no puedes ser independiente, ni libre, ni digno. En un país donde el Estado se queda con la mitad de lo que generas, no hay libertad real. Y así no hay futuro posible.

Además, te engañan y te manipulan para justificar su atraco. Te chantajean moralmente diciéndote que los impuestos van para pagar sanidad y la educación. Resulta que ambas partidas juntas apenas suman el 23 % del gasto público total en España. El resto, el 77 %, se va a un sistema de pensiones directo a la quiebra. Se va en pagar intereses de una deuda que nos come. Se va en pagar ayuntamientos, diputaciones, comunidades, ministerios, agencias, chiringuitos. Se va en mantener a tres millones de empleados públicos entre todas las administraciones. Se va en programas sin resultados, en subvenciones a grupos de interés, en gastar, gastar y gastar sin ser nunca suficiente.

Olvida la mentira esa del Estado del Bienestar. Esto es el Estado del Bien Robar.

Y todo este gasto, todo este robo, ¿para qué? Para que cuando haya una emergencia, como una DANA o el volcán de La Palma, nadie coordine nada y los vecinos tengan que organizarse solos. Para que los trenes se paren cada semana y ya nunca sepas si llegarás a tiempo a una reunión. Para que la justicia sea tan lenta que un pleito tarde diez años en resolverse. Para que la sanidad se desangre en listas de espera infinitas y la educación se haya convertido en ingeniería social donde aprender es lo de menos.

Basta ya. No tienes por qué tolerar esto. No tienes por qué aceptar que te vacíen la nómina, te suban la cuota y te pongan tasa tras tasa mientras te dicen que «es por tu bien». No tienes por qué aguantar un sistema que te impide ahorrar, te impide disponer de tus propios recursos, te impide vivir con independencia, te impide ser libre. Si trabajar medio año para el Estado te deja sin margen para tu familia, tu proyecto y tu futuro, la conclusión es simple: este sistema es inmoral, y no funciona. Decir «basta» no es egoísmo ni falta de compromiso cívico; es un acto de legítima defensa.

Basta.